Maria José dejó a su novio por boludo. El muchachito era ludópata, adicto a las figuritas ( las de Superman, Dragon Ball, las de futbol… todas!). A los 12 años ya era una piltrafa.
Menos mal que no era adicto a la chocolatada, me comenta mi amiga. 
Me cuenta que tuvo un amigo con ese problema y que solo pudo superarlo a los 15 años cuando se volcó al vino en caja. 
Yo recuerdo a un vecino que perdió todo por jugar a las bolillas. El tipo era bueno, tenia varios tarros de leche Nido llenos de todo tipo de bolillas: japonesas, lecheras, bolillones (o terones, como se les dice), aceros y Polyanas (las bolas de desodorantes).
Pero un día lo desafiaron unos chicos de otro barrio, que eran mejores. Cuando se quedó sin bolillas, les cambió sus figuritas y juguetes a sus amigos por mas bolillas para seguir jugando. Ahi fueron entre otras cosas su yo-yo Magic, el Tiki-Taka y un bote Tazos. Una siesta realmente funesta.
Cuando ya no tenía nada, en su desesperación, llamó a su madre gritando y llorando pero ella entendió que su hijo había perdido en una justa batalla. Todos lo sabíamos y lo confirmamos, aunque nos doliera ver a un campeón del barrio arrodillado, con la cara enchastrada en lágrimas, tierra y mocos, observando sus tarros vacíos.

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