Starbucks: punto de encuentro

Las máquinas de café, el agua corriendo por la vajilla, el murmullo de un grupo de estudiantes y los pedidos de los clientes musicalizan a la sucursal de Starbucks de microcentro, mejor dicho, de Avenida Callao y Bartolomé Mitre.

Ahora son las tres de la tarde de un viernes de agosto y los cuatro grandes ventanales de ambas avenidas vislumbran. Sin embargo, en Starbucks la luz tenue junto a la infraestructura de hierro negro pesado y elegante, se combinan con la madera rústica y hogareña que funciona como si uno se sintiera en su casa. Cada elemento del bar cumple con esta unión.

La vista desde el segundo piso.

El segundo piso es flotante, ya que, se puede ver lo que sucede dentro del primer nivel y es igual de confortable, tiene una estantería llena de botellas de vidrio color verde, cómo esas en las que se toma alguna bebida alcohólica para Año Nuevo y Navidad, que dividen un espacio de otro.

Los sillones con motivos y en relieve.

En la planta baja unos sillones tapizados en rojo y otros con un motivo de flores decoran el primer ambiente en frente a la puerta de entrada junto a una pared (la única) pintada de rojo y un gran cuadro con símbolos de la marca.

Allí dos adolescentes toman café y debaten acerca de que definiciones deben estudiar para el próximo examen.

-Esa es la definición de la célula Cami, acordátela.

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El piso de cemento alisado color gris oscuro se rompe con un cuadrado de mosaicos que forman un motivo, como esos que se ven en la casa de las abuelas y es la parte central del bar, porque está delante de la barra de atención al público. Los empleados de la cafetería se visten con sus distintivos delantales verdes y el gerente, parece que lo usa en negro, todo tiene el logo de la empresa. Todo.

Las cortinas que van desde el techo hasta el piso, se encuentran acurrucadas en los ventanales, pero nunca se despliegan y cumplen su verdadera función, al lado, una señora espera a alguien en una mesa redonda para dos: de mármol en tonos grises y soporte en bastones de hierro. Cambia de lugares varias veces hasta que llega otra mujer y después de saludarse fervorosamente, empiezan a charlar de sus vidas, hace mucho tiempo no se veían.

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En cada nivel, se descubre una mesa larga de madera oscura con sus correspondientes 10 sillas y aplica al lugar perfecto para reuniones de muchas personas, como esta tarde, los empleados prepararon la mesa estrella para festejar el cumpleaños de una compañera de trabajo.

Un chico joven es el único personal de seguridad en el bar, parece que se mezcla con el ambiente y para los consumidores diarios, a veces parece que no existe, como si fuera invisible.

El murmullo de las conversaciones es constante.

-¿No te acordas la clave de Gmail Seba? Estás al horno.

-No me acuerdo, vos sos el que sabe de estas cosas.

Así discuten dos amigos con los celulares en mano y sin mirarse a los ojos.

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Lunes 14 de agosto. 14:46.

La cola para pedir es larga y todos quieren lo mismo. Almorzar. En el centro de la ciudad los mediodías duran un poco más que una hora.

Un grupo de tres personas, dos hombres y una mujer, están sentados en la mesa larga del piso principal atrás de la barra que separa ese lugar del resto, donde se encuentran todos los ingredientes que uno le puede agregar a su comida o bebida, como cuando se elige ropa.

El profesor está ubicado en la cabecera y los dos alumnos a sus costados estudian un idioma: francés, lo hacen con libros, como las guías de teléfono características de los pueblos, extensos y con letra pequeña.


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