La lógica del agronegocio vs la lógica del campesino en Paraguay

Luis Rojas

Luis Rojas Villagra, economista y uno de los más sólidos referentes de la Sociedad Paraguaya de Economía Política. Participó de uno de los paneles del Congreso Clacso que se desarrolló en Paraguay recientemente. Su exposición “El campesinado paraguayo, siglo y medio bajo la neocolonización mercantil” hace una descripción crítica desde el paradigma del conflicto y desde el materialismo a la realidad paraguaya actual.

Dejamos aquí una desgrabación textual para quienes quieran dialogar con su mirada, advirtiendo que se trata de una desgrabación de una exposición oral. Las negritas son nuestras para hacer más fácil la lectura:

…(Se refiere al periodo independista del gobierno del Doctor Francia) Una base agraria muy diversificada en base a pequeños productores, en base a empresas del Estado con las estancias de la patria; una participación muy fuerte del Estado y de la población rural en el sistema productivo generaron una época de florecimiento del campesinado en Paraguay. Después vino la guerra. No es momento de hablar de las causas de ese acontecimiento pero bueno, ocurrió la guerra donde el país perdió más o menos el 35 por ciento del territorio. Perdió la gran mayoría de la población masculina adulta, pero más allá de la guerra, la pos guerra es lo que va definiendo de manera fuerte la nueva estructura económica y social del Paraguay. Principalmente la estructura agraria. Se da entonces, a partir de la post guerra, un proceso de reestructuración económica, política, incluso cultural en el país. Y llamo la atención sobre esa reestructuración política jurídica que se va dando a partir de ese momento: el modelo anterior de autogestión, hay que superarlo digamos, en la nueva visión de las élites políticas y económicas dominantes en aquellas épocas. Entonces, se crea una nueva constitución nacional en 1870 que consagra el principio del centro de la propiedad privada como eje central de la organización jurídica y política del país.

La constitución nacional de 1870 creada sobre las ruinas humeantes de la guerra, ya una nueva constitución, el nuevo código civil 1877, siete años después de que termina la guerra, un código civil importado de la República Argentina. En Paraguay se aprueba el Código de Vélez Sarsfield vigente en Argentina. Se trae acá para garantizar el tema de la propiedad privada rural fundamentalmente, y bueno, los litigios en base a la propiedad. Y con ese escrito en realidad se colocaban las nuevas leyes de ventas de tierras públicas: se aprueban tres leyes bajo el gobierno de Bernardino Caballero (1883- 1885) Leyes de ventas de las tierras públicas en gran proporción, en gran superficie. No en pequeña proporción, o sea, el mínimo era una legua cuadrada. El mínimo que se vendía era 1800 hectáreas para arriba. El campesino y el indígena estaban por fuera de eso obviamente, por no tener capital y empieza el proceso de acelerada privatización de las tierras públicas en esos años. De los 30 millones de hectáreas con que contaba el Estado, se vendieron 25 millones en un periodo de 15 a 20 años más o menos, formando grandes latifundios extractivos de recursos naturales. Entonces, desde allí hablamos de un proceso de Neo Colonización.

Entonces, pasamos de una colonización de los siglos anteriores, por un periodo independiente y una neocoloniazicón. Esta neo colonización viene principalmente en términos económicos a partir de la propiedad latifundista de la tierra. Entonces, se va a estructurar desde la pos guerra un modelo agrario que podemos denominar “de una estructura latifundista- extractiva-agroexportadora”, o sea, en base a la gran propiedad –propiedades de un millón de hectáreas, 5 millones de hectáreas, 500 mil hectáreas- grandes latifundios extractivos para explotar recursos naturales: yerba, tanino, quebracho, madera fundamentalmente y agroexportador, o sea, orientado ya a la exportación de materia prima al mercado internacional. Ya no a satisfacer demandas del mercado interno -principalmente- de alimentos. Es el nuevo modelo que se instala en aquellos años. El periodo de estos grandes latifundios se va extendiendo en esa dinámica hasta 1950–1960 donde en coincidencia con el gobierno de Alfredo Stroessner empieza a darse proceso de modernización agrícola. De la inversión de capital para la mecanización en el campo, a partir del desarrollo de “la revolución verde” en el mundo: la mecanización, los insumos tecnológicos, los agrotóxicos, etc. Y empieza a darse la expansión de la frontera agrícola en el Paraguay, o sea, a convertir bosques, latifundios en tierras de cultivo y de pastoreo para ganado. En ese proceso de modernización agrícola excluyente, porque es intensivo en capital, fundamentalmente, y no en el trabajo del agricultor se va dando desde aquellos años (1950).

