Luca Signorelli, The Damned Cast into Hell https://smarthistory.org/signorelli-the-damned-cast-into-hell/

La delgada línea entre la virtud y la vileza

¿Cuántas acciones “buenas” se necesitan para eximirnos de nuestros errores pasados? Si acaso logramos hacerlo, pues siempre hay un Otro pendiente de nuestra “maldad” pasada, buscando señales que confirmen que no hemos cambiado, corroborando una y otra vez que el daño que alguna vez generamos, lo seguimos haciendo y lo volveremos a hacer, imponiéndonos una voluntad maligna en lugar de pensar — de una manera más indulgente — que detrás del daño en el que estuvimos involucrados, hubo una falta de consciencia, en la cual, más que depredador y presa o víctima y victimario, se considera a los involucrados como facilitadores de lo que ocurrió en el sistema.

Sin embargo, el juicio del Otro (nosotros también somos un Otro), de los actos viles de quien ha juzgado como a un villano, no es tan adverso como cuando uno se lo hace a sí mismo. Cuando uno mismo encuentra las señales que confirman su maldad, cuando uno mismo corrobora una y otra vez que no ha cambiado y no cambiará, entonces uno se cree el malo de la película, el villano que no tiene remedio.

Por lo tanto no es solamente que el Otro nos imponga una voluntad maligna, sino lo que nosotros mismos validamos de ello. El que se ha confirmado como un villano ve un nuevo error como parte de un viejo Yo que no puede cambiar «Soy malo, entonces hago el mal», y no como la falla de un Yo que se está integrando conscientemente, que está aprendiendo con mayor consciencia y en un sentido franco ante sí mismo y ante los demás.

https://www.njlifehacks.com/how-to-stop-procrastinating/

Cuando pasamos por situaciones de la vida que nos cuesta trabajo vivir y fallamos una y otra vez, es quizás porque no hemos comprendido que esas situaciones difíciles son un reflejo inconsciente de aspectos ocultos de nuestra personalidad, de la negación de uno mismo.

Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.
Carl Jung

Viviendo las situaciones complejas de la vida, nos vamos reconociendo, vamos aprendiendo, pero así como el que aprende a andar en bicicleta se cae y se lastima, así nos ocurre también en el reconocimiento de nuestra personalidad oculta, es decir, en las situaciones que participamos porque ahí nos ha llevado y nos mantiene nuestra personalidad (consciente e inconsciente). Cuando vivimos estas situaciones complejas de la vida nos podemos lastimar psicológicamente pero no sólo eso, al ser situaciones de interacción humana, también podemos lastimar psicológicamente (en algunos casos hasta físicamente) a las personas que se encuentran participando en la misma situación.

¿Reconoces las situaciones complejas de tu vida? Esos temas difíciles que parecen repetirse una y otra vez.

Aprender a andar en bicicleta es diferente para cada persona, nadie podría adivinar cuántas caídas tendrá, cuánto daño se hará y si lo seguirá intentando hasta aprender o lo dejará de intentar para no lastimarse más.
¿No esperaríamos algo similar en las situaciones sociales de la vida? ¿Quién podría adivinar la complejidad, el tiempo de aprendizaje, las caídas, los raspones, el daño, la motivación o la renuncia? Eso, además de que nadie lo puede adivinar, nadie lo puede sentir igual. Cada ser humano tiene sus umbrales físicos y psicológicos.

Dentro de cada situación social hay al menos dos personas con umbrales distintos, por lo que sólo quienes participan en la situación podrían reconocer conscientemente su motivación, dolor, daño, miedo, interés, tolerancia, resistencia, etcétera. Lo difícil es reconocer que en las interacciones humanas dependemos más del conocimiento y el control de nuestros propios umbrales, antes que de los umbrales de las otras personas.

me resulta útil permitirme ser yo mismo en mis actitudes; conocer el límite de mi resistencia o mi tolerancia, saber cuándo deseo moldear o manejar a la gente, y aceptarlo como un hecho en mí mismo. Me gustaría poder aceptar estos sentimientos con la misma facilidad con que acepto los de interés, calidez, tolerancia, amabilidad y comprensión, que también constituyen una parte muy real de mí mismo. Sólo cuando acepto todas estas actitudes como un hecho, como una parte de mí, mi relación con la otra persona llega a ser lo que es y puede crecer y cambiar más fácilmente.
Carl Rogers
El proceso de convertirse en persona

Cuántas veces juzgamos las situaciones de vida ajenas creyendo que los otros son como nosotros, creyendo que sienten igual, toleran y resisten lo mismo. Desde nuestro lugar de Otro observador-juzgador, imponemos las etiquetas que tanto nos gustan: el bueno y el malo, el protagonista y el antagonista, la víctima y el victimario. Como un Otro miramos las interacciones humanas como espectadores de una película, con un guión que creemos saber y tratando de adivinar el final.

Mientras tanto, los protagonistas reales de la situación social, los que están viviendo la interacción, no pueden más que buscar la mayor franqueza consigo mismos y con los demás involucrados, lo que no implica que no habrá raspones e incluso caídas aparatosas y peligrosas, pero sólo ellos sabrían (idealmente), qué tanto están dispuestos a estar en la situación reconociendo en esa vivencia sus umbrales y en general algo desconocido — por ser negado — de su personalidad.

Es el Otro como espectador el que generalmente coloca al antagonista de su película mental como un ser vil, pero creo yo que dentro de la situación real, hay más virtud que vileza, hay más deseos de reconocerse a uno mismo reflejado en lo que aun no entiende de la situación (de su personalidad).

La delgada línea entre la virtud y la vileza sólo la puede conocer quien vive las situaciones conscientemente y con la mayor franqueza, no quien observa un melodrama desde sus parámetros y sus umbrales psicológicos.

he llegado a sentir que sólo existe una persona (al menos mientras yo viva, y quizá también después) capaz de saber si lo que hago es honesto, cabal, franco y coherente, o bien si es falso, hipócrita e incoherente: esa persona soy yo. Me complazco en recoger todo tipo de opiniones sobre lo que hago. Las críticas (amistosas y hostiles) y los elogios (sinceros o aduladores) son parte de esas pruebas. A nadie puedo ceder la tarea de sopesarlas y determinar su significado y utilidad.
Carl Rogers
El proceso de convertirse en persona
La personalidad se desarrolla en el transcurso de la vida como una germinación difícil o imposible de explicar, y sólo nuestra acción pone en evidencia cómo somos. Somos como el Sol que alimenta la vida de la tierra, que produce cosas hermosas, raras y malas, somos como las madres que llevan en su regazo dichas y penas ignoradas. No sabemos al principio, qué actos, qué destino, qué contenemos de bueno y de malo y sólo el otoño demostrará lo que la primavera ha engendrado y sólo en la tarde quedará patente lo que durante la mañana se inició. La personalidad, como realización absoluta de la totalidad de nuestro ser, constituye un ideal inasequible. Esa inaccesibilidad, sin embargo, nunca es una razón que pueda oponerse a un ideal, ya que las ideas son únicamente indicadores y nunca metas.
Carl Jung
Realidad del alma

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