Pensamientos en bici

El ser humano, ¡vaya horizonte de múltiples meticulosidades! A veces pienso que lo más compacto, lo comprimido y microscópico, la célula, es lo más apacible, lo realmente majestuoso, al otro día no puedo despertarme, sueño con el espacio atemporal y su expansión, el caótico abismo intrínseco del vacío, esa belleza inexorable. Vértigo, de nuevo. Debo ser tan sólo una gama de no identidades, no estoy convencida de creer ser quien soy, de querer; cuando me perdí, dejé tanto atrás que aún vago en círculos tratando de recoger lo que no quería extraviar. Dejarse ir, a veces se escucha extremado pero una vez que te rindes, resultaba que era tan sencillo que no valía la pena, el camino a casa parece interminable. Duele decirlo de una u otra forma, pero es así, y he estado luchando por mucho tiempo contra mí misma, llorando por el linfa, es por la pérdida, ¿verdad? quedamos que ya habíamos superado esa comunión entre su cuerpo deshecho bajo tierra y la naturaleza aunque, aún no termino de comprender su vínculo con la vida. ¿Por qué te preguntas tanto si figuras en el conjunto N? Te cuestionas si tus prioridades son las adecuadas. Vida es igual a naturaleza, a universo, a muerte, a dolor y a amor, por supuesto, a amor pero qué carajos sabes tú de eso, recuerda que estás completamente inestable, tan humano, completamente libro. Y vacío. Te has desarrollado en una cama, niégalo. Tal vez sólo estemos precalentando para la verdadera vida, tantas cosas que has vivido, te parecen tan poco y ya no puedes ni compararlas con las demás experiencias, cuales ya para nada tienen lugar dentro de tu cúmulo de lo que crees que es una forma de vida porque lo has subordinado a tus principios éticos pero, ¿por qué has hecho eso? Habíamos acordado vivir y probar y ser más que complejos, ser no solamente una opción, espontáneos y ser un cometa, tan ligero que cualquier viento puede llevarse, que la gente sopla pero cuando cae, pisotea, sin darse cuenta. Entonces libertad no entraba en esa descripción, se justifica. ¿A qué hora es la hora de vivir? Ya no me interesa, me doblego a mi sustancia original, quiero ser totalmente orgánica, obedecer a mi instinto, sacudirme esa humanidad que pesa hasta los huesos y me obliga a blasfemar día a día; comer, respirar, agua, W.C. Mantengo tan arraigada esta vida, dudo que si alguien la revisare años después de haber reencontrado mi lecho, la reconstruiría tal y como yo la estoy viviendo, porque sé que me falta, no doy el ancho y esto no soy yo, mi accionar se hunde y sólo sale a respirar cuando me desprendo de mis raíces, ignorando a aquellos que trataron de moldearme a su imagen y semejanza. Sorry, God. Los demás te molestan y no dudo que mi esencia, cuando sale de paseo por el prado verde, es la más fastidiosa, aunque no lo hace con toda la intención, “no es personal”, tú dirás. ¿Seguirá la droga aquí adentro, recorriendo mis venas y pasando cada 7 horas por mi hipotálamo reactivando los efectos? Aprovecharía para terminar esta ráfaga de inspiración. Perdona si exagero las cosas porque para eso están, creo fervientemente que aceptar que el humano es bastante complejo como para entenderlo es un insulto a la modestia y nada más. La música distrae de más, soy ensordecida al llamado del cuerno de la danza ficticia porque estudiar las humanidades puede ser tan seductor como una adicción que se regenera en tantas formas: el arte, la ciencia, la psicología, todo es maravilloso y por eso hay que tener cuidado. No obstante, sigo sin saber a qué debemos prestarle atención entonces, cada que se acercan los días de la vejez, resulta más difícil amar, luchas por tu tranquilidad pero eres un agitador de vidrio mezclando cemento, tan desprotegido, pequeño, como la célula, dormido, tu voz angelical que nadie debió jamás intentar callar. Soltarlo. Se escribe fácil. ¿Se dice? Difícilmente… yo no lo hice. ¿Qué podría decirte? Saciar tus caprichos aunque no tengas alguno. Mientras jugaba a ser dinosaurio, un meteoro destrozaba tu planeta. ¿Cómo recuperarlo? Pensarte en una situación trastornada, constipa tu lagrimal, ¿aún lo sigues usando? Preferiría que fuera un apéndice, a pesar de lo mucho que vociferes, sabes que eres egoísta, humano y eso es lo grandioso de ti, al mismo tiempo que eres repugnante. No me digan que hay que aceptar la vida que el sistema nos ha impuesto porque me rehúso, ya saben que soy mortal e ingenua, pero tampoco me digan que no hay que aceptarla porque la aceptamos desde sus orígenes, desde las estúpidas tradiciones de sangre, desde eso que ustedes llaman cultura, a lo que le llaman ser humanos, como sea, yo lo llamo la célula nebulosa. Paso por un tope que eleva de más la llanta trasera y recuerdo que, una vez más, no traigo mi casco.

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