EL PODER QUE TIENEN LOS NOMBRES

Honra tu nombre haciendo cosas extraordinarias.

Hola. Mi nombre es Emilio Fabián Olivos Mejía. Un nombre ultra-romano del cual (después de muchos años de vergüenza) me siento orgulloso. Sinceramente soy un creyente ferviente del poder de los nombres. Más de una vez traté de hacer una investigación de mis antepasados. En ocasiones la investigación se veía cancelada por falta de dinero.

Resulta que hay instituciones que se dedican a buscar el archivo de tu árbol genealógico. Aunque nunca estuve seguro de pagar por ello, pues puede prestarse (según yo) a una gran tomada de pelo. Siempre quise encontrarme con tener herencia de algún español que folló con una hermosa india. Más por el lado español, que el lado indio. Lo más lejos que llego, siempre es al abuelo Wenseslao, por parte de mi padre. Que sería mi tátara-abuelo (Wenseslao, no mi padre). De él no sé mucho (de Wenseslao, no de mi padre), sólo que enseñó a trabajar a mi bis-abuelo. Y le tocó moldear a mi abuelo.

Alguna vez, de pequeño me tocó escuchar que por parte de mi madre, mi tátara-tatara-abuela sería francesa y vino a México cuando Santana ya iba para afuera. No lo sé bien y ya nunca indagué a fondo.

Al final opté por hacer un árbol genealógico cultural, del que me siento orgulloso. Pues resulta que somos hijos de aquellos cavernícolas del Cromañón y Neandertal. Estos fueron quienes más tarde se convertirían en la cultura indoeuropea. Más tarde llegarían a la Helade con su jefesote Helen y se juntarían con el pueblo nacido de la tierra: los Pelasgos. Esta nueva raza comenzaría a crear las primeras civilizaciones de Grecia: Minos, Micenas, Ilión (Troya). Tras un desvergue total, comenzarían a pelearse entre ellas (por culpa de la cabrona de Helena.)

Aquí entran en escena estos grandes héroes cien por ciento hermosos y depilados: Odiseo, Ayante, Néstor, Patroclo, Héctor y el neurótico de Aquiles. Estos cabrones, regresarían (no todos) a sus respectivos reinos consumidos por la guerra. Comenzando una etapa “oscura” de piratería donde la supervivencia del más fuerte era la ley. Micenas, Minos, Ilión, dejan de ser la potencia que eran. Un ciego llamado Homero se pone a cantar sobre los héroes de la guerra de Troya y un moralista llamado Hesíodo, nos da la primera cosmogonía y teogonía escrita. Así es, nenes, somos hijos de dioses.

Comienza la Grecia arcaica tratando de salir de la oscuridad. Lo logran. Un grupo de loquillos trata de definir leyes que rijan una comunidad para no matarse entre ellos. El poder se tiraniza, y comienzan a surgir las primeras ideas de democracia. Los persas tratan de conquistar Grecia por primera vez… pero no pueden los chavos y les dan una jalada de barbas en Maratón. Lo intentan una segunda ocasión y es aquí donde salen a lucir los trescientos espartanos con sus nalgas duras, pectorales perfectos y un calzón de cuero (obvio no.) Persia ahora sí se va bien triste.

Un loquillo llamado Perícles le da nombre a un siglo. Es aquí cuando Grecia (la neta sólo era Atenas) gana todo ese renombre de innovación y perfección tecnológica, artística, política, filosófica, literaria, etc.

Los espartanos se creen la gran verga. También los atenienses. Se pegan. Gana Esparta.

Tebas, dice: ya no mames. Tebas derrota a los espartanos con la primera y hermosa técnica de falange oblicua que vio el mundo. (Muchos siglos después, sería la formación predilecta del poderosísimo Guillermo de Prusia.)

Mientras Tebas estaba rompiendo cráneos espartanos, un esclavito temporal llamado Filipo aprende muy bien de sus amos. Cuando regresa a Macedonia, sabe todo sobre formaciones y sobre política. Comienza a conquistar todo lo que se encuentra a su paso. Y ahora él quiere Persia. Pero se muere.

Su hijito berrinchudo llamado Alejandro continúa con sus conquistas. La verdad es que a sus dieciocho años, mientras todos nosotros estábamos bien espantados por entrar a la universidad. Él ya le había dado una repasada épica a los tebanos (los mismos que le dieron su repasada a los espartanos.) Además, su mamá estaba bien guapa y se llama Angelina Jolie. Ahora es la exesposa de Aquiles (Brad Pitt). Fue tanta la ira de que Aquiles la abandonara (Brad Pitt) que le salieron cuernos del coraje y ahora se hace llamar Maléfica.

Alejandro hace una pinche super mega combinación fumadota de culturas. Griegos con Indios, con Númidas, con Egipcios, con Macedonios, con Mexicanos, Cholos, Yonquis y Kriptonianos. Pero se muere aplastado por un elefante (bueno, le da una tos cuando su macho alfa se muere.) Fin del periodo Helénico.

Al no tener hijos, Alejandro. Los generales se dividieron el mundo. Ptolomeo, pinche rey sabio, sale a escena. Pero no tanto.

En la botita (Italia), un pinche grupito de loquillos bárbaros comienzan a tomar gran poder. Esto es por la leche de loba, pues tiene mucha proteína. Surgen los primeros reyes de Roma. El primero es Rómulo, que mata a su carnal sólo para probar que su nueva muralla era infranqueable. La verdad no lo era, y Remo se saltó. Rómulo encabronado por la pinche pena, lo espadachinó.

