BAJA DE CATEGORÍA, SUBE EL ALQUILER.

Cada vez que se abría un nuevo mercado de pases en el fútbol, mi departamento se parecía al bunker de un representante. Con Cielo, mi hermana, revisábamos diariamente los traspasos. Esperábamos toparnos con la grata noticia de que algún equipo de Europa hubiese pagado millones de euros por un jugador que, además de tener poco gol, era el dueño del inmueble en el que vivíamos. La ecuación era sencilla: si a él le iba bien, a nosotros también. No fue tan así…

El primer año que alquilamos, Martín Mazzucco jugaba en Huracán y podían pasar hasta tres meses sin que apareciera a buscar la renta. Es más, ni siquiera pasaba él. Los 330 pesos que pagábamos resultaban un vuelto para un jugador de primera división. Al volante ofensivo le pagaban ostentosas cifras para que hiciera estallar las gargantas de los hinchas y Martín lo lograba, aunque no con sus goles. Los fanáticos del Globo quedaban afónicos de tanto putearlo por sus consecutivos malos desempeños. 
No teníamos por qué preocuparnos. Vivíamos en un departamento confortable, con buena ubicación y al precio de una pensión de mala muerte.

Nosotros tratábamos con su tío. Cada vez que el señor venía mi casa yo le hacía preguntas del mundillo del fútbol y de su sobrino exitoso. Para mí, un pibe que venía desde Bahía Blanca (una ciudad con poca tradición futbolera), la posibilidad de conocerlo era similar a hacer unas “cabezas” con Maradona. Conservaba en mi retina un golazo que le había metido a Chilavert y otro de taco, a Platense. Encima, la situación azarosa de haber caído en su departamento y el buen trato que recibíamos de su parte hicieron que lo idolatrara más de la cuenta. Si hasta le pedí, a través de su tío,una camiseta autografiada; nunca me llegó.

La finalización de nuestro primer contrato coincidió con la venta del pase del propietario del inmueble. El proyecto de 30 años de edad partía desde Huracán hacia Sarmiento de Junín. De la primera categoría bajaba a la tercera. Y, por supuesto, a ganar tres veces menos. Proporcionalmente a la baja de su contrato fue la suba de nuestro alquiler. Ya no eran épocas de bonanza. El tío de Mazzucco empezó a pasar religiosamente todos los meses y hasta pedía que el pago se realizara del 1 al 5 de cada mes. Aumento del alquiler: 25% 
En sarmiento, la historia no cambió demasiado. Para un día de la madre, debajo de la camiseta, el delantero llevaba una remera con una frase que saludaba a “las mamis” en su día, pero nadie la vio. Para variar Mazzucco no la embocó y al poco tiempo lo rajaron de Junín. Aumento del alquiler: 40%
Tras su paso por Sarmiento desembarcó nuevamente en La Plata. Ya no para jugar en el Estudiantes de sus amores, ni tampoco en Gimnasia. Su nuevo equipo fue La Plata Fútbol Club, un proyecto del entonces intendente de la ciudad, Julio Alak, en el que se encontraron varias glorias perdidas del fútbol argentino: el “Pampa” Biaggio, Guillermo Tambussi, Mauro Amato y claro, Mazzucco. Los resultados no fueron los esperados y prontamente el equipo se desmanteló. Aumento del alquiler % 75.

Su paso por Atlanta significó el fin de su carrera y una suba desproporcionada. Aumento del alquiler %150.

Ese día que lo vi entrenar solo en circunvalación, con conjunto de sire puesto y esquivando conos con una pelota desinflada compré el diario: no esperaba encontrarlo en la tapa del diario, ni en la sección deportes. Sólo busqué en los clasificados si había algún departamento en oferta.