Una anciana feliz, dos niños malhumorados y el chocolate que me gané

Esta es mi versión de la historia. Hace unas semanas, una clienta del local en el que trabajo se veía en un dilema con su tarjeta de crédito: estaba pagando todos los meses consumos que no había realizado. Es anciana, jubilada y con un buen patrimonio, no hace cuentas, ella gasta y vive bien. Sin embargo, tampoco se le escapan muchas cosas de las manos. Un día mientras le cobraba un pantalón me contó la situación con el banco. Enseguida le dije que debíamos llamar para revertir lo que pasaba. En un segundo, después de unas fuertes palabras mías hacia el gerente, el dilema estaba resuelto: el banco devolvería a la jubilada todo el dinero que le había estado cobrando de más.

Una semana después, la vieja llegó al local con sus dos nietos traviesos y malhumorados, y una caja de chocolates Lindt amargos. Toda para mí.

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