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Cómo se volvió Miami capital de la clase media de Latinoamérica

Desde hace años, Miami es un paraíso de sol, playa, fiesta y compras. Pero la capital más latina de Estados Unidos no solo atrae a turistas, sino también a latinos profesionales y pudientes que buscan proteger sus inversiones y una vida tranquila.

Mientras miles de inmigrantes pobres tratan de cruzar a Estados Unidos por la frontera sur de México, otros, mucho más pudientes, llegan a Miami sin atraer tanta atención mediática y sin tanta polémica.

Armados con permisos de trabajo, con mayor formación que los latinos que llegan a pie por la frontera, con altas expectativas y deseos de avanzar, muchos de ellos llegan a Miami y compran casas con piscina, jardín y acceso a buenas escuelas.

Mientras el candidato republicano a la presidencia Donald Trump promete construir un muro a lo largo de la frontera con México, apenas se habla de los migrantes que llegan a Miami, una metrópolis de 2,5 millones de habitantes, en la que casi el 70% de la población es hispana.

El español se habla en casi todas las partes y la mayoría lo asume sin verlo como un problema.

¿Ha eludido entonces Miami por completo la controversia sobre la inmigración tan viva en otras partes?

En cualquier caso no fue así en el pasado no tan lejano. Los residentes locales aún recuerdan las tensiones que siguieron al referéndum de 1980 que declaraba el inglés como idioma oficial de la ciudad, decisión vigente hasta comienzos de 1990.

Buscaron entonces (en vano) contener la gran influencia del español.

Dominio latino

Con el paso de los años, un gran número de residentes anglosajones, incómodos con el tsunami demográfico que convirtió una tranquila ciudad del sur en una gran metrópolis latina, se mudaron una vez que el balance de poder en Miami se decantó claramente del lado de la comunidad hispana.