La libertad espiritual

Por el gran sabio y mártir Murteza Motahhari (r.a)
Extraído del libro: Discursos espirituales
Traducción del inglés al español: Hasan Abdul Alí Bize

“…les descargará (el Profeta) del fardo que sobre ellos pesaba, y los liberará de las cadenas que los agobian…” (7:157)

La semana pasada mencioné que nuestra discusión consistía de tres partes: el significado de la libertad, los dos tipos de libertad — a saber la libertad social y la libertad espiritual — , y la interdependencia mutua de estos dos tipos de libertad, especialmente la dependencia de la libertad social respecto de la espiritual.

Esta noche deseo dedicarme al tema de la libertad espiritual, a su significado y necesidad para el género humano. Y esto es particularmente imperativo porque en la actualidad se presta muy poca atención a la libertad espiritual en las sociedades humanas, lo cual provoca muchos de los problemas modernos.

Esto es tan evidente que mucha gente considera la libertad espiritual como algo abolido, aún cuando la necesidad que de ella tenemos es mucho mayor que en el pasado.

¿Qué significa libertad espiritual? Hablar de libertad requiere de dos componentes, para decir que uno se libera del vínculo con el otro. En la libertad espiritual, ¿de qué debe liberarse el hombre? La libertad espiritual es la liberación del propio ego, en contraste con la libertad social que es la liberación de las ataduras (o limitaciones injustas) que nos imponen los otros.

En este punto uno podría preguntarse si el ser humano puede ser esclavizado por el ego. ¿Puede una persona ser al mismo tiempo el esclavo y el propietario del esclavo? La respuesta es afirmativa. Para el caso de los animales puede que esto no sea cierto. ¿Pero que hay respecto de esta extraña criatura llamada hombre? ¿Cómo es posible para él ser al mismo tiempo el esclavo y el amo?

La razón es que el ser humano es una criatura compleja, y esto es un hecho que ha sido confirmado por la religión, la filosofía, la ciencia y la psicología, y del que no cabe la menor duda.

Comencemos con una interpretación del Sagrado Corán, de un versículo que habla de la creación del hombre y que dice: “(Dijo Dios a los ángeles) Y cuando le haya formado (a Adán, el primer hombre) y le haya insuflado de Mi Espíritu, ¡prosternáos ante él!” (15:29).

No es necesario comprender aquí qué es el Espíritu divino, sino que es suficiente saber que este ser terrenal está dotado de algo que está más allá de la materia. Según una tradición del Profeta, Dios creó a los ángeles y los dotó solamente con el intelecto, sin pasiones ni ira; y creó a los animales y les dio solamente apetitos e ira, pero no intelecto; pero creó al hombre dotándolo de ambas cosas: el intelecto y las pasiones y la ira. Tal tradición es usada en un profundo poema de Rumi1.

Ahora bien, luego de leer estos versículos del Sagrado Corán, y de citar la tradición profética y la opinión de los filósofos, ¿qué significa realmente la libertad espiritual, expresada en un lenguaje llano y simple?
 
Comenzaremos con algo que todos pueden comprender. Indudablemente todos nosotros necesitamos comida para vivir, y cuanto más haya de ella mejor; y necesitamos vestidos, y cuanto más finos y delicados, mejor es.

Y necesitamos una morada, y obviamente cuanto más grande, cómoda y lujosa, mejor será. Y así siguiendo: deseamos esposa, hijos, lujos, dinero y cosas materiales. Pero en algún punto podemos alcanzar una encrucijada donde debamos conservar nuestro honor y nobleza y conformarnos con la pobreza, comiendo pan seco usando vestidos raídos, viviendo en una pobre choza, sin recursos y angustiados. Si ignoramos nuestro honor y nobleza y nos sometemos a la humillación, entonces todos los beneficios materiales nos serán suministrados. Vemos que mucha gente no está dispuesta a sufrir la humillación por las cosas materiales, mientras que otras personas aceptan prestamente este trueque, aún cuando ellos y sus conciencias se sientan avergonzados de sí mismos.

En su libro Gulistán, Sa‘dí2 cuenta la anécdota de dos hermanos, uno de los cuales era rico y el otro pobre. El primero estaba al servicio del gobierno y el otro era un obrero que proveía a su manutención con su labor manual. Un día el hermano rico le dijo al pobre: “¿Por qué no aceptas un puesto en el gobierno y te liberas de la angustia y la dificultad?”.

A lo que el hermano pobre respondió: “¿Por qué no trabajas y te liberas de la humillación?” Este tipo de servicio, con toda la riqueza que lo acompaña, significa enajenar la libertad, porque implica inclinarse ante los demás y ser humillado. Sa‘dí continúa diciendo que, según el sabio, sentarse a comer el propio pan es mucho mejor que usar un cinturón de oro y permanecer parado sirviendo a otros. Puede que ustedes estén bien al tanto respecto de este asunto, pero deseo de todas maneras que lo analicen desde un punto de vista psicológico.

