Ciudades Inteligentes, ¿podemos disrumpir a los trapitos?

La semana pasada, tuve un evento en el Hilton de Puerto Madero de Buenos Aires y enfrenté el arduo desafío de encontrar lugar para estacionar.

Obviamente, no quería dejar el coche en el estacionamiento del hotel (3 dólares la hora x permanencia estimada de 3 horas = 9 dólares). Era temprano, así que empecé a dar vueltas por la zona. Los únicos espacios disponibles estaban en la zona del río, a condición de pagar a un “trapito”. Como se empezaba a hacer tarde, cedí.

El costo fue de 1 dólar de tarifa plana (que me exigieron por adelantado), muy por debajo de los 9 dólares estimados del hotel. Aunque, claro, el trapito no tenía derecho a ese dólar.

Así que, mientras masticaba mi bronca caminando hacia el Hilton, mi cabeza empezó a elucubrar una solución contra los trapitos. Hay un proyecto de ley en la Legislatura para regularlos. Pero yo no pensaba en eso. Aunque se lo apruebe, cuando llegue la hora de implementarse sólo causará más corrupción.

El trapito, oficio de la tradición porteña que seguramente no extrañaremos.

La solución, me dije, tiene que venir del mercado. En lugar de prohibir o regular a los trapitos, hay que disrumpirlos, del mismo modo en que las redes sociales disrumpen a los medios tradicionales, como Uber disrumpe a los taxis y Airbnb a los hoteles.

Para encontrar esta solución, en primer lugar, tenemos que entender el modelo de negocio de los trapitos. Y después, romperlo a través de una nueva combinación de recursos.

El modelo de negocio de los trapitos

El trapito ofrece un producto, que es un espacio (oferta) en un sitio donde hay automovilistas buscando un lugar donde dejar el coche (demanda). El precio de este producto se determina por su escasez relativa. El espacio que conseguí cerca del Hilton me costó 1 dólar flat-fee. Un espacio cerca del Monumental en un River-Boca, podría costar unos 10 dólares.

El trapito “adquiere” el espacio que luego venderá a través de algún soborno y/o comisión a la policía, que supuestamente debería impedir que alguien cobre por el uso de un espacio público. Luego, lo vende a un automovilista a un precio que estará en función de la demanda del momento.

El trapito le gana la competencia por precio al estacionamiento legal, que tiene una estructura de costo mucho mayor. Nuestro desafío, para disrumpir el modelo de negocio de los trapitos, es ganarles la competencia por precio. Para esto, podemos operar sobre la oferta y la demanda.

La demanda

Operar sobre la demanda es reducir la cantidad de automovilistas que buscan lugar para estacionar. Si nadie buscara lugar, el precio sería 0$ y los trapitos dejarían de existir, porque se actividad se volvería antieconómica.

Algunas opciones para reducir la demanda son fomentar el uso del transporte público, medios de transporte alternativos (bicicletas), etc.

La oferta

Operar sobre la oferta es aumentar el stock de espacios de estacionamiento. Si los espacios aumentaran considerablemente, el precio caería a 0$ y los trapitos dejarían de existir.

Algunas opciones para aumentar la oferta son incrementar la cantidad de estacionamientos legales, mejorar la eficiencia en el uso de los estacionamientos legales (quizá a través de una aplicación de sharing de espacios), etc.

El desafío

El desafío, como se ve, es reducir la demanda y aumentar la oferta de espacios de estacionamiento. La disrupción ocurre cuando el precio del espacio es lo bastante bajo como para que la actividad del trapito deje de ser rentable. Cuando los espacios de estacionamiento sean muy abundantes, nadie podrá cobrar por ellos.

No tengo la respuesta, pero intuyo que ésta vendrá de una aplicación que permita aumentar la eficiencia en el uso de espacios. Muchos estacionamientos sólo se ocupan por la noche, y sus lugares están libres durante el día. Otros, al revés. Edificios de oficinas también tienen espacios que, por momentos, no se ocupan.

Una plataforma que haga pública esa información, al menos a priori, permitirá aumentar la coordinación entre oferta y demanda. Gracias a un mejor uso de la capacidad, el precio del estacionamiento probablemente caerá.

En Estados Unidos es furor una plataforma llamada Just Park, donde el automovista puede vender su espacio de estacionamiento. Ellos no lo hicieron para combatir a los trapitos (porque no tienen), pero alguna adaptación de los principios en la base de la plataforma podría servir para este fin.

No tengo la respuesta, así que sólo dejo planteado el problema. Podemos discutirlo entre todos. Hay algo que sí tengo claro: sin trapitos se vive mejor. Dudo que la ley los elimine. De nosotros depende disumpirlos.