Vamos a volver.

Transcurrido prácticamente el tercer año de gestión macrista ya todos podemos tener una caracterización lo suficientemente sólida como para poder elegir si lo apoyamos o lo rechazamos y cuáles son cada una de las razones para eso. Es decir, ya no existe aquel empate técnico con el que arrancó la lenta carrera de agonía amarilla, con picos de popularidad bien marcados (relato de los bolsos de López 2016, legislativas 2017) y con bajones pronunciados como los ocasionados a partir de allí.

A nivel económico las cosas están claras, desde el primer anuncio de acuerdo con el FMI, la economía ya no depende del poder concentrado local. Por el contrario, son los empresarios y directorios quienes preocupados exigen al gobierno no derrape del todo para continuar con el saqueo y fuga. Quizás el caso más emblemático es el magnate Lewis, usurpador de las tierras mapuches, dueño de Edenor y IECSA, amigo personal de Macri, necesita sostener e incluso incrementar el negocio de las tarifas dolarizadas y para eso es necesario que el gobierno consiga aire político con el nuevo acuerdo con el fondo monetario que ahora asciende al total de 57mil millones de dólares.

En materia de comunicación, hasta las generales de octubre de 2017 el macrismo fue repetitivo con la mención / hartazgo de la pesada herencia, y sumado ese año algún que otro intento de recomposición del salario y de la AUH (siempre debajo de la inflación), le alcanzó para sostener la creencia de su electorado y gran parte de la población de que la cosa iba a funcionar. De allí en adelante, entró en un espiral descendente en el que fue perdiendo popularidad con un bajón pronunciado después de la aprobación en diciembre del ajuste previsional y la salvaje represión televisada. Hoy no queda del todo claro quién maneja la comunicación del gobierno, a tal punto que cada vez menos aparecen públicamente Vidal, Peña Braun o el mismo Durán Barba. Es el presidente Macri quien toma las riendas y furcio tras furcio cada día consigue superar al papelón anterior con espantosas conjugaciones verbales, chistes inoportunos, defensa pública de funcionarios en caída libre o el recien llegado análisis cotidiano futbolero con la final de la copa Libertadores. En síntesis, menos de sesenta días duró la primavera cambiemita, tan hegemónica para algunos que para otros solo quedaba pensar en 2023 porque total, ya todo estaba perdido.


En carta dirigida a John W. Cooke, el 8 de mayo de 1957, Perón decía lo siguiente:

Hacer llegar a todos la consigna y hacer que todos la ejecuten en la medida de sus fuerzas y capacidades es el problema de la hora. Ya todos saben lo que deben hacer y lo quieren hacer. Hay que buscar la manera de que lo hagan de la mejor manera y con unidad de ac­ción en lo general y de conjunto. Si se intensifica ahora la resistencia inteligente y bien dispuesta, golpeando donde duele y cuando duele, haciendo todo donde no está la fuerza y nada donde ésta se encuen­tra, terminaremos por desarticular la defensa de la canalla, anarqui­zar sus organizaciones, asustar a sus hombres, desgastar sus fuerzas y descomponerlas, llevar el derrotismo a sus comandos, hacer aue se peleen entre ellos y desarticular toda idea de conjunto. Nosotros debemos estar en condiciones de manejar el desorden cuando ellos quieran manejar el orden y no presentar batalla cuando ellos espe­ren que lo haremos, sino pequeños combates en todas partes a los que no podrán concurrir para defenderse. Por eso las acciones nuestras deben ir paulatinamente tomando un tono agresivo pero limitado, sin pasar a acciones mayores, porque nada hay mayor que el todo, sin que sea necesario hacerlo en una sola acción reunida.

El contexto era evidente, plena resistencia peronista a todo el poder de la fusiladora aunque bien puede ser útil para la actualidad. El macrismo nace con el juicio político a Ibarra y de allí en adelante, sobre todo desde 2007 a 2015, se dedicó a estudiar minuciosamente cada uno de los movimientos del kirchnerismo. A tal punto que independientemente del escudo mediático que lo rodea, realizó una construcción del estereotipo que necesitaba del kirchnerismo y así consiguió doblegar las fuerzas de gran parte del bloque kirchnerista provocando su alejamiento hace ya tiempo y también de aliados que supieron acompañar hasta el fin del mandato. En palabras de Perón, el pueblo argentino terminó siendo víctima del derrotismo impuesto al que lo llevaron. Lejos de ser una novedad, Néstor Kirchner solía incluir en sus discursos una cuota permanente de caricia al autoestima, no personal sino colectiva. Kirchner dedicó tanto tiempo a reconstruir política y económicamente como levantar sufridas almas argentinas que no estaban en condiciones de recibir más golpes en una tierra que ya las había golpeado demasiado.

Cristina, de otra manera, es cierto, privilegia sistemáticamente aquello de no ceder al derrotismo y poner siempre la mirada por lo que es necesario todavía resolver. Nos pone a laburar, bah. Cuando el macrismo más la quiso llevar al pasado, ella siempre encontró la forma, el momento y el lugar para transmitir diferentes mensajes hacia la reconstrucción del futuro. Fue dura con la dirigencia y comprensiva con quien debía serlo: en lugar de decir que el pueblo se equivoca, reivindicó el empoderamiento y organizó el modo con el frente ciudadano para reponerse a lo que fue una auténtica estafa electoral. En una vuelta de tuerca al asunto, Máximo recientemente agregó que Macri no estuvo a la altura de sus promesas. Y ella, que no promete pero enuncia e indica el horizonte del proyecto político, incluye ahora también a la igualdad de géneros y a la reconstrucción del lazo y del sentido regional latinoamericano que se suman a los pilares ‘nacional, popular, democrático’.


Ya no alcanza con dar testimonio, llegó el momento de reconfigurarnos como militantes de un proyecto que para transformar necesita espalda. ¿Cuántas reformas constitucionales podremos encarar con movilizaciones de 20 mil personas? ¿Cuánto va a durar la nacionalización de los recursos naturales antes del diluvio de fallos de cortes internacionales? Nicolás Casullo, en otra época decía que debíamos dejar de ser soldaditos a la interperie y volver a escuchar a las masas, volver a ser muchachos peronistas. Cristina, la más peronista de todas, sabe que todavía falta para la llegada de esa acción mayor a la que hacía referencia Perón en la carta a Cooke. Para salir del letargo, nada mejor que encontrar los espacios y los momentos para volver a aportar concretamente a una causa terriblemente justa y en la que se nos va la vida. Sin ánimo de escandalizar a nadie, hay que sumarse a militar. Si no gusta ninguna organización, demos una oportunidad a la que más prejuicio genere y el resultado seguramente sorprenderá. Si así y todo tampoco funciona, la experiencia balotaje de 2015 indica que igualmente nos vamos a ver en la calle en el momento que haya que estar. Cierta vez en una entrevista a Leonardo Favio le preguntaron qué haría en caso de saber que al día siguiente iba a morir por una causa militante. Contestó: "Antes que nada preguntaría bien a qué hora y donde porque no me gustaría ser impuntual".

Dejemos al derrotismo de lado y no perdamos la histórica oportunidad de recuperar la Patria. Para algunas cosas impuntuales jamás. Vamos a volver y tenemos que estar todes ahí.