¿A quién aplaudir?

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Cuando vas a una obra de teatro: ¿a quién se debe aplaudir: al dramaturgo o al interprete?

Cuando escuchamos la Novena de Beethoven, ¿aplaudimos a la sinfónica, al director, al creador de la sinfónica, al arquitecto que diseñó la sala, al alcalde en cuya gestión se construyó la sala de concierto, o a tus padres que te dieron la vida?

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José Ignacio Cabrujas se murió el mismo día de mi cumpleaños, pero 20 años después, es decir, el 21 de octubre de 1995.

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José Ignacio Cabrujas fue un destacado dramaturgo, director de teatro, actor, cronista, escritor de telenovelas, libretista de radionovelas, autor de guiones cinematográficos, moderador de programas de radio, humanista y diseñador de campañas políticas venezolano.

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José Ignacio Cabrujas escribió una obra de teatro cuyo título es: Profundo.

La obra fue estrenada el 27 de mayo de 1971.

Trata sobre una familia que vive en una vieja casa, en la que extraños fenómenos le hacen presagiar la presencia de un tesoro escondido.

El tesoro enterrado y el profundo hueco que hacen para encontrarlo cambia sus vidas, obsesionándolos por la fantasía de la riqueza fácil.

La obra es una sátira de la vida fácil que le brinda el petróleo a un país como Venezuela.

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El que escribe, su servidor, fue a ver la obra de Cabrujas cuando trabajaba en Caracas.

Ya saben, me gusta cómo pensaba Cabrujas por eso la fui a ver, además, considero que sus ensayos son buenos.

Por otro lado, había leído algunas obras de Cabrujas, como, El día que me quieras (1979) y Acto cultural (1976).

Las cuales, no son malas, pero tampoco son buenas.

Así que ahí me tuvieron, de espectador… expectante.

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La pieza se presentó en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, con las actuaciones de Luis Abreu, Tania Sarabia y Violeta Alemán, junto a Prakriti Maduro, Angélica Arteaga y Daniel Rodríguez, bajo la dirección de Héctor Manrique y la producción de Carolina Rincón.

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La obra fue bien presentada.

Su puesta de escena fue buena.

Y las actuaciones fueron excelentes.

Pero… la propuesta de Cabrujas no me gustó: se notó demasiado la intención del autor en la ficción.

La ficción debe ser opaca.

Las intenciones del autor no se deben notar.

Lo que importa es la acción, no las ideas.

En esa obra todo estaba mal (en relación a lo mencionado) pero todo lo demás estuvo bien, ¿qué pasó?

Al finalizar la obra, fui la única persona en la pequeña sala en penumbras que no se levantó de su asiento a aplaudir (como todos los demás hicieron, en vez, y justificadamente).

La imprudencia pudo haber pasado desapercibida, hasta que, en la segunda ronda de aplausos, encendieron las luces y la señora que tenía a mi lado, hacia la izquierda (posible familiar de alguno de los actores), me fulminó con la mirada.

Ya saben, ella de pie. Yo sentado.

Ella aplaudiendo duro, haciendo sonar sus palmadas con brío.

Yo, mirándome las uñas de los dedos de la mano. Indiferente.

«Señora» (pensé) «no es con los actores, es con el autor».

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¿A quién aplaudir?

O, ¿a quién NO aplaudir?

He ahí la cuestión.

@NANO_laguna