
En dos años la vida se llevó a dos personas importantes para mi, dos personas jóvenes, dos personas con un corazón enorme, dos que se reían siempre, dos que si te veían llorar te acercaban un beso, un abrazo, un mate, un alivio.
Nadie se puede acostumbrar a la muerte o verla cercana, porque en todos los casos siempre es una mierda que te destroza el corazón en veinte mil pedazos, que te deja el alma hecha un bollo de papel, que se lleva tus fuerzas, que te hace sentir tan chiquito como una hormiga, tan mínimo, tan nada.
Recuerdo haber llorado un océano, recuerdo haber puteado con todas las fuerzas de mi cuerpo, recuerdo haber sentido algo parecido al abandono, recuerdo haber preguntado mil veces por qué, recuerdo haber golpeado una mesa tantas veces como mi mano aguantó. Recuerdo un montón de sentimientos feos, desde angustia hasta desprotección.
Pero recuerdo aún más todas las veces que esas personas me abrazaron, me regalaron una sonrisa, un beso, el compartir una buena noticia, un café, algo tan simple pero valioso como una mirada cómplice, todas las veces que confiaron en mi, que creyeron en mi. Recuerdo tardes de charlas, noches en silencio mientras una película era nuestra mejor canción, mañanas de mates, facturas y buenos días. Recuerdo tantas cosas hermosas que hoy vienen a mi y me dicen: ‘Boluda, cortala. Todo esto está con vos, todo esto te dejamos’.
Y sí, porque en definitiva, el tiempo me hace ver — cada vez más — que eso somos: todo lo que dejamos, esa semilla preciosa que germinó en el corazón del otro que nos va a recordar primero con una lágrima pero después con una sonrisa enorme que seguro lleva una anécdota atrás.
Y cuando por suerte recuerdo (una vez más) todo esto que ahora sólo expreso en palabras, me doy cuenta de lo inútil que es pelear por giladas, del tiempo que perdemos en enojos idiotas, en personas que no valen un minuto mientras descuidamos al que se desvive por nosotros. La vida puede ser muy hija de puta, claro está pero también puede ser muy linda. En una oportunidad, mi hermano me dijo algo así como: “La vida siempre te va a golpear pero también te va a dar para que sigas de pie”.
Sigamos de pie recordando a nuestros seres amados de la mejor manera, con risas, con alegría, con amor. El amor cura, el amor salva. SIEMPRE
Y grabo a fuego esto que aprendí: No te llevas un carajo de esta vida pero dejás todo lo que fuiste.