La simbiosis entre abogados y financieros

En el mundo de la empresa hay cientos de variables que tenemos, o como mínimo deberíamos de controlar. Muchas de ellas escapan al más básico concepto de lógica y sentido común, ¿porqué la gente prefiere la mirepoix de verduras a baja temperatura con emulsión de aceite y huevo a la ensaladilla rusa?, ¿Porqué aceptamos pagar cinco euros por un café en el local de moda?, ¿Cual es la gracia de los selfies?.

A pesar de no tener esa respuesta, hay otros ámbitos en los que si podemos tener control de la realidad que nos rodea, y específicamente en dos ámbitos que a pesar de estar plagado de zonas grises, son dos vectores que definen el éxito o fracaso de nuestra empresa: dinero y leyes.

Es obvio que he descubierto la sopa de ajo, sin dinero no tienes empresa y si no cumples la ley es probable que no necesites protector solar durante un largo periodo de tiempo. Pero no me refiero a esta obviedad, de la cual somos todos conscientes, sino a los cambios que través del tiempo han sufrido a estas dos áreas a lo largo del tiempo.

Estas dos profesiones, tan aparentemente separadas, necesitan tender puentes de comunicación y diálogo para gestionar sus propios ámbitos de actuación y gestionar una realidad que no siempre pueden comprehender en su totalidad desde sus propias atalayas. Un financiero puede intentar implantar una estructura empresarial con sede en distintos países y basar la remuneración en bonos derivados de terceras empresas que actúen como pantalla para reducir el impacto de los impuestos en sus cuentas de explotación. A nivel económico puede sonar de maravilla, pero necesitan tener la seguridad legal de lo que están haciendo pueda resistir una inspección de hacienda. Del mismo modo, el abogado que asista al financiero tiene que tener claro cuatro conceptos básicos de finanzas para entender ese va y ven de capital a través de empresas, subsidiarias y países de todo tamaño y calibre -además de conocer las normas- para poder encajar toda la operación dentro de las posibilidades que le otorga la ley.

Del mismo modo, cuando el abogado crea la estructura solitaria que da forma a la empresa, ha de transferir esa información bajo conceptos económicos para que el financiero no se suba por las paredes clamando que eso es demasiado caro. Será caro, pero es lo legal.

Por esta razón cada vez es más importante tener equipos en ambas áreas que sepan traducir su jerga al idioma de, no su contrario, sino de su alter ego para que el rumbo de la empresa no se vea alterado por factores que se podían predecir, pero por dejadez o celo profesional no se habían contemplado.

Un ejemplo claro de lo que os estoy contando lo veo ahora gracias a Immaculada Pulido, que como siempre que hablo con ella extraigo algo importante -a veces un café, a veces una reflexión y otras tantas un dato- El día 12 de octubre se celebra la Jornada Asset. Para los que no lo sepáis Asset es la asociación de Directores Financieros, tesoreros y todo aquel que tenga relación con las finanzas, y curiosamente, en esta ocasión van a tener de ponente a Alejandro García de Uría Mendez, uno de los despachos más grandes en este país y parte de le extranjero.

Si esto no convence a los abogados de que van a tener de socios a los financieros y a los financieros que necesitan un abogado tanto más que un abogado a un financiero, no se que más puedo añadir.

Por otra parte, la banca ya ve las orejas al lobo con toda la erupción del Fintech y más pronto que tarde, esta revolución que afecta a su entorno va a llegar al entorno legal, y yo digo que ya ha llegado con casos como Lawyers on Demand, Axioma, Vario la spinoff de Pinsent Mason o la spinoff Allen & Overy, PeerPoint. ¿Porqué no unir fuerzas y conocimiento para estar mejor preparado?, no solo por la empresa en la que trabajan, sin para ellos mismos y estar más formado, más capacitado y con capacidad de anticiparse a un futuro que parece que empezó ayer.

Película: The Wolfpack

Originally published at exelisis.com on October 27, 2015.

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