Obsesión cumplida

Te daban por muerto. Decían que dabas lástima y que penabas por la fase de grupos. Las cosas no salían pero tenías el suficiente amor propio para seguir luchando y continuar con vida. Y te dejaron con vida. Te tuvieron agonizando y te dejaron vivo. Te subestimaron. Te ningunearon. Pero de nuevo, cometieron el error de dejarte vivo. Hoy sos campeón. River Plate señores, es el nuevo campeón de la Copa Libertadores, tras vencer por 3 a 0 a Tigres de Monterrey.

Nadie creía en River. Las comparaciones eran erroneas. Se hablaba del Beto, se hablaba del Enzo. Intentaban buscar en los libros de historia un equipo parecido a este. Algunos hablan del River del 86, otros buscan en las figuras del 96. Nada de eso. Este River tiene su propia marca personal.

La victoria se encontró en algo muy simple. De una lado estaba un equipo con más de 30 millones de dólares. El objetivo siempre fue la Libertadores para los hombres de Ferretti, los jugadores de Monterrey juraron ganarla. Pero no es lo mismo querer ganar una Copa, que tener la obsesión de conquistarla. Los guerreros de Gallardo, tenían esa obsesión.

River fue puro combate. Luchó y raspó. Le hizo pagar a las figuras de Tigre el rigor de la localía. A pesar de no tener demasiada claridad en ataque, River supo mantener a los mexicanos lejos de su arco. Cuando un aburrido partido prometía mantener el cero en ambos arcos, apareció esa contundencia y esa guapeza de la mano de un gran cabezazo de Alario.

El segundo tiempo fue un poco más de lo mismo y cuando el fútbol parecía estar del lado de los de amarillo, la guapeza de estos muchachos volvió: penal de Sanchez y el gol de Ramiro de pelota parada (recurso vital y fundamental de cualquier equipo campeón).

La lluvia cayó copiosamente. Alguien podrá decir que Dios quiso arruinar la fiesta, pero no fue así. Esta lluvia fue simbólica. Esta lluvia fue purificadora. El agua lavó los pecados, lavó las penas, lavó los errores. Esta lluvia fue un decorado épico. Fue un recordatorio de que muchos estuvieron en las malas y siguieron firmes para acompañar al equipo. Tal fue el caso del eterno ídolo, Fernando Cavenaghi, que volvió para sacar a River del fondo del mar y ubicarlo donde corresponde.

Todo lo que le sucede a este plantel y a la hinchada de River es porque lo merece. No existe punto de discusión. En este plantel hay historias. La de Cavenaghi, la del implacable Jony Maidana que descendió y hoy es el patrón de América. O tal vez Ramiro Funes Mori, que con ese apellido cargó con el infortunio de su hermano pero logró redimirse a puro corazón. ¿Y la historia de Napoleón? Ese Muñeco que no pudo retirarse jugando y hoy es la mente maestra de esta máquina de ganar.

River, gracias por hacer de esta obsesión una realidad.

Facundo Adamoli

@facuadamoli

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