Desde 1980 empieza a entrar con fuerza — de 1980–1990- el concepto ya de mercado de tierras. En los 60 y 70 hubo una política de colonización. El stronismo llevó a población campesina a los bosques vírgenes, selvas, Alto Paraná, Caaguazú para habilitar la frontera agrícola, para desmontar, para incorporar a la actividad productiva. Hubo un proceso de colonización, pero esa colonización posteriormente se dio la vuelta. Es decir, se impulsó el mercado de tierra y los actores con más capital volvieron otra vez progresivamente a ir recuperando esas tierras entregadas a los campesinos en el proceso de colonización.

En esa revisión rápida del proceso histórico, llegamos hoy al siglo 21, donde nuestra estructura agraria se caracteriza por la enorme concentración de la tierra y la riqueza. Al concentrar la tierra, se va concentrando la riqueza que se genera en el campo, en manos de los propietarios y los actores más capitalizados de las cadenas: por ejemplo, las empresas agroexportadoras. Entonces, concentración de la tierra y la riqueza y al mismo tiempo, una permanencia violentada de los campesinos y los indígenas en el campo.

Hay una permanencia. Ese es un dato importante en Paraguay. En Paraguay, hablamos mucho de la des-campesinización, des-ruralización. En términos relativos es cierto: hoy en día el 35 % es de la población rural. 30 años atrás, era 65%. Hoy, el 65% de la población es urbano; en términos relativos. En términos absolutos: nunca hubo tanta población rural como hoy. Hoy tenemos 2.700.000 personas en el campo, tenemos casi 5 en la ciudad en las zonas urbanas. Pero tenemos 2.700.000 personas. Hace 20 años atrás, a inicios de la transición, había un millón y medio a dos millones de personas en el campo. O sea, en un proceso de descampesinización, hay más gente en el campo por el crecimiento demográfico a nivel nacional.

¿Qué subyace a todos estos procesos?

Subyacen visiones y prácticas opuestas sobre la tierra y la producción. Entre los diferentes actores. Simplificando mucho el esquema: entre el sector capitalista mercantil y el sector más tradicional históricamente hablando: el campesinado y los pueblos indígenas. Hay una visión, es decir, una cultura distinta, y desde mi punto de vista, incluso opuesta entre el actor capitalista y el actor campesino. Y en la práctica otra vez opuesta, o sea una economía distinta, con lógica distinta en cada caso.

Entonces, podemos hablar de modos de producción distintos en cada caso. Esto no es nada nuevo. Estamos hablando de discusiones de principio del 1900 donde se hablaba que el campesinado tenía un modo de producción no capitalista, modo de producción mercantil simple: es decir, recurría al mercado solamente para satisfacer algunas necesidades que no lograba satisfacer en su propia finca. Creo que esto es importante y subyace al conflicto esta diferencia en los modos de pensar, en la cultura y en la economía, en la forma de utilizar el territorio.

Entonces, por el lado campesino podemos hablar de que existe una visión distinta en relación a la propiedad de la tierra. En el mundo campesino, la relación de propiedad es una relación mucho más material con la tierra que una relación abstracta por medio de títulos, de papeles. El campesino se caracteriza por la ocupación directa del territorio. Hay una ocupación permanente, cotidiana, donde se trabaja todos los días. Se desarrolla una relación entre la familia campesina y el territorio, la tierra y sus recursos. Hay una transformación del entorno. Hay una transformación de la finca. El trabajo campesino transforma el entorno: genera vivienda, genera cultiva, genera huerta, genera camino, genera un montón de características de una finca. Son mejoras que en términos jurídicos son actos posesorios que demuestran la relación de la familia campesina con la tierra. Hay una relación material.

