El Cuarto de Baroja

Texto incluido en la primera edición del fanzine “El Cuarto”


Eszena 1: Amanece en San Sebastián, enero de 1925 y Baroja abre sus ojos al sonar de las campanas de las seis de la mañana. En el armario están guindando dos bufandas: una de Julia y otra de Damián, ya han pasado dos meses, hay telarañas en la bufanda de Damián, ese tipo es intocable.

Eszena 2: La vida hoy para Baroja es tan extraña como ponerse unos zapatos ajenos, uno los deforma a su manera y el probar alteraciones previas hiperventila. La pluma en tintero que usa cuando anda ortodoxo está seca, con una costra blanca poco identificable, tiene varios días en libertad.

Eszena 3: Baroja se acerca a su máquina de escribir y encuentra dos bocetos: uno ejemplifica su estado actual de conclusiones casi conyugales, recuerdos postguerra y viajes a Suiza y Alemania, el otro, un simple relato de piratas, chinos e irlandeses conviviendo, algo semejante a su aliento y el olor a naftalina del saco café de su padre, coexistiendo en este momento.

Eszena 4: Tocan a la puerta. Baroja trata de abrir, está cerrado, mueve la llave, intenta de nuevo, sigue cerrado, mueve la llave de nuevo, tiene maña, levanta la puerta levemente, abre, ve a Julia, ella lo besa, él le muerde el labio, la toma por la cintura, la sienta junto a la máquina de escribir. Cogen. Baroja pregunta su nombre. Julia sabe que cuando el olvida quien es, el apetito es infinito, compensa su desubicación con sexo. Dice que se llama Damiana, sonríe. Baroja quiere que le orine el pecho. Damiana (Julia) va al armario, recoge su bufanda, la sacude, se saca un cabello que le quedó en la boca y extrañamente no sabía de donde venía, va al baño, se lava la cara, se hace un moño, se da cuenta que aún tenía el cabello en la boca, se pinta los labios, recoge unos pantalones del suelo, los dobla, los pone sobre la mesa de noche junto a los cigarros, toma uno, lo prende, fuma, se acerca a Baroja, lo besa, se despide.

Eszena 5: Baroja se pregunta cómo puede tener unas sábanas blancas con tantas manchas y orificios de cigarros. Ve a través de la ventana la cúpula de la Catedral, recordando así que allí besó por primera vez a Damián. Escribe y resuelve que el irlandés hará una revuelta en el barco alucinado por el ajenjo, me rompe y me tira al basurero.

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