Otro grupillo de gente se reúne y diluye a los reyes para instaurar al Senado, y con ello la República. Pero es muy largo… lo más importante para mí son las conquistas que logran con su poderoso ejército. Llega un cuate llamado Mario (Polo, no es cierto) y hace reformas religiosas y en el ejército. 
Aparece Annibal Barca, pero pierde. Y también aparece mi nombre: Cayo Emilio Escipión (obvio es una vergota) y toda la familia Emilia.

Pero vamos a acelerar este pedo para llegar a mi punto.

Julio cesar quita al senado y comienzan los emperadores locos. Luego los bárbaros le dan en su madre a lo que fue el imperio romano. Por ahí quedan unos romanos pero para disimular, se cambian el nombre a bizantinos.

Aparecen los Áaaarrrabes. Destruyen el mundo occidental como lo conocíamos y comienza la Edad Media. El Rey Arturo, El Cid y todos ellos aparecen en escena.

Cruzadas.
Quemar.
Quemar.
Quemar.
Quemar.
Fin de la Edad Media.

Los florentinos se ponen al pedo y comienzan a edificar cosas bien góticas y eligen a Bat-Man como su jefe. Luego está el renacimiento con los grandes maestros que prácticamente re-descubrieron todo lo que roma ya sabía pero tuvieron que comenzar desde el principio (gracias, tontos musulmanes.)
Barcos salen a ver qué pedo. América y Japón salen a la luz.

Los españoles se quedan con América (no se olviden que buena parte de la península hispánica estuvo conquistada por musulmanes. Que la verdad fueron excelentes en muchas innovaciones científicas mientras los europeos rezaban y quemaban brujas.)

Los españoles conquistan nuestra cultura que ya era de por sí, muy rica y muy basta. Luego vienen los independentistas. Luego el imperio chiquito de Iturbide. Luego otro loco que tiene el nombre de guitarrista: Santana. Llega don Beni y le da en su madre a Maximiliano. Y a su vez, don Porfi, le da en su madre a Beni. Y a su vez, don Francis a Porfi. A su vez, don Vic a Francis. A su vez, don Carranza a Victoriano. A su vez, la constitución a Carranza (por ahí andan sueltos nuestros caudillos preferidos: Zapato y Come-helados-de-fresa-Villa.)

A nuestros abuelitos, bis-abuelitos, tátara-abuelitos y tátara-tatara-abuelitos les tocó todo éste pedo desde la independencia.

El punto de toda esta cátedra horrorosa y mal hecha de historia es que si no hubiera pasado nada de lo que pasó, nosotros no estaríamos perdiendo el tiempo en nuestros teléfonos. El punto es que si Patroclo hubiera sido menos pendejo, nosotros no estaríamos aquí (agradezco a Patroclo por ser pendejo.) El pinche punto es que si Persia hubiese conquistado Grecia, ahora mismo estaríamos practicando yoga.

El punto es que somos hijos de todas esas culturas. Somos hijos de Hércules, Aquiles, Odiseo, Alejandro Magno. Somos hijos de Rómulo (Remo no, porque se murió), del Senado, de Cesar y Augusto. Somos hijos de Atila el Huno. Hijos de la hermosa cultura musulmana que conquistó a España. Hijos del Rey Arturo, del Cid. De Carlo Magno. Somos hijos de Zapato y del come-helados Villa. Somos hijos de la historia y de grandes sujetos que no se quedaron pensando en “¿Y si hago esto? No, mejor mañana.” Somos hijos de sujetos que la cagaron y la cagaron y la cagaron.

Pero hoy los recordamos con odio, amor y (seamos sinceros) a la mayoría nos valen madres. La mayoría de jóvenes no sabe qué fue primero: ¿Roma o Grecia? ¿Independencia o Revolución?

No quiero dar una puta clase de historia ni reflexionar sobre lo importante que es aprenderla. Sólo hacer saber que es un orgullo tener la vida que tenemos. Que dejar de escuchar tantito al pendejo de Maluma para darle gracias a Jesús, Alá, Buda, Brahma, Jehová, Carranza, Alejandro, Carlo, Miguel Ángel, Perícles nos hace seres menos propensos a repetir los mismos errores. Es decir, ellos la cagaron para que nosotros aprendiéramos… ¿Qué más podemos pedir? ¡La cagaron ellos! Afortunadamente no me tocó dar riflazos a otro mexicano para probar un punto. No me tocó enterrar una espada en la garganta de otro hombre para salvar la vida. No me quemaron por creer en la ciencia. No me quemaron por ser judío.

Mi nombre es Emilio Fabián Olivos Mejía, de los Emilios romanos. Grandes generales y grandes políticos. De los Fabios romanos. Grandes generales, políticos y oradores. Olivo, el símbolo de la gloria romana y el árbol nacional de la Grecia de Perícles. La misma que pudo repeler a millares de hombres persas con un puñado de hombres libres con convicción. Mejida de los sacerdotes judíos que murieron al resguardo del templo de Salomón cuando el ejército de Tito entró a quemar y saquear.

Conozco la historia a mis espaldas. Y pienso honrar mis nombres haciendo cosas extraordinarias como las personas que los portaron en el pasado.

Y a todo esto ¿Cuál es tu nombre?

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