Amor antes que regresaran los tiempos del cólera

En una panadería en Cartago a las 5:30 de la mañana:

- Para nada trajo paraguas, con esta luna. Jetas
- Ah, es que usted no sabe adónde vamos. Jetas su tata.
- Con mi tata no se meta vea que la vez pasada no le hizo mucha gracia cuando le dije que estoy saliendo con usted.
- Ahorita se acostumbra. Uno es feo pero con carisma, hasta a los suegros enamora.
- Jajajajaja soñar siempre será gratis, no pierda la fe.
- ¿Usted de verdad cree que yo soy un mae tipo?
- Diay no es como que tengo la autoestima por el suelo y le ando dando besos a maes que no me gustan. Obvio usted me parece guapo, desde que lo conozco siempre he pensado eso. Hasta se lo dije a mi amiguilla Rox, la que estaba conmigo aquel día en El Sótano.
- ¿Qué le dijo la mae?
- Que vos nada que ver jajajajaja. A mí sí me gustaste y la vara, no sé ni por qué tenemos que aclarar conceptos, yo he sido bastante clara.
- Bueno tampoco es para enojarse, verdad.
- ¿A usted le gustan las mujeres machas?
- A mí las mujeres me gustan como el ron: dulce, fuerte y que me hagan bailar.
- Jajajajajaja ¿a usted el ron lo pone a bailar? Le saca el saborsh.
- Ah es que usted no me ha visto borracho de ron, se me aflojan las caderas y es un meneo satánico. Nadie puede controlarlo y saco a bailar a cualquier persona que me dé bola. Ah, pero vieras como suenan los aplausos.
- O sea que le cuadra hacer el papel, al chiquito.
- Una vez al año, no hace daño.
- OK, anotado. Beber ron juntos no es una opción. Luego le agarra la parranda culibailable y quién lo para.
- Tan bonito y saludable que es bailar.
- Idiota, usted a mí me saca a bailar borracho y yo pido a seguridad que lo saquen o algo así.
- Idiota usted que le tiene miedo al guaro.
- ¿Cuándo nos metemos una micade esas que se pega usted?
- Bueno, pero qué es la vara. Ni que yo pasara de fiesta. ¡Ni pa' los pases!...
- Ay ya, venga. No sea odioso. Dígame. ¿Cuándo nos embriagamos? Yo quiero bailar con usted. Mínimo una cumbia que es más facilón.
- ¿Facilón? Esa vaina para mí es una quimera. Yo veo que la gente se agarra, baila brincando mientras hablan y se hacen reír; si de solamente ver me mareo, ahora imagínese bailando. 
- ¿Pero y el ron y los aplausos qué?
- Eso...
- ¿Eso qué? Pura paja.
- Diay no. Es que yo no quiero planear eso. Esas son cosas que salen de la nada. Eso es como planear ir a coger. Esas varas no deberían ser así. Uno debería siempre que sale, andar lo más que pueda de plata y tiempo, por si la noche calienta.
- ¿Calienta a puro ron?
- Calienta a puro ambiente. A pura felicidad. A puro cariño. Mae, ¿está disgustada?
- Diay no es eso. Yo solo leo en sus palabras que usted solo se motiva a bailar, coger, pasarla bien y así cuando está ebrio. Parece Jack Sparrow con esa actitud.
- Tampoco así. Yo soy capaz de vivir bien. Contento y tranquilo, sin bebida.
- Pero diay mae, si vive esperando que sea viernes para ir a reventarse y hacer cosas a lo loco, una se pregunta si nosotros somos una de sus fiestas y ya.
- Pero decime: ¿yo a vos te he hecho sentir desplazada?
- Diay, no. Pero tampoco quiero sentir que todo nos pasó porque estabas borroso y hacías loco conmigo.
- No sea babosa. Yo la paso bien con vos. Lo del ron fue un tema en el vacilón, algo que te contaba, pero no es como que yo añore algo así. Yo soy muy calmado. A mí me gusta lo que está pasando.
- ¡Ay, bueno! Pero lo voy a estar vigilando.

A veces él se sentaba a pensar y buscar ese momento que su mejor amiga, su novia y compañera, se convirtió en la mujer que tuvo que dejar llorando a la par de un peluche que él le había comprado, mientras pensaba lo mucho que llegó a odiarla. Recorría San José reviviendo todas y cada una de las salidas que tuvieron, los bares, cafeterías y moteles, en los cuales se enamoraron. Quería encontrar ese día, ese error o ese punto de no retorno tras el cual ella se volvió el monstruo que le rompió el corazón.
Releía las conversaciones que quedaron archivadas. No le parecía posible que la persona que lo amaba y comprendía, fuera la misma que lo juzgó duramente. A veces pensaba que él tuvo la culpa. Tal vez celarla con aquel compa fue demasiado tonto y ella decidió cuidarse de eso. O fue la vez cuando ella le contó sobre un brete de la U que dejó botado por ver el final de temporada de OITNB y él, en lugar de preguntarle cómo estuvo el episodio, la regañó porque pensó que ella era una vaga.

Lo cierto es que ella mutó de valor a miedos, de compresión a juicios, de paciencia a ansiedad. No era la misma y él tampoco. Desearía nunca haberla conocido. Nunca haber sentido como se fue marchitando eso que llamaban amor y que al parecer descuidaron sin notar como cada pétalo se fue desprendiendo.

Sin que él lo supiera, al otro lado de la provincia estaba ella pensando lo mismo, apagando el sentimiento, sufriendo por el daño que él le hizo y tratando de vivir su vida sintiéndose vulnerable. Para ella la vida se acabó y su cuerpo ya no quiere sentir el calor de nadie más. Su felicidad murió lenta y predeciblemente justo frente a sus ojos. Nada quiso hacer y no todo dependía de ella.

Hoy él tiene 46 y ella 47. Han pasado 23 años y aunque ella encontró consuelo y estabilidad en el amor que otra persona le dio; y aunque él encontró paz en la meditación y la soledad; ambos siguen creyendo que la vida que soñaron, la tuvieron y la perdieron en el 2017, cuando hacían el FIA y la gente iba al estadio a ver partidos de fútbol, antes que se secaran los ríos y comenzara la pelea por el agua potable, cuando amarse era sencillo, como lo había sido en todas las épocas antes del caos implantado cuando Otto Guevara asumió la presidencia en 2026.

Era amor antes que regresaran los tiempos del cólera. Y el amor, cuando nos toca, ya nunca nos deja. Para bien o para mal.


Cuento corto #16
Amor antes que regresaran los tiempos del cólera.