A poco de cumplir 30

En menos de diez días cumplo 30 años. No sé por qué es que estoy tan pensativo sobre ello, cuando cumplí 20 o 25 la fecha pasó de largo. (Recuerdo que ni siquiera festejé en esos años.) Debe ser que, como persona adulta que no puedo dejar de reconocer que soy, el paso del tiempo comienza a afectarme más de lo que me gustaría. En estos últimos días, meses incluso, me planteé mucho quién soy ahora, quien fui hasta hoy y quién quiero ser de ahora en más. Y tenía la necesidad de compartirlo, hacerlo público.

Hace diez años o más

Lo primero que me viene a la mente es aquello que hice hasta ahora y, sobre todo, qué quería de mi mismo hace unos diez o quince años. El contexto era diferente, ciertamente no era la persona que soy en este momento. A la mitad de mi edad actual estaba terminando la primaria y, por esos tiempos, no dejaba de repertirme y contarle a quien quisiera escuchar que mi vocación y futura profesión estaban en la medicina. Casi 180 meses después, estoy cursando el segundo año de Comunicación Social, luego de varios fracasos y cambios de carrera y universidad. Siento que estoy lo suficientemente conforme con lo que estudio en estos días, aunque tenga las mismas trabas que cualquier estudiante promedio.

Embebido en una persona clásica, sin mucha vuelta, entre mis 15 y 18 estaba seguro de que a los 28 iba a estar casado con la mujer de mis sueños, con dos hijos y en una casa diferente de la de mi familia. Estos ideales se reforzaron cuando atravesé mi época católica: luego de confirmarme dentro de una experiencia grupal, rara en mi adolescencia, me mantuve firme en una etapa de creencia religiosa muy fuerte. Formé parte de un grupo cristiano de reuniones semanales, yendo a retiros espirituales y jornadas los fines de semana. Más tarde entendí que lo que me gustaba de ese lugar no era lo que creía: no asistía por mi fe, lo hacía por sentirme parte y no ser rechazado. Todo lo cual llegó a su fin cuando dejé de ser la misma persona que era.

En el camino a mis 25 no solo perdí familiares (amigos se pierden siempre, aunque no mueran), perdí trabajos por ser demasiado idealista. Tengo pocas experiencias laborales, si analizo lo que fue. Varios de los trabajos que tuve los dejé voluntariamente, aun sin un piso económico estable donde apoyarme. Miro esos ejemplos y creo que fui egoísta desde un punto de vista, libre desde otra perspectiva. Hoy no encuentro un trabajo que me apasione, pienso que quizá no haya ninguno. Pero eso no se debe a que lo que se me ofrece no sea bueno, puede que siga (aun con 29) sin encontrarme.

En estos días

Hoy tengo un trabajo que me remunera mejor que el anterior, el cual tomé en estado de emergencia. Solo hace cinco meses que cambié y no lo soporto: no estoy conforme en el rubro que desempeño, con mis tareas ni mi grupo de trabajo. Quiero cambiar. Sin embargo, no salgo de mí buscando algo diferente, ni me aventuro en los proyectos laborales que planeo. Estoy seguro de que mi trabajo no está en una oficina, pero no encuentro algo que supla eso entre mis ofertas. A todos los que escucho me dicen que tengo capacidad para muchas cosas, pero no encuentro (ni busco) como probar eso. En definitiva, trabajar en un banco no es lo que quiero, ni lo que necesito. No quiero desempeñar mi profesión en un área que nada tenga que ver con ella, pero todavía no puedo salir de mi frasco y comenzar algo distinto.

Sin embargo, estoy conforme con mi vida académica. Existen cuestiones que mejoraría, claro. Pero creo haber encontrado una ciencia que me agrada, a la cual quisiera dedicarme más. A la comunicación llegué de costado, sin buscarla en realidad. Luego de fracasar en mi segundo intento universitario, llegué a estudiar periodismo. Sin buscar demasiado un lugar, empecé a cursar en un instituto privado, siendo que en ese momento no contaba con trabajo para sostener esa decisión. Cuando la cuota se me hizo insostenible (y entendí que seguir adelante hubiera sido más difícil de lo que fue abandonar), busqué alternativas en universidades públicas, con la intención de continuar en el camino del periodista que quería ser. Fue así que la casa de estudios de la ciudad de Quilmes (irónicamente ubicada en Bernal), se alzó como la posibilidad más fuerte. Y allí estoy hoy, ya sin tanto interés en el periodismo como en la investigación cultural.

De acá a diez años más

Por allí es donde, en estos días, veo mi camino. Hoy no quiero armar planes como hacía hace quince años atrás, no quiero generar historias estáticas que me decepcionen si no se realizan. Mis metas hoy son más cortas, pero no vivo solo el día (porque considero irresponsable esa decisión, aunque la respeto si otros la eligen). Quiero recibirme, poder concursar como investigador, mudarme aunque ello implique pagar un alquiler. Pero estoy abierto a las opciones que se me presenten.

Hay cuestiones a las que no puedo renunciar: no aceptaré seguir en un banco de por vida, ni en un rubro comercial si eso es lo que necesito hacer por unos años. Pero no quiero que mis 40 me encuentren infeliz, sin haber podido terminar mi carrera, o habiéndola terminado y no desempeñándola en un oficio que encuentre vacío, solo por motivos económicos.

Cuando cumpla 30 tengo que dejar de ser un nene asustado, con miedo de salir a la calle por una puerta, porque lo que tengo de este lado de la pared sea lo que conozco. Entiendo que quizá tenga que hacer sacrificios. Si bien no me gustan los balances anuales, la vida es en sí misma una balanza en la que debo pesar lo que tengo sobre lo que quiero conseguir, medir lo que me falta sobre lo que está, comparar todo y decidir.