Todo lo desvanecido en el aire nunca se convierte en solido

La Política es la acción principal que nos distingue como seres humanos. La posmodernidad y el neoliberalismo constantemente atacan sobre ella vaciándola de contenido y promoviendo su anulación.


El hombre en su transitar por la tierra interpreta y actúa según la percepción de la realidad que posee, no es única y se construye cotidianamente través de los símbolos. El encadenamiento simbólico constituye discursos con sentidos diferentes al de cada una de sus partes y tienen una relación directa con la acción y las prácticas que realiza. Así, modifica y es modificado por el mundo que habita.

La transformación implica convertir lo simbólico de un acto privado a uno público, ahí es cuando comparte con los demás sus pareceres y las maneras de intervenir, conformando no solo un discurso en común sino también una acción colectiva. Para ello utiliza, entre otros, tres mecanismos básicos; “el conflicto”, “el consenso” y “la imposición”. En el primero hay un enfrentamiento entre las partes hasta que uno triunfa, en el segundo llegan a un punto medio en el que exista la conveniencia mutua y en último la relación consta de una asimetría total entre dominantes y dominados, talque una de las partes es más beneficiada. En los tres, la resolución implica movilizar al conjunto para una acción en común. Esto no solo se puede dar en la administración de los bienes públicos, sino también en los privados. Por ejemplo, una empresa que produce determinadas cosas (autos, motos, lavarropas, etc) implica imposición, injusta desde sus orígenes entre capital y fuerza de trabajo, para llegar a su objetivo. Lo único inmanente es que sin el trabajo colectivo no se llegaría a ningún fin.

Existe una condición básica para que el compartir sea válido y pueda llegar a tener una influencia real sobre el mundo; lo que diga cada uno debe concordar con su actuar o por los menos con sus intenciones. Si la ambivalencia conceptual y la ruptura de la verdad propia existen no puede haber encuentro. En las campañas electorales se ven habitualmente promesas que cada candidato presenta como soluciones a diversos problemas. Montan con los otros una falsa discusión que después al no representar su intención se termina convirtiendo en una ficción, que genera una daño a la política ya que deja de contar con la credibilidad de los representados. La coincidencia entre lo que dice, piensa y hace cada actor se convierte en lábil, variable e incierto.

La política como disenso

Hay una serie de cosas que son comunes y por ende su subsistencia depende de todos. Pueden ser desde una plaza barrial hasta algunas más generales como el sistema educativo. Su cuidado conservación, y cambio lo hacemos a través de la política (administración de la “Polis”). Debido a su carácter esencialmente colectivo todos tienen derecho a participar y en un supuesto nivel de igualdad, aunque en la mayoría de las veces no se da así. Los métodos de expresión pueden ser varios, desde la elección de representantes hasta una protesta por la reivindicación de derechos entre otros.

La política tiene una gran componente de deliberación. La anulación de la misma es anular la acción de construcción colectiva. Nunca puede haber un acuerdo sobre todo los temas, cada actor (individual o colectivo) tiene su verdad sobre las distintas situaciones que la vuelca sobre la esfera pública. Es ahí donde se dan la implementación de los tres mecanismos básicos anteriormente nombrados, siempre desde un lugar consciente y la no negación del otro. La promoción del no disenso es antipolítico y goza de cierta peligrosidad, ya vivida con los autoritarismos del siglo XX.

En los últimos tiempos en Argentina, anda circulando por el éter ciertas frases delicadas que se convierten casi en axiomas como las de “Si le va bien al presidente nos va bien a todos”. Es de considerar que la personalización de la política y la anulación del disenso, está implícita allí, y con ello el espíritu totalitario. Desnudándola semánticamente nos encontramos que solo hay un poseedor de la verdad y destino de este país, los otros deben llamarse al silencio por los cuatro años de gobierno ya que las urnas hablaron en su respectivo momento, aunque ponga en riesgo la vida de los habitantes. Nadie tiene el derecho de excluirse de la vida política, en la Atenas de Pericles esto era considerado el peor de los castigos. Por lo tanto, es condición de la vida política el disenso y deliberación.

El dialogo Político

La etimología es la ciencia que busca y problematiza el origen de las palabras. Muchas veces se hace necesaria para encontrar el verdadero significado con el que fue concebido y a la acción o cosa que representaba. Aquí dos palabras son interesantes de desmenuzar; Dialogo y Deliberación.

Dialogo, proviene del griego se compone de dia que significa dos y lógos que es el discurso proveniente de la razón o el más razonable (en la actualidad se lo compara con la formas de expresión científicas). Los dos discursos pueden darse entre una persona cuando constituye su conciencia, dos o más y pueden estar compuesto por ideas similares o no. En este antagonismo es donde entra en juego la Deliberación, nace del Latin y está compuesta por el prefijo de, cuya traducción es intensidad y liberare que es pesar. En las balanzas antiguas se utilizaba un contrapeso como medida del bien que se deseaba saber su peso hasta llegar a un punto de equilibrio. La palabra deliberar se utiliza cuando se quiere mostrar todos los puntos de vistas existentes de un hecho, los pesos y los contrapesos.

Como se puede observar no son contradictorios los orígenes y significados que poseen, por lo contrario son palabras y acciones que pueden convivir y complementar. No obstante, se intenta vaciar al dialogo, separándolo deliberación, y proponiéndolo como el método central de la política pero sin política. Así se convierte en una mera plática sobre cuestiones triviales, sin llegar a tener la posibilidad de expresar la diferencia y la pluralidad de ideas. El desacuerdo se convierte en una mala palabra y con ello la política que se la carga de un sentido negativo mostrándola como algo que nos separa, diametralmente opuesto a su origen que era unir.

Tres de los pilares más importantes de la política, como encuentro para cuidar y administrar los bienes comunes, son discurso público, dialogo y deliberación. En las épocas de fulgor de la posmodernidad han perdido su peso y anclaje en la tierra. Están levitando en el aire yendo para donde las lleve el viento y esperando de nosotros para que rompamos con la insoportable levedad de la política.