La familia campesina se arraiga a la tierra. A veces, yo pienso que la familia campesina es como una raíz. Ustedes, si ven una planta, no ven la raíz, pero si intentan quitar la planta, se dan cuenta que la raíz se agarra de la tierra, va creciendo en distintas dimensiones. Una planta a veces es difícil quitar de raíz. Algunas plantas están muy arraigadas, está agarrada de la tierra. Así es la familia campesina. Se agarra de la tierra, desarrolla su cultura y su producción con esa historia. Entonces, hay un proceso muy fuerte a partir de su cultura, su vivienda, su producción…históricamente de alimento para el autoconsumo.

La familia campesina históricamente privilegia el valor de uso de la tierra: o sea, “la tierra te sirve para satisfacer las necesidades, no como un bien de intercambio”. Se privilegia la producción de alimentos pero se complementa con renta. Con el mercado y la renta, con el desarrollo de la economía capitalista a los alrededores. Entonces, la tierra para el campesino es un medio de vida. El objetivo es la reproducción familiar y social. Una reproducción de una familia, una comunidad en su modo de ver, en su modo de vivir, en su cultura. No acumulando dinero y bienes sino acumulando bienestar: Tener comida, tener un ambiente sano, tener bosques, tener arroyo, tener árboles. Diríamos un Buen Vivir como se dice en América Latina.

Por otro lado, llega el modo de producción capitalista con sus lógicas propias donde la propiedad es un contrato, abstracto, un papel garantizado por el Estado. El actor capitalista, llámese productor mecanizado, ganadero, especulador inmobiliario, etc. privilegia las relaciones con el mercado, no con la tierra, no con el autoconsumo. No esa relación, sino cómo ganar dinero, cómo generar más dinero, más renta, más ganancia en el menor tiempo posible. Entonces, en la visión capitalista, la tierra es un factor de producción- no es un factor para la reproducción de la vida, del hábitat, de la cultura, etc. — y se lo usa con ese fin: una mercancía, valor de cambio. No para comer sino para vender. Lo que hoy en día se llama “commodities”. La finca empresarial produce commodities, materia prima para el mercado. La finca campesina produce alimentos y también rubros de renta para complementar.

El objetivo de la finca capitalista es la ganancia, el enriquecimiento, el crecimiento y como resultado: la expansión territorial. “Si vos querés ganar más, querés acumular, no te queda otra en el campo que expandirte territorialmente”. El actor capitalista busca su expansión territorial: comprar, arrendar, ocupar, utilizar la finca del vecino, llámese otro empresario, campesino, o comunidad indígena. El campesino no tiene una lógica expansiva, no está mirando encima del alambrado cómo va a ocupar la finca del vecino. Es una lógica de reproducción familiar contraria a la otra lógica.

¿Qué pasa en Paraguay? Desde 1870, en Paraguay, se impuso, a través de la violencia, la guerra, este modelo. Se captura al estado. Una élite liberal, en términos ideológicos, captura al estado e impone –en términos marxistas- una superestructura jurídica, política liberal sobre un modo de producción no capitalista: el modo campesino, el modo indígena, pero leyes que organizan ya el territorio en lógica capitalista. Entonces, ahí hay un acto de violencia extrema, de imponer una lógica jurídica de un tipo sobre bases económicas estructurales distintas. Y empieza el conflicto que va a durar 150 años, hasta la actualidad.

Entonces, en aquel proceso se imponen: primero, el derecho de propiedad privada garantizada por el Estado por sobre el derecho a la tierra, el derecho a la vida, el derecho a la alimentación de los pueblos rurales. Es más importante el título de propiedad que el arraigo de la gente en el campo. “Si una familia campesina estuvo 50 años en el campo, pero viene Juan Smit y tiene un papel que dice que él es el dueño, la familia y sus 50 años, afuera…acá está el papel”. Se impone la lógica del papel de la propiedad privada por sobre el derecho a la vida, a la tierra, de los demás actores rurales.

Se impone la función productivista por sobre la función social de la tierra. O sea, la tierra es para la producción, no es un factor de reproducción social, cultural, como históricamente había sido.

