Las villas vienen marchando

La imagen es atípica en el cruce de Cuba y Juramento, pleno corazón del tradicionalmente acomodado barrio porteño de Belgrano R. Una ronda de diálogo, compuesta exclusivamente por villeros, copa el centro de la plaza Belgrano. Se definen a sí mismos como “un panel de debate antirepresivo, un dispositivo de seguridad para nosotros mismos”.

Están en una parada, una posta. Una de las tantas que se harán hasta la llegada al obelisco la mañana siguiente, donde confluirán con las columnas procedentes de diversos sindicatos y agrupaciones sociales, marchando en el primer paro general a la Casa Rosada, desde donde opera el reciente gobierno neoliberal presidido por Mauricio Macri.

Solo cinco disertantes representan el abanico de problemáticas que los barrios marginales enfrentan hoy en día. La marcha de 24 horas, organizada por el Encuentro de los Pueblos, exigirá como prioridad durante todo su recorrido la mejora urgente de la infraestructura de las villas de la ciudad.

El acuerdo es unánime. Las incumplidas promesas por parte del recién asumido presidente y su equipo político han de llevarse a cabo cuanto antes. La problemática viene siendo indefinidamente postergada, así que el mensaje ha de ser fuerte y claro. La organización popular es lo primordial, y eso implica tomar conciencia de los derechos de cada habitante. La comunicación entre los barrios es una bandera que sintetiza un punto en común: el consenso de que para cuidarse mutuamente es necesario aplicar la lógica inversa de la cual el gobierno viene haciendo gala: los barrios han de ser quienes hagan uso del control popular sobre las fuerzas de seguridad, y no al revés.

Entre los disertantes de esta posta se encuentra Angélica Urquiza. Es la madre de Jonathan Lezcano, quien fue asesinado ilegalmente por la Policía en julio de 2009. Inauguró la palabra de la ronda contando su lucha para lograr justicia por la muerte de su hijo. Su mensaje es alentador, ya que hace seis años que esperaba las recién llegadas explicaciones del acusado por el caso Santiago Veiga. A lo largo de todo este tiempo, el dolor se convirtió en su fuerza para poder seguir adelante. Luego le tocó el turno de contar su experiencia a la madre de Luisito García, Alejandra. Luis fue asesinado por la policía de la Villa 21 a sus 16 años, y el policía que el 12 de agosto de 2010 le disparó a quemarropa alegó haber disparado en defensa propia. Mientras Alejandra lloraba a su hijo, el eufemismo de “gatillo fácil” fue nuevamente el elegido para hablar del asesinato de villeros en los titulares de los diarios. El punto en común entre estas historias se hace cada vez más evidente: las fuerzas del estado, lejos de ser las de seguridad, son las fuerzas de la inseguridad.

Las propuestas de control en los barrios se difunden sin parar. Las principales herramientas a brindar a los vecinos son dos. Y esenciales. El cómo manejarse ante situaciones de abuso de autoridad y la exigencia a los policías de identificación. El propósito es evitar tantas violaciones a los derechos de los villeros, el sector más vulnerado hoy en día por las fuerzas de seguridad y la sociedad en general. Alejandra remarcaba que “Así como la policía hace trabajos de inteligencia, nosotros también. Tenemos inteligencia y tenemos que velar por nuestra seguridad ¿Quién mejor que nosotros mismos para cuidar de nuestros pibes?” además, aclaró “necesitamos más cloacas, no más policías con placas”

Tomó la palabra a continuación Pablo Pimentel, referente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos. Destacó la importancia de las organizaciones horizontales y del diálogo para afrontar la violencia institucional. Recordó la toma organizada en la Matanza que se realizó en la década del 60, donde se constituyó la Villa Palito. Allí fueron ubicadas más de 1500 familias, hasta ese entonces soportando condiciones muy precarias. Con mucho tiempo y trabajo lograron la anhelada auto-urbanización. Destacó la necesidad del cambio de paradigma, donde han de ser los habitantes del barrio quienes determinen trasformar su espacio urbano y político mediante el trabajo y la construcción con cooperativas vecinales. Aun hoy, las familias de Villa Palito habitan en el barrio que construyeron. Destacó también que el 30% de la población no cuente con una vivienda digna no es negligencia, es violencia institucional. Exigió también la necesaria negativa al protocolo represivo: “Los derechos se defienden o se violan”.

Siguió con la palabra Norita Cortiñas, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo Linea Fundadora. Tras el inevitable aplauso de pie por parte de todos los presentes, Norita compartió recuerdo de su hijo Gustavo, quien empezó su militancia en la capilla del Padre Mujica, de la Villa 31. Allí, pequeños avances de organización se vivían, y se viven aún hoy, como grandes triunfos. “Pasaron 39 años y yo no sé nada de mi hijo. Pero las madres, aunque siempre las autoridades nos trataron mal, hemos salido con más fuerza a luchar y a buscar a nuestros hijos. Orgullosas de ellos. Nadie debe cansarse de luchar. Salir a la calle no es solo valentía, es compromiso con la vida”. Agregó también que la movilización de este 24 de febrero será un momento clave, donde se juntaran causas como el apoyo a todos los despedidos y la lucha por la memoria. “En estos 60 días fuimos para atrás, se destruyeron muchos lugares de memoria”.

Cerro la ronda Vanesa, hermana del desaparecido Luciano Arruga. Remarcó la necesidad de fomentar este tipo de actividades para discutir entre todos y comprender la lógica de la violencia policial: “Estamos en un contexto político que nos obliga a buscar puntos de encuentro entre nosotros”. Comentó que existe una decisión muy clara desde el sistema político para que estos crímenes sigan ocurriendo, para invisibilizar y neutralizar a los pobres: “Los pobres para todos los problemas tenemos un lugar de encierro”. Hizo referencia a cárceles, hospitales mentales y de rehabilitación. También hospitales públicos que no apuntan a ayudar a mejorar si no a excluir a los pobres de la sociedad. “Sigo apostando a que se puede. Tenemos que tener una memoria dinámica. ¡Nosotros somos Maxi y Darío, y por eso no vamos a dejar de salir a las calles!”.

Finalizada la ronda de diálogo se volvieron a encender las antorchas, se levantaron las banderas y se reanudó la caminata. Ante la mirada atónita de los vecinos del barrio, la columna se dirige a Parque Las Heras a pasar la noche. La cita es en el obelisco a las 10 AM. Allí el Encuentro de los Pueblos pasará a unirse con las columnas de la marcha convocada por ATE. Para los presentes es importante unificar las voces y esperan con ansias el despuntar de la mañana. Una vez allí, acompañarse en la caminata final hasta la Plaza será unirse en el reclamo global hacia la Casa.

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