La psicatriz

Cada cicatriz puede ser un recuerdo doloroso, pero también puede ser el origen de un aprendizaje significativo para nuestro desarrollo.


Cuando algo nos ha lastimado queda una marca en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

De hecho la definición de cicatriz que da la RAE, toma en cuenta lo físico y lo psicológico:
1. f. Señal que queda en los tejidos orgánicos después de curada una herida o llaga.
2. f. Impresión que queda en el ánimo por algún sentimiento pasado.

Hablando de cicatrices físicas, yo todavía tengo una cicatriz en mi rodilla de cuando me caí de mi bicicleta a los ocho años . Hablando de cicatrices psíquicas, tengo una de mi primer novia, otra de un amor aventurero no correspondido plenamente y una más de mi última novia (sólo por nombrar algunas).

Sé que existe la cicatriz de mi rodilla porque la puedo ver y tocar, y además tiene el poder de evocarme el recuerdo de mi caída. Las cicatrices psíquicas de amor, aunque no las puedo ver ni tocar, sé que existen porque también me evocan recuerdos.

Durante momentos de mi vida, las psicatrices de amor me han causado recuerdos dolorosos, pero he identificado un momento clave en el que he podido transformar el recuerdo doloroso de amor en aprendizaje y crecimiento.

Primero me sirvió reconocer que cada psicatriz de amor cuenta una gran historia; tiene un inicio maravilloso, después el nudo o problema y al final hay un desenlace que lastima (por lo tanto se hace la psicatriz).

Repasar esas historias me ha provocado momentos de dolor emocional, pero también me ha servido para reconocer en lo que fallé y en lo que puedo mejorar. Entonces llega el momento de transformación: cuando un nuevo amor toca a la puerta.

En este momento, una psicatriz de amor se vuelve una fuente de aprendizaje de las experiencias pasadas, lo que me permite comenzar una mejor relación de amor.

Ahora entiendo que debo hacer valer cada psicatriz de amor cuando comienzo una nueva relación.

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