
No, no es islamofobia
Hoy en día, decir que los atentados terroristas son cometidos por quienes profesan la “religión de la paz”, originada en Medina, es ser políticamente incorrecto. El grueso de la sociedad tilda de “islamófobos” a aquellos que condenamos estos hechos y denuncian como discurso de odio el simple hecho de demostrar a través de datos verificables, que los actos perpetrados no son “casos aislados” sino una constante a medida que pasa el tiempo.
Ha pasado prácticamente una semana de que, en la localidad de la Rambla en Barcelona, seguidores del Corán hayan acabado con la vida de 14 personas y al mismo tiempo hirieron a otras 100, meses atrás fue Londres, anteriormente el Manchester Arena.
Señalar que todas las personas que profesan el Islam son terroristas es igual de irresponsable que no señalar que la mayoría de los terroristas son musulmanes. Meses atrás, en el atentado perpetrado en el Manchester Arena, el mundo fue testigo de dos cosas que se repiten constantemente, esta vez no fue la excepción, la primera corresponde a la ejecución de atentados terroristas en territorio europeo y segundo la sonante respuesta occidental que se compone de tributos a las víctimas en el lugar de los hechos y el apoyo a través de redes sociales con el hashtag #PrayFor…. mientras se escucha Imagine, demostrando a los yihadistas que el camino son las fronteras abiertas, la paz y el amor. Lastimosamente, contradice el interés de los fundamentalistas de volver a establecer un califato.
Una vez más, se ha puesto de manifiesto la incompatibilidad del mundo islámico con la cultura occidental, esta acepción que ya había sido descrita por Samuel Huntington en su renombrado libro “El Choque de las Civilizaciones”. Sin embargo, al señalar esto, tanto la izquierda internacional como la prensa, progresista en su mayoría, no tarda en tildar a uno de islamófobo, racista (aunque el islam no es una raza), xenófobo, entre otros sobrenombres que tratan de desmeritar a uno, apelando como de costumbre a la falacia ad hominem a falta de contra argumentos.
Lo paradójico de esta situación, es que la prensa, a fin de evitar el cuco de la llamada islamofobia, obvia señalar que quiénes perpetraron el atentado terrorista en la Rambla de Barcelona eran musulmanes. Sin embargo, la misma prensa es la que no duda en señalar al sacerdote cuando comete una violación a un menor de edad o cuando neo nazis realizan actos violentos, como hace poco en Charlottesville. De vuelta, si tomamos en consideración el hecho ocurrido en Charlottesville, se puede observar que solamente condenan a un grupo — los supremacistas blancos — mientras que al denominado Antifa (siglas para antifascistas) les otorga titulares como “Unmasking the leftist Antifa movement: Activists seek peace through violence” (Desenmascarando al movimiento izquierdista Antifa: los activistas que buscan la paz a través de la violencia), es un tanto contradictorio buscar la paz a través de la violencia.
Lo que observamos en este último atentado, es que aquellos “soldados”, como los denomina el propio Estado Islámico, que deciden cometer actos terroristas siguen un mismo patrón. Pasó en Niza, Berlín, Londres y ahora en Barcelona, por ello cabe recordar las palabras del entonces portavoz del grupo yihadista, el sirio Mohamed al Adnani en el año 2014.
“Si no eres capaz de encontrar una bala o un IED [siglas en inglés de un dispositivo explosivo improvisado], entonces selecciona al impío americano, francés o a cualquiera de sus aliados. Golpéale la cabeza con una roca, asesínale con un cuchillo, pásale por encima con el coche, tírale desde un lugar muy alto, estrangúlale o envenénale” (Gutiérrez, 2017).
Por otro lado, es inconcebible como Los Mossos no tuvieron en cuenta la comunicación de la policía local de Vilvoorde (Bélgica), realizada hace 17 meses atrás (Ortega Dolz & Sánchez, 2017). En la misma, elevaron a conocimiento sus sospechas sobre el imán de Ripoll, Abdelbaki es Satty, quién presumiblemente es el autor moral del atentado en Barcelona. Esta clase de reclutadores, radicalizadores o como quieran llamarlos son esenciales para el Estado Islámico.
Lastimosamente, la tibieza europea sumida al multiculturalismo como así también al relativismo cultural y moral, ha llevado a que se convierta en el territorio preferido para cometer atentados terroristas. En nombre de la tolerancia, Europa abrió sus puertas a la intolerancia.
El problema de lo anteriormente citado, estriba en que según Boas y Melville, y Herskovits, “cada cultura es única, que tiene el mismo valor respecto a las demás y que sus usos y costumbres tienen siempre una justificación en su contexto específico” (Leveratto, 2015).
Esta percepción relativa de querer considerar a todas las culturas en un mismo plano, es desde mi opinión errada. Es cierto que no se puede negar la pluralidad de ideas, valores, costumbres pero éstos no pueden impedir ciertos principios que determinan los límites del actuar humano (Esquivel Estrada, 2004).
Este limite se encuentra fundamentado, para la mayoría, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos del año 1948, suscrito por todos los países menos los islámicos, quienes emitieron la Declaración de los Derechos Humanos en el Islam en el año 1990. Personalmente, considero que dicho límite se halla en algo más simple, en el principio de no agresión lo cual significa que “Ningún hombre o grupo de hombres puede agredir en contra de la persona o propiedad de cualquier otra persona” (Halliday, 2015).
En tal sentido, todos los seres humanos somos iguales ante la ley por ende el respeto irrestricto a las culturas foráneas, en este caso la islámica, no puede anteponerse a la legislación vigente de un Estado, de lo contrario se estarían creando “guetos culturales” en donde se aplique una legislación específica que esté en concordancia con dicha cultura.
Tomando esto en consideración, existen personalidades que argumentan que los actos terroristas son casos “aislados y pocos”, siendo que desde el año 2001 hasta la fecha se han reportado 31.621 ataques terroristas perpetrados por yihadistas en nombre de Ala.
Este artículo no avala el odio a todos los que profesan el islam, sino que tiene por objetivo esclarecer que no es islamofobia criticar y repudiar a quienes cometen asesinatos, violaciones, etc. en nombre de su religión. De la misma forma que se han combatido ideologías totalitarias como el fascismo y el comunismo, lo debemos hacer ahora ante esta nueva corriente que busca subyugar a los individuos, a los infieles.
Referencias
Aguirre García, J. C. (2011). EL RELATIVISMO CULTURAL: DESAFÍOS Y ALTERNATIVAS. Sophia. Retrieved from http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=413740748006
Alvargon, D. (1998). Del relativismo cultural y otros relativismos. El Escéptico.
Carretero, N. (2017). La estrategia del imán de Ripoll abre un nuevo frente en la lucha antiterrorista. Retrieved from https://politica.elpais.com/politica/2017/08/21/actualidad/1503339448_220688.html
Esquivel Estrada, N. H. (2004). Del relativismo moral al universalismo ético y sus paradojas. La Lámpara de Diógenes, 5(8 y 9), 119–138.
Gutiérrez, Ó. (2017, August 18). Tácticas de terror “low cost.” El País. Retrieved from https://politica.elpais.com/politica/2017/08/17/actualidad/1502988327_789176.html
Halliday, R. (2015). El principio de no agresión. Retrieved from http://www.miseshispano.org/2015/07/el-principio-de-no-agresion/
Leveratto, Y. (2015). Occidente y relativismo cultural.
