Bill Cosby: de héroe a villano

Cuando un hombre de conducta intachable, buenos modales y carisma nato es “obligado” a quitarse la máscara y revelar su verdadera cara, el show no debe continuar. Porque una simple pero durísima acusación puede abrir puertas muy oscuras, puertas de las cuales no es posible regresar a enfrentar la realidad con normalidad y, mucho menos, maquillarla como si la vida se tratara de un espectáculo de televisión…

Mil novecientos ochenta y cuatro fue un buen año, si se quiere, para los Estados Unidos de América. Dentro del marco político, el republicano Ronald Reagan volvía a quedarse con la presidencia del país -esta vez de manera contundente- junto a George H. W. Bush como vicepresidente. Y, dentro del marco televisivo, series de comedia como “Diff’rent Strokes” (o “Blanco y negro”, como se la conoció en varios países de habla hispana) continuaban llenando de risas los hogares de las familias norteamericanas. De todas formas, esta famosa sitcom no iba a ser la única con protagonistas de piel negra de la época. Porque, en septiembre del mencionado año, la cadena NBC iba a estrenar “The Cosby Show”, un programa sobre la historia de vida de una familia afroamericana de Brooklyn, Nueva York, que estaba listo para definir la cultura de la década. ¿Y quién iba a encarnar al personaje principal de esta novedosa serie televisiva? Nada más ni nada menos que Bill Cosby, un hombre correcto, lleno de gracia y perteneciente al mundo del stand-up, un estilo de comedia que había crecido en demasía durante los años ochenta. Con el transcurso de las temporadas, “The Cosby Show” adquirió un gran número de seguidores y, a su vez, reforzó la popularidad de su “jugador estrella”, que era visto en casi todo el país como un modelo a seguir. Pero, ¿por qué treinta años después pasó de ser el héroe más aclamado al villano más repudiado por todos?

En septiembre de 2014, Hannibal Buress, un joven pero respetado comediante, infiltró un comentario “diferente” durante una de sus habituales presentaciones y, quizás sin grandes intenciones de dañar la limpia imagen de Bill Cosby, inició una ola de cuestionamientos y denuncias que, hasta el día de hoy, persiguen al reconocido actor. “Cuando se vayan de aquí, googleen ‘Bill Cosby violador’; esa porquería tiene más resultados que Hannibal Buress”, exclamó el comediante ante cientos de espectadores. Tras esta durísima declaración -que en principio pareció formar parte de un usual acto de comedia-, varias mujeres decidieron alzar sus voces para hacer públicas las historias más aterradoras, que vinculaban de manera directa a uno de los hombres más protegidos por los medios y la sociedad estadounidense.

Recién en julio de este año, la revista New York Magazine publicó en una de sus ediciones el impactante caso de treinta y cinco mujeres que, lejos del temor que las había asechado años atrás, confesaron abiertamente los abusos que sufrieron en manos del experimentado comediante. Y, para que el asunto tomara el protagonismo que se merecía, la directora fotográfica del semanario tuvo una idea fenomenal para la portada: contactar a todas las mujeres que habían sido presuntamente violadas por Bill Cosby, sentarlas sobre una silla y ubicarlas en fila una detrás de otra dejando solamente un puesto libre -en referencia a las personas que aún no se armaron de coraje para denunciar al actor-. Gracias a esta ocurrencia, la publicación alcanzó un grado de popularidad impresionante al haber sido levantada por diversos medios internacionales, los cuales abordaron el tema brindándole la cuota de seriedad y respeto que tanto necesitaba. Todo por las víctimas y, principalmente, por la revelación del verdadero rostro de Cosby.


Tiempos de cambio

Durante las épocas doradas de “The Cosby Show”, la discriminación racial era, tristemente, uno de los problemas más grandes de Estados Unidos. Quizás no reinaba con total plenitud como lo había hecho años atrás, pero se hacía notar en prácticamente todas las ciudades del país. Las crueles “diferencias” entre blancos y negros podían verse reflejadas en diversos ámbitos comunicacionales como, por ejemplo, la televisión. No era algo habitual que en las series más aclamadas del momento se observara a una persona afroamericana con las características del héroe o salvador ideal. Generalmente eran vistos como esclavos o sirvientes de los blancos, situación que puede apreciarse claramente en la novela “Uncle Tom’s Cabin” (o “La cabaña del tío Tom”, en su traducción al idioma español), donde la esclavización formaba parte del tema principal de la obra.

En contraposición a lo mencionado, durante la década del ochenta existieron sitcoms sumamente reconocidas como “Diff’rent Strokes” (o “Blanco y negro”, como se la conoció en varios países de habla hispana), donde los protagonistas eran dos niños de piel negra que convivían junto a una familia blanca en un gigantesco penthouse situado en Park Avenue, Nueva York. Arnold Jackson, encarnado en el cuerpo del fallecido actor Gary Coleman, marcó una época. Con su divertida frase “What are you talking about, Willis?” (“¿De qué estás hablando, Willis?”), se ganó el corazón de millones de televidentes alrededor del mundo.

Cuando “Diff’rent Strokes” cumplió su ciclo -llegó a completar ocho temporadas-, “The Cosby Show” entró en acción para escribir su nombre en la historia grande de la televisión norteamericana, con Bill Cosby como máximo exponente. La vida de los Huxtable, una familia afroamericana de Brooklyn, Nueva York, atrapó a millones de espectadores gracias a sus divertidos e hilarantes comentarios y, por un tiempo, consiguió minimizar la estigmatización que se daba entre blancos y negros.

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