¿Somos tan igualiticos?
Nos llegó la hora de hablar sobre un tema por mucho tiempo postergado: la desigualdad en Costa Rica. Por la sola convicción de tomar acciones pronto, es necesario posicionar en el debate, la relevancia de revertir los resultados del cambio de modelo de desarrollo en la desigualdad de los ingresos en nuestro país.
En primer lugar, es posible hablar de diversos tipos de desigualdad; de ingresos, de riqueza, de oportunidades, de acceso. Desigualdades que tienen su expresión en lo territorial (urbano-rural), entre géneros (“techo de cristal”, “impuestos rosados”) y en la misma toma de decisiones de la política pública (“captura de las élites”). Por ahora, este artículo dará énfasis al tema de los ingresos.
Estudios recientes de la OCDE para el caso de Costa Rica ponen en evidencia datos importantes. La política económica y social de un país — y del mundo — tienen intrínsecamente implicaciones para el aumento o la reducción de la desigualdad. Uno de esos estudios toma como base trabajos previos de Juan Diego Trejos, investigador en temas de pobreza y desigualdad. Tiene como coautora a mi colega Mabel Gabriel, economista del Banco de México. La metodología del estudio fue utilizada en un trabajo reciente de mi autoría para el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica, aún no publicado.
Sobre la trayectoria de la desigualdad:
La tendencia de los últimos 30 años es el crecimiento de la desigualdad en la distribución de los ingresos. Si bien se ha mantenido constante en los últimos 3 años — cosa que no es menor — resta mucho por hacer. En promedio, el 10% de la personas más ricas en Costa Rica tienen un ingreso 25 veces más alto que el ingreso del 10% de personas más pobres.

Sobre la composición de la desigualdad:
El estudio mencionado utiliza una técnica estadística para desagregar el coeficiente de Gini por fuente de ingresos e indagar cómo se compone esa desigualdad. El cuadro que contiene los resultados para el período 2010–2014 es el siguiente:

¿Cómo se interpretan estos datos?
- Los retornos de la educación
Un análisis equivocado podría llevar a pensar que la raíz de la desigualdad en Costa Rica está en los denominados pluses del sector público. Sobre el particular, los datos refutan esta tesis.
Tanto en el sector público como en el privado, se observa una diferencia importante en el aporte que hacen los salarios de personas trabajadoras calificadas, en comparación con las no calificadas. Los ingresos de los empleos calificados son la principal fuente de desigualdad. Esto se puede explicar por la existencia de altas tasas de retornos de la educación en nuestro país, que han venido en aumento y que son de las más altas en la región latinoamericana.
El estudio de la OCDE también menciona que los trabajadores con educación superior ganan en promedio casi cuatro veces más que los que solo tienen educación primaria y aproximadamente dos veces más que los que tienen educación secundaria. Además, señalan que quienes completaron la
educación secundaria ganan alrededor de 1,8 veces más que aquellos con educación primaria o menos.
¿Qué nos dice esto en relación con las políticas públicas? Que es necesario continuar avanzando en garantizar acceso al sistema educativo, y que no solo mediante aumentos en la cobertura o reducción de las exclusiones, sino también en términos de la calidad de la educación. La aprobación reciente del proyecto de educación dual es un paso en la dirección correcta. Otro artículo habrá que escribir para comentar el tema de las diferencias en la calidad de la educación en función de la capacidad adquisitiva, es decir, la desigualdad potenciando la desigualdad.
2. El incumplimiento del salario mínimo
Otra de las explicaciones para esas disparidades entre trabajadores calificados y no calificados tiene que ver con el cumplimiento de derechos labores, principalmente el salario mínimo. Otro informe de la OCDE, en este caso el de análisis del mercado de trabajo y de políticas sociales, señala lo siguiente: “Casi un cuarto de los trabajadores en el sector privado (25% en el sector formal y 60% en el informal) ganan menos del salario mínimo, entre los cuales están sobre-representados los jóvenes, las mujeres y los de zonas rurales. Inmigrantes, personas con discapacidad, trabajadores del agro, construcción y servicio doméstico son también grupos afectados por el no cumplimiento del salario mínimo”. El mismo estudio recomienda a Costa Rica fortalecer los servicios de inspección laboral del Ministerio de Trabajo para garantizar el cumplimiento de estos derechos constitucionales. Empleos dignos y remuneraciones justas permitirían reducir la desigualdad.
3. Las rentas empresariales
Aparte de los sueldos y salarios, la renta empresarial es la segunda fuente de ingresos que abona a la desigualdad. Los retornos de la educación, que han venido en aumento en Costa Rica, también se expresan en los ingresos obtenidos por los trabajadores por cuenta propia profesionales y técnicos: se observa una contribución relativa a la desigualdad entre los cuenta propia con mayor escolaridad. También se observa que los empleadores tienden a ubicarse en el sector servicios y menos en el agro, siendo el sector terciario más dinámico que el agrícola.
4. La política social selectiva
Por su parte, las ayudas sociales, principalmente las pensiones del régimen no contributivo y los subsidios del IMAS, son la única fuente de ingresos que genera una contribución negativa al coeficiente de Gini, es decir, son una fuente de reducción de las disparidades. Esto se explica por una expansión de estas transferencias a los hogares en términos reales y también por una distribución enfocada en los primeros deciles. La reforma a la ley del Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (FODESAF) en 2009, garantizó el financiamiento para programas sociales que, a su vez, han venido mejorando su focalización hacia hogares de menores ingresos. No obstante,
el aporte relativo de las ayudas sociales sigue siendo bajo en comparación con otros países.
¿Y el rol de la política fiscal?
Casi un siglo después, se mantiene vigente la visión del expresidente Alfredo González Flores:
“Que cada uno contribuya en la medida de su capacidad económica y que crezca progresivamente la contribución para los más pudientes…”
La política fiscal es mucho más que hablar del déficit o del superávit. Es mucho más que buscar los ingresos para financiar la prestación de servicios públicos o la construcción de obra. La política fiscal también tiene una función redistributiva — o al menos debería de tener esa función.
Lo que nos dice el estudio económico de la OCDE es que la política fiscal en Costa Rica tiene poca incidencia en la reducción de la desigualdad. En el siguiente gráfico, vemos que los países desarrollados logran reducir la desigualdad por medio de impuestos y transferencias entre hogares, mientras que los países latinoamericanos no.

