El proceso de prender la computadora

Sin pensarlo mi dedo se precipita a una velocidad de unos 10 m/s al botón de prendido y, es ahí cuando se inicia un trámite que tarda en total, más o menos, un cerrar y abrir de ojos en terminarse. La orden llega sin interrupciones hacia la placa madre, donde esta señora, grandota, elocuente, ágil y esencial para la vida de los otros componentes que la rodean decide iniciar el diligencia sin demoras. Todavía el ojo no terminó de cerrarse que ya el procesador, con sus aires de presumido pone en funcionamiento sus cargas eléctricas y le comenta a los demás que es hora de ponerse a trabajar. Enseguida, y sin hacer ni una mueca, las memorias RAM, que generalmente andan de a pares o a veces hasta forman un vecindario de superficie verde y amarillo, son llamadas a tomar el mando de la formalidad y se ponen a la orden de todo el ordenador, sin chistar empiezan a guardar y entregar información a velocidades poco imaginables y, cuando el ojo aún no está cerrado, es cuando el cadete del Disco Duro entra en el juego, su función es clara y concisa: está encargado -aunque a veces falle- de recordarle a la señora placa madre en qué estaba el expediente pasado, además de tener la enorme responsabilidad de escribir y archivar toda la información relevante. Es acá que otros componentes, que aunque no sean especificados, no por eso no son importantes, salen a la cancha y dan por finalizado el papeleo. El trámite está listo. El ojo abre y ve la pantalla iniciando el legajo del Sistema Operativo.
Francisco Cobas
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