La ciudad y los röckstars

Introducción

Estoy leyendo por primera vez a Foucault.

El libro es Discurso y verdad en la antigua Grecia.

No es un “libro” como tal, ya que es una transcripción de unas ponencias que hizo el filósofo francés en Estados Unidos.

Lo cierto es que ayer confluyeron dos sucesos que inspiraron el texto de hoy sábado 21 de octubre, día de mi cumpleaños, el número 42 (#LaEdadDeElvis).

La ciudad y los röckstars

Muchas veces hemos escuchado las frases: “la ciudad la hacen sus ciudadanos” o, “al país lo hacen sus habitantes”.

Las frases son ciertas, pero, en el libro mencionado de Michel Foucault hay un pasaje que te hace pensar en la misma idea, pero con otro matiz.

Foucault está analizando La República de Platón, y expresa, como a dos entidades diferentes, a la ciudad (pólis) y a la “multitud” (plêthos), y entonces,“entendí” “comprendía” una manera distinta de pensar un concepto, que la ciudad es un organismo, y los ciudadanos, otro.

La ciudad (pólis) se comporta diferente para cada uno de sus ciudadanos, o multitud (plêthos), al igual, esa multitud (plêthos), se relaciona con la ciudad de distintas maneras.

La pólis es un organismo vivo.

Esquina de la Avenida Marathon con Av. Escuela Agrícola

Eso lo leía mientras viajaba en el Metro hacia el trabajo.

Iba en la Línea 5 del Metro de Santiago y me bajé en la Estación “Camino Agrícola”, porque ahí pasa a buscarme Don Manuel.

Pero ayer cuando revisé el teléfono celular para chequear la hora, vi una llamada perdida.

Era Don Manuel.

Le devolví la llamada y me avisó que tuvo que ir a comprar material para la carpintería, en donde trabajamos juntos.

Así que hice el recorrido hacia la carpintería a pie.

En la esquina de la Avenida Marathon con Av. Escuela Agrícola me sucedió una revelación.

El semáforo estaba en rojo, para los autos.

Delante de mí, estaba la señal en verde, para el peatón.

No había peatones, salvo su servidor, el pre-cumpleañero.

En la Av. Marathon, en ambos sentidos, había alrededor de 50 vehículos por lado.

Los 100 vehículos estaban detenidos.

Por mí.

Por la luz roja.

Por la ciudad.

Por mí.

Repito “por mí”, porque era la única persona que hacía uso del beneficio de la luz verde que me otorgaba la ciudad de Santiago.

Si estimamos el promedio de 1.5 personas por auto, había 150 personas detenidas por la ciudad de Santiago para que Fernando Chávez-Finol, arquitecto, de nacionalidad venezolana, de oficio carpintero, hiciera uso del espacio compartido para transitar por él.

Sigamos haciendo uso de las cifras.

El salario mínimo actual en Chile es de 270.000 $ pesos chilenos. Su servidor ingresa 15.000 pesos chilenos al día.

La jornada laboral diaria en Chile es de 9 horas, lo que hace que el valor de mi hora de trabajo sea de 1.666,67 $ pesos.

Y el minuto: 27,78 $.

Pongamos que tardé un minuto en recorrer la avenida, y el minuto que las 150 personas esperaron, a su vez, a que atravesara la avenida.

Sigamos haciendo uso de las cifras.

Hagamos un estimado del salario de esas personas, de las cuales se encontrarían profesionales, dueños de empresas (pocos), técnicos (muchos), y estudiantes (los hijos de los conductores).

Digamos que en promedio, el sueldo de uno de esas 150 personas sea el de dos sueldos mínimos y medio, es decir 2.5 (270.000 $) = 675.000 $ p/p.

675.000 (pesos chilenos) x 150 (personas) = 101.250.000 $ (ciento un millón doscientos cincuenta mil pesos chilenos)

Eso dividido entre 30 (los días del mes) y eso a su vez, entre 9 (las horas del día) y eso a su vez, entre 60 (los minutos de la hora) dan el monto de = 6.250 $ pesos chilenos.

6.260 $ esperaban a que 27,78 $ hiciera uso del espacio compartido.

Pero eso no lo es todo, me sentí como un Presidente, un Sultán, o una estrella de cine, o mejor aún, un Charly García, o un Mick Jagger, es decir, un Rock Star.

¡Gracias, ciudad de Santiago!

De verdad, sentí que esos más cien millones de pesos esperaban a que pasaran los escasos trescientos mil, delante de ellos.

De nuevo, gracias ciudad de Santiago.

Conclusión

Durante años, solo ha habido un pasajero esperando en la estación de Kami-Shirataki, en la isla de Hokkaido, Japón: una estudiante de secundaria en su camino a clase.

El tren para allí solo dos veces al día, para recogerla y para que vuelva a casa.

Suena como de película, pero según la agencia CCTV News es una decisión que el Grupo Japan Railways -el grupo que opera los ferrocarriles en Japón- tomó hace tres años.

En aquel momento, el servicio en Kami-Shirataki había bajado dramáticamente por su remota localización. Japan Railways estaba preparando el cierre -hasta que se enteraron de que seguía habiendo un usuario. Así que decidieron mantenerla abierta hasta que la joven se graduara. La compañía incluso ajustó el horario del tren al de la estudiante. Está previsto que la chica acabe sus estudios en marzo y entonces la estación se cerrará.

¿Acaso la vida no nos regala notias esperanzadoras como ésta?

¡Nos leemos el próximo sábado!