Conciliación Digital

Fernando Plaza
Dec 28, 2014 · 4 min read

Desde siempre he sido muy observador, tal vez porque tuve dos hermanas expansivas que nunca dejaban de hablar, tal vez por ser algo tímido e introvertido… el caso es que siempre me ha resultado muy entretenido observar a gente desconocida en el Metro, en la calle mientras espero alguna cita o en un restaurante escrutando con disimulo los comensales de otras mesas.

Cuando apenas era un pre-adolescente ya me llamaban la atención las parejas que compartían mesa en una comida o paseaban una al lado de la otra sin intercambiar palabra… a veces el marido con el auricular de las antiguas radios `mono´ anclado a la oreja, escuchando el partido del fin de semana. Muchas eran parejas mayores que puede que ya se hubieran dicho todo lo que se tenían que decir tras muchos años de matrimonio… pero otras eran parejas adolescentes que podían compartir un banco en un parque sin decirse nada ni parecer disfrutar especialmente de ese silencio.

Era algo que me llamaba mucho la atención, tal vez porque mis padres, con casi 50 años de matrimonio a las espaldas siguen hablando el uno con el otro a todas horas -y especialmente cuando pasean juntos- como si no existiera el mañana.

Esa ausencia de comunicación me resultaba inquietante, ya sé que por ahí flotan muy buenas citas que nos hablan de un amor que no se incomoda con los silencios prolongados y no requiere de conversaciones forzadas… pero `¡no hablar nada!´, no podía evitar que me resultara extraño.

Por supuesto no es el único patrón de comportamiento que ha llamado mi atención después de décadas de observador amateur, hay muchísimas más cosas: los maridos que andan medio metro por delante de sus mujeres, jóvenes en cenas familiares con los cascos puestos, abuelos caducos que portan las pesadas mochilas de sus sobrinos al recogerles del colegio, los niños que se avegüenzan de sus criadoras y andan al lado de ellas como si no las conocieran, hombres especialmente guapos casados con mujeres muy poco agraciadas… hay un montón de cosas que llaman mi atención, por ser excepcionales pero repetirse con la suficiente frecuencia para convertirse en un guiño de esos que da la vida y que le alegran el día a alguien como yo.

Pero lo de las `parejas que no intercambian palabra´ se diferencia de todas ellas porque con el paso de los años ha pasado de ser algo excepcional a ser algo bastante habitual. Ya no es una rareza, cualquier fin de semana en un VIPS puedo levantar la vista de mi desayuno americano durante apenas unos segundos y detectar con facilidad a varias parejas enmudecidas, contemplando sus respectivos móviles: leyendo, sonriendo, asombrándose por cosas que pasan a kilómetros de esa mesa y de su actual compañía. No son sólo parejas, son familias, compañeros de trabajo, grupos de amigos que comparten espacio pero cada uno centrado en su realidad digital.

Podría definirlo como una `plaga´ o una `epidemia´ pero eso sería otorgarle ya connotaciones negativas y he decido hacer un esfuerzo y observar este fenómeno con una mentalidad más abierta. Quiero llegar a entender qué es lo que está pasando antes de hacer juicios de valor, entre otras muchas razones porque es algo que ha `infectado´ mis círculos más próximos y ya no es algo que sólo le pasa a otros…

Mis sobrinos sin ir más lejos viven pegados a sus iPad y les tengo que prohibir que utilicen sus teléfonos en la mesa si es que quiero poder intercambiar con ellos alguna palabra cuando me los llevo a desayunar los fines de semana. Con uno de ellos -el mayor de 15 años- solemos ir juntos al gimnasio en coche, lo habitual es ir escuchando su emisora de radio favorita y hablando de cosas de poca trascendencia durante los 30 minutos del trayecto… pero el último día el camino de vuelta lo pasó pegado al WhatsApp por completo sin dirigirme la palabra. Son mis sobrinos, mis hermanas, es incluso mi madre con más de 70 años que en la comida navideña no dudo en dedicar 10 minutos de su atención a compartir en plena mesa el video familiar recién grabado por ella con sus grupos en el móvil.

Algo está cambiando o ha cambiado ya, ¿debemos abrazar simplemente el cambio y dejarnos llevar? O por el contrario tenemos que hacer un esfuerzo por mantener todo este fenómeno a raya, protegiendo con celo determinadas parcelas de nuestra vida persiguiendo alcanzar lo que yo vengo a llamar Conciliación Digital.

Todavía no lo sé. Este parece un buen sitio para reflexionar sobre ello y tomar una decisión al respecto.

    Fernando Plaza

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