Me verás volar
Han pasado 4 años desde el día que perdimos a Gustavo Cerati. Pocos han marcado tanto a la cultura musical de un país, de un continente como lo hizo él.

Hoy me acorde que se cumplía el cuarto aniversario de su fallecimiento, y decidí hacer un recorrido por toda su discografía. Me emocioné, se me erizo la piel al escuchar esos sonidos, melodías y rimas que dan cuerpo a toda su obra. Esas composiciones que salían de la mente y voz de este artista fueron su más grande regalo. Un obsequio a todos los que lo escuchamos y también a los que lo escucharán. Porque Gustavo es inmortal, su símbolo y su arte sigue latiendo en las calles de Buenos Aires hasta el Perú y quien sabe que cantidad de barreras geográficas y temporales que rompe este representante del rock latinoamericano.
Genio, como pocos, trascendió como ninguno. Logró escapar de las voraces garras de la moda, que te alzan hasta el cielo durante muy poco tiempo y luego te reemplazan y te hunden hacia las tierras del olvido. Soda Stereo pudo dejar de ser la bandita del momento para convertirse en uno de los grupos más convocantes de la historia del rock argentino. Liderados por el nacido en Barracas pasaron de tocar las divertidas ‘Por qué no puedo ser del Jet Set’ o ‘Mi novia tiene biceps’ a producir temas de culto como ‘Corazón Delator’ o himnos generacionales como ‘Música Ligera’ y ‘Persiana Americana’.
Soda fue un fenómeno único, ninguna banda pudo generar todo lo que logró, ninguna llegó tan lejos. Fue una agrupación que nunca dejo de mutar, crecer y madurar. Los peinados ochentosos se fueron y se transformaron, el público se dio cuenta que atrás de tanto spray para el pelo había tres músicos de primerísimo nivel. Charly, Zeta y Gustavo rompieron la estructura de conjunto barrial que encabezaban Los Redondos, entre otros y se animaron a hacer algo diferente. Parece que tan mal no les fue.
La separación de Soda concluyó de la forma más épica y espectacular que se haya podido pedir. Tocando todos sus éxitos en un colapsado estadio de River Plate, hito que cualquier artista sueña desde que es un niño. Despidiendo a todos los presentes con estas palabras:
“ No sólo no hubiéramos sido nada sin ustedes, sino con toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo; algunos siguen hasta hoy. ¡Gracias totales!”
El trío había desaparecido, por lo menos, por algunos años. Sin embargo, Gustavo sabía que todavía le quedaba mucha magia y creatividad por entregar. De esta manera continuó con su trayectoria como solista que había arrancado con ‘Amor Amarillo’ en 1993. Se puede afirmar, sin ninguna duda, que su camino solitario estuvo a la altura de las expectativas, hasta se puede decir que las superó. El mito que venía construyendo, con cada disco que lanzaba, se fue consolidando.

En una Bocanada de talento , se atrevió a vivir el presente, sin mirar ni adelante ni atrás, porque Siempre es hoy. Nunca supo a donde llegaría su mensaje, pero nos dijo a todos que Ahí vamos. Todo lo que nos dejó salió de su talento, de su Fuerza Natural. Esto fue Gustavo, estos fueron sus discos, su música. En sus canciones, podemos encontrar frases hermosas e inspiradoras acompañadas de sonidos de otra galaxia, música para volar. Nos tendió un Puente para alcanzar un Lago en el cielo y soñar Cosas imposibles.
Desgraciadamente se nos fue de nuestro plano y nos dejo con la sensación de que todavía le quedaban algunos trucos más bajo la manga. A pesar de esto, su legado es inmenso. Tenemos que conformarnos de haber tenido entre nosotros a un ser proveniente del cosmos. No habrá otro como él.
Si todavía no entraste al mundo de Cerati, no sé que estás esperando. Por suerte estás a tiempo. A pesar de que Gus se halla ido, su obra será eterna.
Gracias por leer, Gracias por venir!