¿Qué sentimiento hace que un ser humano prefiera el dolor y la dificultad, el trabajo y la pobreza, a humillarse delante de otros? El hombre considera una suerte de cautividad el servir a otros, aunque no se trata de un tipo de esclavitud material. No es su fuerza o su cuerpo lo que resulta esclavizado, sino el espíritu. Hay unos versos que se atribuyen a ‘Alí, con él sea la paz, y que dicen:

“Trabaja como el esclavo si deseas ser libre, y corta toda esperanza de poseer la riqueza de los hijos de Adán (e.d.: los hombres) de cualquier de ellos, incluso de Hatam Ta’i3 Y no tengas expectativas, ni de la gente mezquina ni de los generosos.”

Y sigue diciendo que cuando una tarea es ofrecida a alguien, esa persona considera por debajo de su dignidad el aceptarla. El o ella piensan que todo tipo de trabajo manual es algo indigno. Pero ‘Alí (P) cree que todo tipo de trabajo y tarea es mejor que extender tus manos a los otros suplicando algo.

Dice: “Nada es peor que ir a otros a suplicarles algo”. No tener necesidad de los otros es ser superior a ellos. Una vez me crucé con una observación de Hafiz, — que era un hombre de extraordinaria elocuencia y tenía un profundo respeto por ‘Alí — , donde ha citado nueve dichos suyos que son importantes para nuestra discusión. Uno de ellos decía: “Tú puedes estar necesitado, pero recuerda que si tienes necesidad de alguien te convertirás en su esclavo. En cambio si te apartas de esa necesidad, serás igual a él; y si muestras benevolencia a alguien, entonces serás su señor”.

Pueden ver entonces que nuestras necesidades nos hacen esclavos de algo o alguien. ¿De qué tipo de esclavitud? La esclavitud del espíritu. Estos dichos son sutiles y profundos, pero hoy día son desatendidos dado que los hombres prefieren discutir otros problemas y prestan poca atención a las cuestiones éticas. También Alí (P) dijo una vez: “La codicia es una esclavitud perpetua”.

El consideraba entonces a la codicia como peor que la esclavitud. Pues aquí la esclavitud espiritual (representada por la codicia) es calificada como algo peor que la esclavitud física. Y existe también una esclavitud respecto de la riqueza, sobre la cual han advertido todos los moralistas a la humanidad.

Otro dicho de Alí (P) es: “El mundo es un lugar de paso, no de residencia (permanente)”. Y dijo: “Hay dos grupos de gente en el mundo. Uno de esos grupos son los que vienen, se venden y se esclavizan y se van; el otro grupo es el de los que vienen, compran su libertad y se van”. Estas dos actitudes pueden ser aplicadas además a la riqueza, sea que se sea esclavo o se esté libre
de ella. Todo ser humano debe plantearse no ser esclavo de la riqueza, y cuestionarse a sí mismo: “Soy un ser humano. ¿Por qué he de esclavizarme a cosas inanimadas como el oro, la plata, las tierras y otras similares?”

Pero lo cierto es que cuando una persona se piensa esclava de la riqueza, en realidad es un esclavo de sus características mentales, un esclavo de su codicia y de sus apetitos animales. Porque las cosas inanimadas como el dinero, la tierra, las máquinas e incluso los animales, no tienen poder para esclavizar a esa persona. Cuando uno analiza en profundidad este asunto descubre que el origen de la esclavitud son las propias inclinaciones del alma, como la codicia, la concupiscencia, la pasión, la ira y demás deseos carnales.

Dice el Sagrado Corán al respecto: “¿Qué opinas de quien toma a sus pasiones por dios?” (45:23)

La riqueza por sí misma no es algo despreciable cuando uno está atento a sus propios deseos.De esta forma, si uno se libera a sí mismo de la codicia, verá que no está al servicio de la riqueza.
Es entonces que uno encuentra y descubre su verdadera valía (como hombre), y comprende el significado de este versículo del Corán: “El (Dios) es quien creó para vosotros (hombres) todo cuanto hay en la tierra” (2:29).

Las riquezas están entonces al servicio del ser humano, y no a la inversa. Si es así, entonces la envidia y la avaricia también carecen de sentido, y si uno se ata a ellas se está por ende esclavizando a sí mismo. En suma, existen dos estadios bien definidos para el ser humano: un estadio inferior, animal, y otro superior, el verdaderamente humano.

Los Profetas (P) son enviados para preservar (y recuperar) la libertad espiritual de la humanidad.

¿Qué significa esto? Significa impedir que el honor del hombre, que su humanidad, inteligencia y conciencia sean humilladas por las pasiones y el amor por la ganancia. Si ustedes controlan su pasión, entonces serán libres.

Sólo si conquistan sus deseos, y no a la inversa (no son dominados por ellos), serán verdaderamente libres. Si se les presenta la oportunidad de obtener una ganancia ilegítima, pero su fe y su conciencia le impiden hacerlo, entonces puede decirse que se han impuesto sobre sus pasiones y que son espiritualmente libres.

Si ven a una mujer pero controlan sus deseos lujuriosos y obedecen a su conciencia, entonces son hombres libres; pero si tanto sus oídos como sus estómagos los incitan a satisfacerlos a cualquier costo, entonces son sus esclavos. El ser humano está dominado por dos tipos de ego: un ego animal y un ego humano. Este hecho y este contraste están muy bien ilustrados en una anécdota de la leyenda de Maynun4 y el camello que Rumi expone.

CONTINUARÁ…

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