En memoria de mi perro llamado “Perro”

Sinceramente, no quiero alumbrarme con esa hueáh maraca de ser un dog lover, pero siento que debo rendirle un homenaje a Palomo, el perro que vivía en mi antigua casa y al que llamaba lisa y llanamente Perro. Contando el día de hoy, lleva 9 desaparecido y no se sabe absolutamente nada de él; hasta fui al canil del Parque Coll (entrando tránsfugamente gracias a la ayuda de un tío cuidador) a ver si estaba por ahí, en una de esas sucias celdas. Esto lo supe ayer, cuando me junté con mi mamá y mi abuela después de varios días sin vernos. Me lo dijeron como si tal la cosa (sólo mi abuela se emocionó al reconocer con un asentimiento de cabeza la información) y sentí que me daban con un mazo en el estómago. Perro llegó a mi ex casa cuando iba en Segundo o Tercero Medio, años que me dan paja contar ahora atrás. Lo trajo mi abuela desde el famoso Centro Comercial de La Florida, cuando había ido a comprar algo, seguramente, de ancianas: resulta que una de las locatarias de ese lugar había abierto su negocio en la mañana y se había encontrado con el muy patudo ahí, echado patas arriba, con las huéas al aire y su cara de yo no fui mirándola a los ojos, pidiendo por favor algo de caridad y comida; sin poder resistirse a su encanto, la señora le dio algo de los porotos con rienda que llevaba para el almuerzo y esperó a que se fuera tal como había llegado. Pero el perro nunca se fue. Entonces llegó mi abuela y se enamoró. Sólo faltó que se dieran un beso con lengua ahí mismo. Me acuerdo que la vi llegar con el hueón al lado, con la lengua afuera y mirando ávidamente hacia la dirección por la cual lo guiaban. Me di cuenta que se parecía a Dobby por sus orejas de murciélago, que tenía la cola cortada en forma de pompón y que su cara era como la de un retrasado. También me acuerdo que me mostró de inmediato su mejor gracia: pararse en los cuartos traseros y extender las dos patas delanteras como si quisiera sacudirlas con las de uno.
Acepto que no lo quise de inmediato, mas le fui tomando cariño a medida que fueron pasando los años; ¡y no sólo yo, también lo fueron haciendo mucho de mis amigos y otras visitas que asiduamente iban a mi antiguo hogar a causar destrozos! Pero no todo podía ser así de maravilloso: ahí lo odiaban a morir, porque lo encontraban un vil y real conchadesumadre: y claro que podían tener razón, porque no hacía nada más que cruzarse por el living de la casa cada vez que alguna de las puertas (la de calle o la del patio) se abría por abecé motivo, esparciendo por donde pudiera sus cortos y pegajosos pelos blancos. Por desgracia, también con los años, su sola mención fue siendo capaz de hacer que el rostro de mi papá, todo un amante de la limpieza, se retorciera de rabia, y que la cara de mi abuela, cada día más triste y curtido, se entristeciera otro poco más. Es por eso que no sé si esto fue una especie de bendición para Perro o no, quien de ser un indeseado, paso a ser un desaparecido; sólo sé que lo echo de menos y que me arrepiento enormemente de nunca haber cumplido lo que le prometía cada vez que con mis amigos nos alocábamos con él al lado: comprarle un collar para sacarlo a pasear por ahí (me había agenciado con una cadena antes que con un simple collar para mascotas) y así ayudarle a quemar esa energía que tanto lo caracterizaba y molestaba a gran parte de mi familia.
Ahora ya es muy tarde para hacer cualquier cosa: se supone que Perro siguió a una perra en celos en compañía de una jauría de otros calientes de mierda y no se le ha visto desde que fastidió por última vez a mi papá hace ya exactos 9 días, como mencioné al principio. Debería ser optimista y pensar que el muy desgraciado va a volver a mi ex casa en busca de más solidaridad (agua y comida) y lo poco y nada de cariño que le dieron por tantos años después de que haya echado todo el líquido seminal que crea necesario sobre la perra maraca que provocó esta gran pérdida. Con toda seguridad, su regreso sólo contentaría a mi abuela y a mí (aunque yo ya no pueda disfrutar de su grata compañía hasta que mi papá se vaya otra vez de mi antiguo hogar). Sin embargo, debo ser realista y tomar en cuenta que el hecho de que haya estado sin collar junto a un montón de otros perros bribonzuelos y juerguistas es suficiente para pensar que el pobre quizá haya sido capturado por la hermosa Municipalidad de esta región y enviado de vuelta al Cielo de los Perros antes de haber sabido sobre esto e ir en su búsqueda al canil, o que tal vez, en un despiste propio de sus deseos de fecundar a esa vil perra, haya sido atropellado o asesinado a mordiscos por otros perros que se toman muy en serio eso de buscar en quien propagar su sangre y sus genes, muriendo de esta manera muy lejos de casa.
Si vuelve, le compraré una correa, mataré a mi papá para que no lo joda más y le tendré una casa bañada en oro puro, con un vasto y verde jardín para que orine y refriegue sus pelos por donde quiera y con todas las perras prostitutas que desee esperándolo en un enorme jacuzzi para perros. Si no, sólo espero que reencarne en mi próxima mascota, la que ahora cuidaré por mi propia cuenta y como debe ser desde un principio, con un collar que rece su nombre y mi número de celular acuñado en él, para que quien lo encuentre, en caso de que se pierda por ahí otra vez, o bien me llame para devolvérmelo, o bien me llame para putearme y hacerme ver que soy el peor dueño del mundo.
El tributo que Perro se merece, es que quien lea esto y tenga una mascota, piense en que a veces es muy tarde para echar el tiempo atrás y optar por sacar a pasear al perro o limpiar la jaula de los hamsters, en vez de echarse en el sillón y ponerse a ver una serie en la tele, rascándose la guata.

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