Riachuelo/Matanza. Sobre el río que estamos cambiando.

Desde los albores de la Buenos Aires colonial, ese inestable río afluente del enorme Río de la Plata, fue incomprendido, desvalorizado y hasta simbólicamente despreciado con la denominación peyorativa Riachuelo. Percibido como una parte trasera y ajena de la ciudad, se ubicarán allí las cuestiones que se desean lejos de donde se vive y se lo someterá a permanentes acciones de alteración de su fisonomía, estructura y paisaje. Signado por un destino funcionalmente agresivo a través de siglos, hasta en su época de esplendor productivo fue hediondo, sucio y miserable, generando empleo y desarrollo económico, pero donde no era grato vivir. Se le aplicaron planes que se distinguieron por su anacronismo, que al llegar tarde dejaba situaciones inconclusas en equipamientos, edificaciones y funciones en sus márgenes. Siempre en tensión, se lo estableció como límite político que determinará un límite cultural, entre dos jurisdicciones administrativas muy diferentes pero con el mismo nombre: Buenos Aires, ciudad y provincia.

Castigado por la historia, los artistas lo rescataron del oprobio y lo servirían, con recepción pública quizás demasiado tardía, como escena de postal para los turistas, focalizado en el barrio de La Boca, lugar potente en producción de cultura popular. ¿Qué saben de este río los 13 millones de habitantes del conglomerado urbano que constituye el Área Metropolitana Buenos Aires? Como mito instalado y eterno lo mencionan como lugar nauseabundo, lejano, sucio, inseguro y casi sin imágenes concretas de su recorrido, excepto la Vuelta de Rocha con Caminito y el Transbordador Nicolás Avellaneda, algunos puentes como Alsina y La Noria, casi sin referencias de su entorno urbano inmediato, con excepción quizás del ícono de la iglesia con jardín de claustro medieval, sobre la avenida Sáenz en Nueva Pompeya, que intenta dialogar con la arquitectura neocolonial del puente Alsina, pero no lo logra. Además de este río que luego de pasar bajo el puente La Noria pasa a denominarse Matanza, casi nada surgirá en la memoria popular excepto que allí al lado, estuvieron esos balnearios Ocean y La Salada que la contaminación de las napas de agua salada destruyó hace décadas, y que volvieron lateralmente a la luz por una megaferia informal y emblemática de los productos sospechosos y baratos, que tomó mediática trascendencia, La Saladita.

64 kilómetros de recorrido de este río pampeano de doble nombre, Riachuelo-Matanza, cuya cuenca abarca 2240 km² con una población mayor a la de República Oriental del Uruguay (3 millones y medio de personas), que está cegado de imágenes conocidas en la opinión pública sobre ese recorrido, salvo las excepciones ya mencionadas. El nombre del tramo exclusivo en la provincia sigue la condena a lo feo, sucio y malo, “matanza”, tremendo nombre de antigua data que por tanto leerlo y escucharlo, ha perdido la carga de su sentido literal.

Toda esta breve descripción de un río cuya carga simbólica está vinculada con el maltrato, agresión y degradación del territorio, es una situación que está cambiando para bien y está cambiando en serio a partir de una sumatoria de factores políticos, iniciados por un fallo judicial y tomado definitivamente por el Gobierno Nacional, del que desde la ACUMAR se está apostando a demostrar que un hito de la contaminación y de lo imposible de transformar, está siendo volteado cotidianamente con múltiples acciones de remediación territorial.

Es un momento de refundación de este territorio bastardeado y oculto de la visualización de sus propios habitantes, para que en unos pocos años nos encontremos con un río recreativo, de encuentro social, valorizable por sus nuevos paisajes que se irán reinventando. Pero más allá de todas las acciones físicas, carga con la simbología de su historia y sus nombres. Este río que se degradó y con él a sus pobladores, este río que fue frontera y desintegrador cultural, este río de la vergüenza, debe despojarse de su carga simbólica negativa y apropiarse de una nueva que acompañe al éxito colectivo, de una sociedad que puede creer mejor en sí misma, que integre a las diferentes jurisdicciones municipales y Provincia, Ciudad y Nación, para ser ejemplo de nuevos modos de gestionar lo público en lo territorial. A esa nueva carga simbólica de la refundación del territorio de la cuenca de este río, le vendría muy bien emplazarlo definitiva y formalmente en la escena de lo visible, para lo que creo que sería válido darle un empujoncito con nuevo nombre. Donde propongo incorporarle la denominación de río Buenos Aires. Que sea estentóreamente el río que orgullosamente atraviese el conglomerado urbano del que toma nombre y que más que nunca se constituya en faro de lo que ambientalmente puede lograrse, expandiendo la credibilidad de que podemos mejorar todo este hábitat urbano, si pudimos sanear lo imposible. Consolidando su pertenencia al territorio del que forma parte, sin disimulos ni distracciones.

Río Buenos Aires que no reniega ni debe ocultar su historia, porque será ejemplo de lo que se puede lograr si hay conocimiento, convicción y decisión en alcanzar la meta, donde se deberían mantener los nombres parciales de Riachuelo y Matanza, pero integrados a un todo que será este nuevo espacio ambiental, paisajístico y social, donde en el futuro se considerará increíble que durante tanto tiempo desaprovechamos y que probablemente nos empuje a nuevos objetivos aparentemente imposibles, como podría ser lanzarnos a recuperar el Río de la Plata y otros ríos degradados de la región para sus habitantes. La restauración que está llevando la ACUMAR es un acontecimiento histórico, que trasciende el objeto por la que fue creada. Es un punto de inflexión que subirá la vara en lo que concierne a la gestión ambiental urbana y como nuevo punto de referencia hacia los nuevos paisajes inéditos que se incorporarán a la trama urbana, debiera estimular nuevas transformaciones, donde la prioridad sea claramente la calidad del hábitat donde vivimos, con desarrollo económico, equidad, revalorización cultural, participación social y por supuesto hacia el bienestar de la población.

Fabio Márquez

www.fabiomarquez.com.ar

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