Cocina de albañil


Cuando era niña me gustaba ver como mi casa se construía gracias a unas personas que llaman por su trabajo albañiles. Cuando yo llegaba del colegio ellos ya estaban en su hora de comida, llegaba tan hambrienta que esos tacos de huevo con frijol en tortilla de harina se me hacían todo un manjar, lo pude confirmar una vez cuando uno de los trabajadores me vio tan antojada que me compartió uno.

Ver el proceso del calentamiento era toda una experiencia, ya ejerciendo mí carrera, en una obra me tocó ver como improvisaban un asador, agarraron un tambo de esos de la basura, lo voltearon, le hicieron un hueco para poner la leña y ¡listo! ahí calentaban el lonche, quedo tan perfecta la cocineta que hasta me daba ganas de llevármela a mi casa.

En otra obra, cinco albañiles ya comiendo su lonche se habían dado cuenta que a ninguno le habían mandado salsa picante y como todo mexicano una comida sin salsa no es comida, decidieron hacer una salsa en un casco a falta de molcajete, esa de plano no se me antojo ni tantito, pero la expresión de los albañil decía lo contrario, debió haber estado exquisita.

Así como dijo un compañero de trabajo; sin duda esas comidas de los albañiles deberían de patentarlas, hacerles una marca, como las gorditas doña tota o algo así, ni los villas, ni los gueros, ni los don pancho, ni cualquier taco de cualquier esquina de cualquier colonia les llegan a eso tacos preparados en la cocina de albañil.

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