Visita a la Escuela de Ingeniería del Ejército del Perú

Fabiola G. Arce
Sep 7, 2018 · 4 min read

Me invitaron a conocer hoy la Escuela de Ingeniería del Ejército del Perú. Hablamos del país, de la corrupción (y de la lucha anti-corrupción) y de las artes y humanidades como base en el espacio de enseñanza militar. Hablamos del teatro como un espacio para el reto y la transformación personal y de la responsabilidad del Estado en coordinar esfuerzos para aprovechar al máximo su infraestructura de conjunto en la oferta educativa.

La Escuela de Ingeniería del Ejército acaba de abrir una Maestría en Ciencias Ambientales junto con la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y es muy reconfortante ver a sus autoridades comprometidas con procesos de innovación interesantes en el sistema educativo.

Hoy también me obsequiaron mi primer ejemplar original de “En honor a la verdad”. Este libro es uno de esos (no muchos) que he leído, analizado y discutido una y otra vez desde su versión preliminar (cuya fotocopia aún conservo) Es quizás por eso que pese a las 3 fotocopias con marcas y post-its que guarda mi micro biblioteca, durante todos estos años he sentido que un original era una deuda que le tenía a mi estante y que eventualmente me pasaría factura. Ahora agradezco no haber conseguido el original antes… hay libros que simplemente llegan cuando y como les place. Y siempre voy a recordar que este libro tan importante de la Comisión Permanente de Historia del Ejército llegó a mis manos en el corazón de la Escuela Militar, de manos de un Militar que, mientras yo nacía y con muy pocos años en su cuenta, ya estaba en servicio, en medio de uno de los episodios más trágicos de nuestra historia. Lo más importante, llegó de manos de alguien que conociendo de primera mano el conflicto sabe que les leo con mucha seriedad y respeto, que es lo mínimo que como (aún) joven investigadora puedo ofrecerles.

El Ejército es una institución compleja. Las Fuerzas Armadas son complejas y estudiarlas me ha retado siempre a romper clichés, a acostumbrarme (aunque felizmente cada vez se da con menos frecuencia) a ser una de las pocas mujeres de la sala, a ir eslabón tras eslabón por pequeñas y (con el tiempo) no tan pequeñas entrevistas, a aproximarme a un tipo de dolor que nunca conoceré y a un tipo de entrega que siempre me deja pasmada. Tener la oportunidad de compartir espacios profesionales y académicos con miembros de las Fuerzas Armadas me ha ayudado también a conocerles humanamente y a intercambiar ideas con una libertad mayor a la que permiten las grabadoras de voz en las entrevistas y los cuadernos de apuntes en las visitas de campo.

No hay visita (de campo o no) que haya hecho a la Escuela Militar que no me haya dejado un poco con el corazón en la palma de la mano y esta, ya sin investigaciones, cuadernos de campo, agendas de visita o cuestionarios para entrevistas semi-estructuradas, no ha sido la diferencia. De todo este tiempo observando, estudiando y compartiendo con las Fuerzas Armadas, yo me quedo principalmente con todos/as esos/as oficiales del Ejército, de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea que me abrieron las puertas sabiendo que iba incluso sin experiencia y hasta a criticar, con quienes no se cansan de dialogar y enseñar y lejos de alejarnos, convocan a la academia a trabajar en cooperación permanente. Yo me quedo con quienes se aferran con más fuerza a la imagen de Pedro Ruiz Gallo cuando el país parece andar carente de referentes morales, con quienes analizan la guerra y los conflictos de forma humana y dispuesta a la discusión seria y de argumentos, con quienes saben que el principal enemigo no es el vecino sino la ignorancia, la matonería y la corrupción. Y debo decir que me siento agradecida y afortunada por saber de primera mano que esas personas no son pocas aunque a veces lleven todo en contra, y que la vida profesional me ha dado el inmenso gusto de conocer a algunas con algo más de detalle y de sentir por ellas admiración y amistad.

Por eso no me canso de la cita de Antonio Zapata (2016) en uno de los “Diálogos en la PUCP” de la Plataforma para la Reflexión Política: “La imagen que proyecta el Perú no es la de un país postrado históricamente frente a la fatalidad de la corrupción; por el contrario, es un país donde ha habido mucha lucha anti corrupción a lo largo del tiempo. Más bien es la imagen de un país en pugna (…) La imagen de nuestra historia es la de una lucha en este sentido, el de “un hacer frente a”, cuyo impulso debemos continuar.”

Por cosas como estas amo investigar, porque incluso cuando los temas son dolorosos, es el trabajo en investigación el que me ha puesto de una u otra forma en los lugares indicados, donde no ha faltado oportunidad de encontrarme en algún punto con partes de lo más bonito de la humanidad, de conocer a los actores y de abrir oportunidades para entablar diálogo y amistad.

En esta oportunidad le agradezco mucho la invitación al Coronel Acosta, Director de la Escuela de Ingeniería, y muchas gracias a todo su equipo por la hospitalidad y amabilidad (y claro, también por la foto).

* @ Escuela de Ingeniería del Ejército del Perú

Fabiola G. Arce
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