Botellita de Agua
Una mañana cualquiera, un lunes cualquiera, de un país cualquiera, de regreso a casa luego de haber llevado a mis princesas a sus respectivos lugares; observé lo siguiente desde el mejor asiento que un espectador podría desear:

Detenido en una avenida muy importante de Sto. Dgo. Este en espera a que una oficial de tránsito diera paso a mi carril estaban delante de mi dos vehículos, los cuales poseen la particularidad de ser vehículos del transporte público que de manera inaguantable le vociferaban cosas a la oficial.
La oficial que con actitud amarga los miraba con disimulo, se dejó llevar de estos personajes e inició a respondiéndoles, lo que para mi resultaban improperios.
Pasados unos 15 segundos, la oficial se distrajo para prestar más atención a la vía perpendicular a la mía, en ese mismo instante, el padre de familia, representante del transporte público de la isla, aceleró sin la debida autorización de la oficial, para sorpresa esta reaccionó lanzándole el líquido de su valiosa botellita de agua.
Mientras pasaba a sus espaldas, la oficial volteó deprisa e irrumpió con la botella plástica a través de la ventanilla del vehículo y roció casi toda su preciado liquido sobre el conductor.
Luego de tal sorpresiva audacia de ese conductor, un segundo valiente, inspirado por tal infame hazaña, perteneciente también al modesto transporte público, emprendió su heroicidad, aceleró rápido, mucho más rápido que el anterior para no ser atrapado con su predecesor.
Para su desdicha, este padre de familia nunca se imaginó la gran habilidad beisbolística con la que contaba la oficial.
Esta rápidamente olfateó como animal salvaje las intenciones de este selvático animal.
Esté nuevo infractor se ubicaba fuera de rango, estaba muy lejos, no podía invadir el vehículo y rociarle agua como lo hizo con el primer agreste conductor, solo le quedaba una salida, la cual increíblemente nunca pude haber vaticinado.
Esta oficial, tomó la botellita de agua con firmeza como si fuese lanzadora de grandes ligas; Lanzó la botella con intensiones de golpear el zafio, pero miserablemente falló en su lanzamiento a lo cual la botellita siguiendo las leyes gravitatorias cayó al suelo.
Al final, los dos cimarrones infringieron la ley, la botellita de plástico pasó a ser parte del inhóspito ambiente urbanístico, y la gallarda oficial, continuó su trabajo de organizar el tránsito como si nada de lo anterior nunca hubiese ocurrido.
#UnDíaCualquieraEnRD
