De Netflix y el desamor

Abrió Netflix y se dio cuenta que la serie que ella estaba viendo quedó a media temporada con el usuario compartido que él pagaba y rara vez usaba.

No había huellas que ella hubiera vuelto a usar la cuenta después que terminaron. Él se sintió mal porque la dejó a medias y peor se sintió cuando se dio cuenta que a la distancia le dolía que ella estuviera sin serie. Que estuviera sin Netflix.

Quiso cambiar la clave, resetear las sesiones olvidarse de ella, dejar ir ese sentimiento de culpa: "La dejé sin terminar la serie. La deje guindando con la historia. Seguro estaba feliz y emocionada cada que la veía. Cada que podía ver un episodio. La dejé sola".

Pero bueno, ella podría conseguir su propia suscripción y ver las series que le dé la gana. O pedirle la clave a alguien más.

Se dio cuenta que el amor funciona igual que Netflix. El amor que se quitaron vos y alguien más, se lo puede dar cada uno a sí mismo o encontrarlo junto a otras personas: "No hay que tenerle lástima a la gente que tuvo nuestro amor 'de a regalado' y nos trató como si fuéramos cualquiera".

Apenas llegó a su casa, cerró todas las sesiones abiertas, cambió la clave y le dio a su amor a quienes todavía están en su vida: su familia y amigos, esperando algún día compartir Netflix con alguien que no se burle de su amabilidad, de la moderna sensibilidad de compartir los tesoros de la internet con alguien a quien le queremos escuchar cada episodio mal contado, aunque no entendamos nada.

El Netflix y el amor son cosas que se comparten con los presentes, no con los pretéritos.


Cuento corto #14: Del Netflix y el desamor.
Ojalá les haya gustado.