La guasa con Cerci

La guasa generalizada con Cerci (que si “Cholo, sácalo”; que si “Vamos, figura”) fue vista en el Calderón de forma parecida hace algunos años. Las mismas risas, la misma masa dejándose llevar por unos cuantos. ¿Os acordáis? Entonces, el Atleti perdía 0–6 con el Barcelona, pero algunos festejaron los goles porque así se fastidiaba al eterno enemigo. En realidad, se estaba pisando el propio orgullo.

Recuerdo también cómo otros se han reído de los nuestros. En el Bernabéu se ovacionó cierta vez a Luis Amaranto Perea cuando a punto estaba de pisar el césped para sustituir a un compañero. El respetable de Concha Espina estaba seguro de que, con el colombiano en el campo, el Atleti contaba con uno menos.

Si hecho la vista mucho más atrás, recuerdo cómo un grupo de jugadores de otro equipo se mofó repetidas veces de Pizo Gómez. Uno de estos jugadores le lesionó luego, por cierto.

No me gusta Cerci. Pero esto de hacer pasar por clown a uno de los nuestros (porque Cerci, hoy, por hoy, es uno de los nuestros) es, de nuevo, pisar nuestro propio orgullo, ponérselo fácil a quienes quieren hacer de nosotros ese clown.

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