Como aguja en un pajar

Dicen que siempre hay una primera vez para todo en la vida y siento que cada vez que viajo a un nuevo lugar me quito esa virginidad de ser un desconocido en ese rincón del planeta, porque por más que pueda regresar mil veces más, la sensación de incertidumbre solo la sientes una vez.

Desde pequeño soñaba con viajar y conocer el mundo, mi padrastro me regalaba las revistas de NatGeo y muy interesante, en ella hablaban de lugares muy increíbles y personas maravillosas en estos lugares increíbles haciendo cosas asombrosas, en esos momentos solo podía pensar: ¡Yo quiero ser esa persona, en esos lugares!

Este soy yo, en mi intercambio en Ecuador en el 2015 | La Casa del Árbol — Baños, Ecuador

Y fue así como en el 2014 tomé mi primera oportunidad para salir de Panamá, 19 días en una práctica profesional en Costa Rica, específicamente en Puntarenas (y una rápida visita a San José) estuve trabajando en un Ferry donde conviví los ticos y pude vivir como un local, comer como un local y conocer sobre la vida como un local, fueron muchas primeras veces en la primera vez.

Sentirme como aguja en un pajar es la perfecta definición de ese sentimiento de miedo, emoción, felicidad, angustia y pasión con lo desconocido, cuando te bajas del avión, bus o tren y empiezas a escuchar otro acento, otro idioma, otro aroma y tu mente empieza a imaginar las infinitas historias que podrás contar al volver. Es que sentirse un desconocido tiene ventajas porque te da una hoja en blanco y tú decides que historias escribir, que parte de tu vida dibujar, te da un chance de añadir una pieza al rompecabezas de tu vida.

Yo miro la vida como cuando juegas scrabble, imagina que una sola partida es toda tu historia como ser humano en este planeta y que en ese juego estás buscando formar la palabra vida, pero para llegar a ese punto formas otras que son las que hacen valer la pena esa única partida: risas, amigos, familia, trabajo, viajes, decepciones, alegría, satisfación, logro.

Pero lo que más reciente que realicé fue que uno puede tener ese sentimiento de aguja en un pajar en cualquier momento, en cualquier lugar, desde cuando te presentan a alguien o hasta cuando empiezas un nuevo trabajo o proyecto, o si te mudaste a otro vecindario, cada una de esas experiencias ofrece diferentes niveles de sentirse un desconocido, pero yo defino como el nivel más alto estar a miles de kilometros de casa, con personas que jamás habías visto y que probablemente no volverás a ver después de ese viaje.

Es que vivir como un desconocido o buscando sentirse un desconocido es tan poderoso que desafía tus niveles de conocimiento y de desarrollo personal porque te lleva a retar áreas de tu vida que no creías, o en este momento, no crees capaz que es posible que sean mejores o que siquiera puedas ser bueno en eso; te da experiencias que enriquecen tus conversaciones y tus ideas, te abre puertas a ser una mejor persona y apreciar lo que tienes y ser consciente de lo que no tienes, y saber si es necesario o no.

Ser un desconocido requiere práctica y conciencia, tienes que tener un objetivo porque de tanta incertidumbre la frustración puede ser mucha que pueda que lo salga no sea tan positivo, y que incluso de eso también se llega aprender, ya también viví esa parte en carne propia.