La #EstrategiaCartes
Y llegó el gran día.
Llegó el día en el que las nucleaciones políticas definirán la cancha para las elecciones municipales de noviembre próximo. El día en el que la gente deberá premiar o castigar con la guillotina más afilada el desempeño de quienes han recibido su confianza, para luego traicionarla. No perdamos de vista este factor, no deberíamos premiar a quienes se han burlado de vos, de mi, de todos.

Pero ciñámonos a un caso puntual sobre el cual, coincidentemente, están todas las luces puestas.
El Partido Colorado tiene dos desafíos en simultáneo en los que el cartismo y la fuerza opositora (G15) se tendrán que ver las caras en una pulseada en la que está en juego el ya iconizado «nuevo rumbo» del partido. Quizá el nuevo rumbo colorado llegue antes a sus afiliados, para luego así, se concrete el que nos habían prometido hace ya dos años, quién sabe.
Sobre el interés del Presidente Horacio Cartes, hacia la victoria de Arnaldo Samaniego para un nuevo período municipal (esperemos no tan deficitario, si continúa), no hay mucho que agregar. Sin embargo, la gran carrera que juega el Presidente, en la que ha puesto una dedicación especial, es la de persistir en el control de la conducción de la ANR. Para cumplir éste cometido, Cartes tuvo que enemistarse con sus otrora promotores electorales que lo llevaron al Palacio de López, y con una astucia impensable para un forastero de la política, logró posicionar a su elegido para apuntalar el proceso de continuidad dentro de la Junta de Gobierno.
Hagámoslo fácil y didáctico para quienes estén leyendo esta columna y poco sepan de la novela llamada «Paraguay», que tiene como protagonistas a las autoridades locales. Si bien puede ser una comedia, a juzgar por el reparto, es en realidad una tira del género de suspenso o hasta por momentos, de terror, partiendo de la incertidumbre que genera saber si los colorados optan por continuar en la senda del rumbo prometido por el Presidente, que quizá sea nuevo, pero que nadie dijo que sería bueno.
El Caballo de Troya republicano

Haciendo una analogía sencilla, Horacio Cartes como candidato, fue construído por los jerarcas colorados, desde el convencimiento para que encabece el proceso, hasta finalmente convertirse en el 49no. Presidente del Paraguay. Cartes fue el Caballo de Troya que irrumpió avasallante en la ciudad fortificada, así como detallan la Odisea de Homero o la Eneida de Virgilio. Esta fortaleza es la representación perfecta de aquella situación política de antes de abril de 2013. La ANR necesitaba volver con fuerza, y lo lograron, gracias a su Caballo acorazado.
Pero nadie tuvo en cuenta que el mítico caballo volvería sobre sus pasos con algo inesperado dentro de él, y tras descender de la colina sobre la que estaba situada Troya, éste retornaría al lugar desde donde salió. Apenas Cartes se sintió aplomado en la estructura de la ANR, comenzó a deshacerse de lo prescindible, de lo que le comenzaba a molestar, porque ya no era necesario para apuntalar su plan. Lo necesario era rodearse de nuevos incondicionales y enquistarlos en la estructura, fieles con los que pueda reducir los márgenes de irreverencia a su voluntad.
Aquí es donde se comienza a fragmentar la estructura, derivando en la conformación del G15. Teniendo en cuenta el descontento de los detractores por la imposición del candidato, Cartes opta por constituirse él mismo en el jefe de campaña del dedocráticamente elegido, Pedro Alliana, concretando su intención de dinamitar desde adentro la estructura corroída de su partido, haciendo volar las extremidades y restos de los jerarcas que tanto han comprometido la reputación partidaria.
Digamos que los constructores del troyano colorado, hasta hayan pensado que el remedio terminó siendo peor que la enfermedad.
Jaque, falta el mate
Ahora parece lógico el plan de Cartes, pero hace varios meses nadie podía deducir el objetivo de éste, sin conocer los hechos que ahora conocemos. Ahora todo tiene sentido, ahora nos damos cuenta que la idea de HC era la misma desde un comienzo, la de adentrarse medularmente a una estructura partidaria que le brinde soporte electoral, para luego deshacerse de los inadaptados y poco fieles, logrando así acomodar el tablero del ajedrez político, para que más temprano que tarde, cante el jaquemate con Rey en mano.

Hay quienes creen que esta actitud del Presidente para con «su partido» era lo que necesitaba la ANR para depurarse de verdad, meter la cuña para que de manera definitiva, nos desparasitemos de sanguijuelas que no han hecho otra cosa que aprovecharse del Estado Paraguayo. Hay otros, sin embargo, que dicen que las heridas se irán profundizando tanto que la sutura será imposible, pudiendo el partido morir desangrado. Eso dicen algunas de las propias autoridades coloradas, los mismos que en 2012 echaron de un plumazo a Fernando Lugo, para que hoy vuelvan a pactar y negociar con «el cura bolivariano y su séquito», unos cuantos tratos para justificar su animadversión al Gobierno de turno. ¿De qué «heridas profundas» hablan si hoy están aliados con quien, según señalaron, ponía en peligro la vida democrática de nuestra república?
Y para los que creen que con la llegada de Alliana a la Junta, se estaría preparando el terreno para la inserción de figuras como la reelección, sería bueno recalcar que, de darse ese resultado, el oficialismo contaría sólo con el apoyo suficiente en Diputados. De cumplirse los augurios de algunos colorados, en Senado no tendría cabida alguna la reelección, no porque no les seduzca la idea, sino solo para demostrarle una vez más a Cartes que al Presidente no sólo el EPP le marca la agenda.
No obstante, estamos hablando de la clase política paraguaya y del Partido Colorado, la nucleación más adaptable a las diversas circunstancias que le toca atravesar, por lo tanto, que no les sorprenda que desde esta noche, las autoridades coloradas, derrotados y victoriosos, finjan demencia como si nada se haya dicho en contra del otro y que aparezcan todos fundidos en un profundo abrazo republicano. Algunos llaman a esto adaptabilidad o disciplina partidaria, a mí sólo me hace ruido la omisión de las culpas endilgadas para que luego todo quede en el opareí.
Todo es parte del show, señores.