Sobre cómo metemos gente en nuestra vida y sobre cómo la sacamos

Resulta curioso cómo elegimos amigos o amigas, a veces es una cuestión de chiripa, otras de roce, otras de trabajártelo. Estoy hablando de amistades y no de parejas, esas suelen ser más efímeras a ciertas edades y cambian según tus gustos o circunstancias, pero no son esas amistades que se mantienen a lo largo del tiempo, que siempre han estado allí y que apostarías toda tu fortuna a que siempre estarán ahí. Mi amigo del alma es alguien al que conocí con 5 años en mi primer día de escuela, otra amiga es una de mis primeras compañeras de trabajo, alguno lo he encontrado en situaciones normales y alguna otra de la forma más rocambolesca.

Se cree que para ser amigos hay que tener un bagaje cultural parecido, unos condicionantes éticos similares, en fin, una forma de ver la vida que no rechine, y habitualmente eso se cumple. Es difícil encontrar amigos que sean diametralmente opuestos, que discutan a diario por cualquier veleidad, es muy complicado que no compartan un suelo ético, que les espeluznen las mismas burradas, pero puede pasar. En esta forma tribal que tenemos de relacionarnos somos más selectivos de lo que parece, no queremos a nuestro lado a alguien que no nos entienda, que no sea blando cuando hay que serlo o un pedernal cuando lo necesitemos. Así, casi al primer vistazo, tenemos una idea aproximada de quién queremos que transite a nuestro lado y quién no. Otras veces lo hemos tenido delante mucho tiempo, no nos hemos fijado, y de repente un día se convierte en amigo, cómplice, confidente, en todo, alguien que hasta ayer pasaba desapercibido.

La forma de encontrarlo es harina de otro costal, a veces es la suerte, otra el ser amigo de otro amigo y cuando el primero desaparece quedarte con el que queda, las más de las ocasiones es por el roce de los congéneres de la tribu, siempre sabes quién es de los tuyos al 100% y quién no llega ni al 10%. Las redes sociales han generado amigos virtuales, pero esos no suelen ser de verdad, van, vienen, en el camino se entretienen… y desaparecen. Y si a veces ha costado años fraguar una amistad, puede ser cuestión de 5 minutos el pasar a ser “enemigos”, quizá sea mucho decir, lo dejamos en no-amigos. Una conversación mal enfocada, una salida de pata de banco, una traición en toda regla, mil situaciones pueden dar al traste con lo duramente trabajado durante horas y horas, y nuestra capacidad para estropear todo con las patas de atrás es épica. Romper una pareja duele, quebrar una amistad duele aún más.

Esto está quedando muy largo, seguiré en otro post.

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