Javier Valdéz

Él quedó en el monte, tirado y boca arriba. Encima, un cuerno de chivo todavía humeante. Los verdes lo vieron y lo patearon. Le preguntaron cosas que no entendía. Sintió frío y vio la sangre que corría. Balbuceó cuando lo levantaron para llevarlo al hospital, entre maldiciones e interrogatorios, antes de quedarse tieso, antes de que el sol muera y los gritos lejanos que apenas escucha se apaguen, repetía una y otra vez, ya con los ojos cerrados o entreabiertos: no podré comprarte la lavadora, mamá
Javier Valdéz

A Jesús Javier Valdéz Cárdenas le dispararon el lunes camino al trabajo, lo tenían que matar los tiranos y los malos como solía llamar a los criminales que invaden Sinaloa porque los narcotraficantes odian la verdad ¿Por qué otro motivo un grupo de hombres armados llegaría a su oficina para comprar todas las ediciones del semanario Ríodoce donde Javier era director?
A Javier Valdéz lo tenían que matar con doce tiros porque los cobardes no tienen voz y se valen de mensajes igual de cobardes, a Javier lo tenían que matar porque era de los buenos, de los importantes, de los que hacen eco en otros países, lo tenían que matar porque no solo escribió páginas imborrables sobre la violencia que conocemos y sobre los que están atrapados en medio, también escribió sobre los victimarios y las posibles causas de su irracionalidad, de su salvajismo, los acorraló entre sus palabras y los expuso como lo que son, los tocó por debajo de la piel.

A Javier lo tenían que matar porque era la única manera de obligar al presidente Peña Nieto a hablar del tema, no más Condenar, Girar Instrucciones y Reiterar Compromisos. El loop oficial de la presidencia frente a periodistas muertos le quedaba corto a Javier.

A Javier lo tenían que matar porque en México pesan más unos gramos de plomo que un kilo de plumas, papel y tinta.

A Javier lo tenían que matar por sus palabras “morir sería dejar de escribir”

Aún sin conocerlo más que por sus palabras la muerte de Javier se siente como ser un perro que se queda solo en casa esperando a que regrese.
Que tristeza, México.

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