#Grosnitour - Moscú, primer contacto

Quede esto dicho de antemano para despejar cualquier cuestión que os asalte: San Petersburgo es bastante más bonito que Moscú. Y ahora, pasemos al artículo en sí.
(Ah, sí, se me pasaba enlazaros lo del día anterior, de cuando casi nos quedamos en San Petersburgo para casi no llegar al hotel en Moscú).

La clásica panorámica para presentarnos a Moscú estuvo incluso peor que la de San Petersburgo. Parafraseando a J., la guía previa, “Amparus es diferente”: comenzamos con 45 minutos de retraso por el descontrol al recoger a gente de diversos hoteles, no entramos en ningún sitio con el grupo y tampoco faltó la típica encerrona para mear en una tienda de recuerdos alejada de los monumentos, donde no había escapatoria.
Apenas nos bajamos del autobús en todo el recorrido, salvo para caminar un poco por la Plaza Roja -que aprovechamos para visitar por nuestra cuenta la Catedral de Kazán y poco más- y hacer fotos desde el mirador de la universidad. Lo único que pagó la agencia fueron 50 rublos (unos espléndidos setenta céntimos) por persona para hacer una ruta por el metro. El restaurante de la comida de grupo fue regulero, no fuese a ser que Amparus hiciera algo bien.

¿Sabíais que la Catedral de San Basilio es más pequeña que -ojo, va en serio- la de Cuenca?

Nada más acabar el almuerzo le dijimos a la guía que le vendiera las excursiones opcionales a la puta madre de Amparus. Vale, quizá no usamos justo esos términos -mejor no cagarla cuando aún nos quedaba un traslado al aeropuerto-, pero sí le transmitimos una idea aproximada.
Liberados ya del grupo, corrimos hacia la Catedral de Cristo Salvador, que es tan impresionante como total y literalmente reconstruida. Desde allí nos apañamos como pudimos con el metro para visitar el precioso Monasterio de Novodevichy (o “de las Nuevas Vírgenes”, ejem), un fósil de los siglos XVI y XVII, lejos del centro y sin apenas turistas. Posiblemente fue nuestra mejor experiencia con moscovitas de por medio: como cada parte tenía un horario distinto, la señora de la taquilla nos indicó -en ruso y por señas- cómo visitarlo todo a tiempo; otra señora nos quiso explicar, también en ruso, cómo funcionaban los iconos; por último, un guardia de seguridad nos dio diez minutos extras porque se ve que no muchos visitantes quedaban tan flipados como nosotros.

Frescos de la Catedral de Nuestra Señora de Smolensk: ¿mola o no mola Novodevichy?

De Novodevichy nos marchamos a la Galería Tretiakov, que cumple lo que promete: es más galería de arte que museo. Vale que sea una de las mejores colecciones de arte ruso del mundo, que la sección de iconos sea fantástica o que albergue joyas como la parte dedicada al movimiento de los Itinerantes, pero a veces nos daba la sensación de que sólo se buscaba sabotear la visita amontonando unas obras sobre otras.

Acabamos la jornada cenando en uno de los muchos му-му (“mu-mu”, como las vacas) que hay en la ciudad y retirándonos pronto al hotel. Nos quedaba todavía un día libre para seguir sufriendo Moscú porque, como ya apuntó Tólstoi¹, in Soviet Russia you don’t explore Moscow - Moscow explores you.

240 metros de altura: dictaduras gonna dictadurear.

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¹: autor de la también famosa tonadilla “Tólstoi amando locamenti / pero no sé cómo te lo viadesí”.