Se impone la producción de commodities por sobre la producción de alimentos para la familia y el mercado interno. Este largo conflicto se expresó en muchas leyes en este último tiempo. Las llamadas leyes de colonización y del hogar. Fíjense, las leyes que permiten el acceso a la tierra a la población campesina se llaman “leyes de colonización y del hogar”; “del hogar”, o sea, está implícito ahí que se está hablando ahí de vivienda, del hogar, de vida, de arraigo. Y tuvimos varias leyes, 1904, la primera. 1918, 1926, 1936 y después los Estatutos Agrarios: el Primer Estatuto Agrario en 1940; en segundo en 1963 y el tercero 2002. Todas estas leyes reflejan el conflicto rural: la demanda de tierras frente a una lógica capitalista excluyente, que no le conviene actor al campesino o al indígena sino que lo va excluyendo. Las leyes son conquistas parciales de los campesinos en la lucha por la tierra. Es resultado de la revolución mexicana, de la reforma agraria en varios países y tiene este camino para que el campesino acceda a la tierra.

El Estatuto Agrario en el Paraguay hoy lo aplica el INDERT, antes era el IBR. Adjudica el lote a la familia campesina. Le dice a la familia campesina “vos podés asentarte acá y producir”. La familia campesina se asienta en el lote, trabaja, produce, cultiva, cosecha y empieza a pagar el título de propiedad. Empieza a pagar esa tierra al INDERT. En Paraguay, normalmente diez años, diez cuotas anuales. Termina de pagar y tiene derecho al título de propiedad. Entonces, el campesino construye su derecho a la tierra. El campesino construye su título a partir de su trabajo, su cultivo, su vínculo con la tierra, va pagando hasta llegar a un punto que va a ser propietario de esa tierra. Esto está en la órbita del Estatuto Agrario.

En la órbita del ámbito civil, Código Civil, dónde se mueven los demás actores del mercado. El título de propiedad es el punto de partida. “Tengo plata, tengo capital, compro la tierra. Me dan el título, ahí ya soy propietario. Ahí, voy a empezar a producir”, entonces, es otra lógica. Mientras uno construye una relación material de arraigo con la tierra, el otro empieza con el papel, con el título, porque posee capital, y se van a dar lógicas distintas a partir de esa diferencia.

Lastimosamente en Paraguay — no sé cómo es en otros países- el Estatuto Agrario prohíbe la venta de los títulos de propiedad campesino solo por 10 años. O sea, se titula, después de 10 años de haber pagado, se titula la tierra y el Estatuto Agrario protege por diez años más. No se puede vender la propiedad o el lote por diez años. Pasan los diez años y se puede vender ese título a cualquier actor en el mercado. Eso dice la ley, pero no se respeta. Acá se vende, no ya el título al primer año de haber adquirido, sino la derechera. El proceso de pago ya se vende al actor que ofrece el dinero y la familia campesina se queda sin tierra.

Yo creo que la legislación no debería permitir que el título de la propiedad campesina se venda en el mercado de tierras como cualquier título. Tendría que haber una protección porque es un modo de producción distinta, con lógicas distintas, que no está acumulando capital, que está reproduciendo a una familia y una comunidad. Está produciendo alimento para esa familia y para el país. Entonces, debería de haber una protección jurídica frente a otro modelo que es expansivo, que usa capital, que usa varias estrategias para expandirse, hasta la fumigación, hasta la violencia armada muchas veces.

Y en resumen, estos 150 años que han pasado en Paraguay de aquella guerra, ha mostrado que en un marco de una economía de tipo capitalista con instituciones liberales jurídicas se da un proceso de transferencia de tierras campesinas hacia el sector capitalista, pero no total, sino parcial, violenta y contradictoria, donde mucha de la población campesina se resiste, se opone a ese proceso e incluso derribando teorías. La teoría de la modernización agraria liberal, que dice que se va a modernizar el campo y que los campesinos van a ser obreros, no se da. No hay capacidad en las ciudades de absorber esa mano de obra.

Hay una vocación y una decisión de permanecer en el campo en un proceso violento, contradictorio, donde el actor débil es el sector campesino frente a actores de mucho poder económico que controlan el Estado y que desean las tierras de los campesinos. Las pocas tierras que ya poseen, estamos hablando de 2 millones de hectáreas en un país de 40. Entonces, esa es la situación campesina hoy. Creo que el futuro merece que la población campesina e indígena siga teniendo derechos y viviendo en el campo, pero no va a ser porque sí nomás. Las tendencias son contrarias a eso. Y habrá que ser actores para que eso sea distinto.