Cuando se toma en consideración la inversión social (educación, salud, nutrición y cuido infantil) sí se observa una reducción de la desigualdad para el caso de Costa Rica. El 40% de los hogares más pobres recibe el 50% de estos servicios sociales, porque esta inversión social tiende a ser progresiva. Si se considera el valor monetario de estos servicios, la desigualdad medida por el coeficiente de Gini es aproximadamente un 20% menor. Garantizar y fortalecer nuestro Estado Social da réditos importantes, no solo en las cifras, también en los niveles de bienestar de la población.

Algunos avances recientes en una mayor progresividad en la recaudación tributaria en Costa Rica están dados por medidas para reducir la evasión como la factura electrónica y el registro de beneficiarios finales. La Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas también tendrá — cuando se apliquen todas sus disposiciones — una mayor progresividad, según estudio del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas. Medidas para controlar la evasión y la elusión se incorporaron en esa reforma fiscal. No obstante, quedan pendientes otras medidas, como algunas que se señalaron en el marco de la investigación de los Panama Papers. El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz incluso propone una respuesta global para reducir esas prácticas evasivas y elusivas transnacionales a las que solo tienen acceso quienes logran asumir altos costos de transacción (flujos de capitales, bufetes internacionales, etc).
¿Hacia adónde vamos?
“Procurar el más adecuado reparto de la riqueza”, más que una obligación ética es también un mandato constitucional. Desde el punto de vista económico, además, la desigualdad es ineficiente.
Particular atención hay que prestar a nuestro modelo productivo, que después de la apertura comercial generó una dualidad en el mercado de trabajo: una economía especializada y dinámica, por una parte, ofrece mejores remuneraciones a trabajadores técnicos y profesionales; mientras que otros sectores más intensivos en mano de obra no calificada ofrecen salarios o ganancias más bajos.
El reto no es pequeño, pero con el norte claro y tomando como base nuestro sistema democrático y nuestro contrato social, es posible revertir esa tendencia odiosa. Un modelo democrático que todavía garantiza diálogos multisectoriales y un contrato social que da base a un modelo de Estado solidario que se refleja en el sistema de protección, salud y educación, permitirán avanzar por una senda de mayor inclusión y cohesión social.