Los Mitos de Cthulhu Vol.1 (H.P Lovecraft)

“Nada viene de la nada” dice Lovecraft en El Que Acecha En La Oscuridad. Y hace rato que todos sabemos que Lovecraft se creó a sí mismo, un género propio, el horror cósmico, que a pesar de tener su origen en las altas torres de Carcosa y la marca del Rey de Amarillo de Chambers, es en Lovecraft donde gana una mitología absoluta, que hasta el día de hoy rivaliza en el inconsciente colectivo, con los cultos del pretérito.

Howard Phillip Lovecraft construyó un sistema de creencias, de mitos oscuros, de dioses malignos que esperan pacientemente hasta su momento de ascenso para esclavizar y sodomizar a la raza humana y los situó a nuestras espaldas o frente a nuestra propia nariz. El horror está ahí afuera y si bien, llega desde las estrellas, sus agentes operan entre nosotros o en las profundidades de las ciudades que creemos, nos dan protección. Sectas herméticas que se mueven en las sombras, que secuestran, matan, conjuran tras los bastidores de la humanidad para destruirla de una vez por todas e invocar a sus antiguos maestros en una nueva era de horror. Y la amenaza es creíble y está perfectamente orquestada, de forma que no es difícil creer que Lovecraft sabía algo que nosotros no, y que tal vez era en sí mismo, un agente de fuerzas imposibles de imaginar.

Mucho se ha hablado de Lovecraft y su obra, y es en los prejuicios del autor donde quiero detenerme, porque son el principal argumento del detractor y al mismo tiempo, los cimientos en los que se han construido sus mitos: el horror viene desde afuera y es incomprensible. El horror habla en otra lengua y es diferente a nosotros. El horror, siempre es extranjero. Y así, en su racismo explícito, fue que Lovecraft construyó su terrorífico panteón, amparado por sus prejuicios.

Los cultos que aguardan el resurgir de los dioses primigenios están alejados de la civilización y los avances de la sociedad y la ciencia: son mestizos, negros, latinos, gitanos, vienen de asentamientos rurales donde predomina la endogamia y la herejía, son enemigos del mundo moderno porque Lovecraft los consideraba una raza inferior. Sus héroes, todos académicos o provenientes de lugares como Noruega, sientan la base de lo que el autor consideraba digno o “bueno”. Hombres blancos de ciencia, son todo lo que necesita la sociedad para combatir contra lo foráneo, contra lo incomprensible.

Pero más allá del prejuicio (intrínseco e inseparable de la obra) hay un narrador prodigioso que además de crear un género, influyó a un sinnúmero de autores brillantes y que hasta el día de hoy permanece actual en su forma de narrar el horror de lo indescriptible, que muchas veces es sutil y actual. En “El Color Que Cayó del Cielo” se habla de un terror extraterrestre y biológico que comienza a afectar la vida de un granjero y su familia de formas que mucho tiempo después vemos reflejado en “Aniquilación” (La película de Netflix basada en la obra de Jeff Vandeermere), o mucho antes en la filmografía de Carpenter o Cronenberg. El terror físico, el horror orgánico. En el largo y tenebrosos viaje de “El Caso de Charles Dexter Ward” teñido de cultos demoniacos y magia negra o en el apasionante relato de “El Horror De Dunwich”, con un personaje que apenas tiene un año ya puede comunicarse como un adulto y que a medida que avanza el relato va tomando la forma de una amenaza que no es de este mundo, como si fuera un oscuro prodigio espacial. Y en la forma testimonial en que se desarrollan sus historias, uno no puede sentir que poco a poco va cayendo en el influjo de ese mundo secreto y los horrores que moran en él.

A pesar de sus prejuicios, Lovecraft sobrevive al paso del tiempo con la fuerza de sus dioses ocultos y sus siniestros agentes humanos. Son sus horrores en las profundidades del lecho marino o en la hereje oscuridad del corazón humano, los que mantienen vivo el fuego de los dioses primigenios y la riqueza de su narrativa. Lovecraft creó en si mismo un género que luego fue expandido y enriquecido por otros autores, tal vez menos polémicos que él, pero es en su escritura, donde el horror cósmico brilla como el terror viscoso que asciende desde el abismo, porque él es su oscuro génesis y porque nada viene de la nada.