uno solo

Cuando Fer estaba indispuesta no queria coger. Decia que le dolía. Entonces cuando yo no aguantaba las ganas, ella se sentaba en el borde de la cama y yo le chupaba las tetas arrodillado mientras me hacía la paja. Tenía unos pechos de adolescente que, pequeños y etéreos, se erguían desafiando a cualquiera. Mirar sólo sus tetas era admirar a la Ferchu de la secundaria.
Por supuesto que después de esa semana los polvos eran salvajísimos. Nos destruíamos en la cama o en donde sea. Recuerdo que varias veces cogimos hasta no sentir nada. Yo le decía “Fer, ya no siento la chota” y ella me decía “Yo tampoco siento nada, pero no parés”. No podía parar. Terminabamos sin aire y riéndonos como dos nenes que se dieron el primer beso.
Todo era muy lindo, no podíamos estar mejor, sin embargo algo comenzó a preocuparme. Comencé a perseguirme de esas sesiones de sexo salvaje post-menstruación. Estuve asi un tiempo, pero tampoco podía dejar de coger, y finalmente le atribuí mis temores al trabajo, la situación de crisis del país y a otras cosas superfluas.
El primer día post-menstruación de abril de ese año, Fernanda volvió del laburo y me atacó por detrás mientras cocinaba.
El asunto iba muy bien. Estábamos como locos y de fondo sonaban los Ramones en vivo.
I believe in miracles, I believe in a better world for me and you.
Poco a poco comencé a sentir escalofríos. En un momento vi como la espalda de Ferchu tenia la piel de gallina. No podíar parar. Estaba empujando hasta el fondo y sentía que no podía sacar la pija del todo, me apretaba como nunca, y a la vez era todo tan suave y caliente. Fernanda gemía como si fuera a morirse.
De repente quedamos a oscuras y se cortó la música. Sólo escuchaba el sonido de nuestros cuerpos. Pensé que habían cortado la luz. Quise estirar el brazo para abrir la ventana pero no pude. Empecé a asustarme, el cuerpo no me respondía pero seguía cogiendo, aunque se sentía raro.
La llamé a Fer y ella me nombró al mismo tiempo. Empezamos a gritar nuestros nombres al unísono, desesperados. Nuestros movimientos se aceleraron progresivamente y una leve luz azul comenzó a invadir el cuarto. Parecía que íbamos a acabar y al mismo tiempo parecía que nos moriamos los dos. Sentí lágrimas en mi cara. Fer también lloraba, y ambos estábamos eufóricos y angustiados y frenéticos. Ahi caí en la cuenta, cómo sabía yo lo que sentía Fer? y sentí que ella pensaba lo mismo… no nos moviamos como personas, estábamos vibrando, eramos energía pura!
No teniamos cuerpo, por eso no lo sentíamos, la pieza ahora era toda azul. Al tomar conciencia de esto nos dejamos llevar y fue increíble. Era como combinar los mejores momentos de nuestras vidas en uno sólo, todas las risas, los sabores, las vacaciones, los besos, las caricias, las canciones, las peliculas, los libros y los comics.
Desperté y me sentía como aliviado, satisfecho en todas mis necesidades.
Fer estaba a la par mia, nos miramos y nos sonreimos. Beso.
Nunca hablamos de los que pasó esa noche, sobre todo porque a ninguno le cabían esas cosas “paranormales” o hippies new age, pero no había duda de que habiamos logrado la iluminación cogiendo o algo similar.
Al poco tiempo comenzamos a tener diferencias, y menos de un año después nos separamos.
Al final no eramos almas gemelas, pero cogimos como los dioses, al menos una vez.