Fernando Plaza
Jan 8, 2015 · 3 min read

La imagen que encabeza esta entrada es un pequeño collage de distintas formas en las que los conductores deciden pegar la pegatina de la ITV en sus parabrisas.

Tenemos al ordenado que cada año retira la pegatina anterior y coloca en su lugar la pegatina vigente, tenemos al coleccionista que exhibe todas y cada una de las inspecciones satisfactorias como si de trofeos se tratara y por último tenemos al creativo que debe ser que lanza la pegatina y allá donde caiga bien puesta está.

Como yo me encuentro dentro del primer grupo tiendo a referirme a las otras opciones con un cierto retintín: en mi cabeza no entra conducir con un parabrisas repleto de pegatinas viejas y de distintos tamaños… menos aun disponerlas sin ningún tipo de equilibrio estético.

Pero eso es problema mío (o como diría mi tío político Felo “eso es problema sexual de Usted”)la gente simplemente es diferente.

De la misma manera en mi vida digital intento mantener un orden, un equilibrio que me permite sentirme cómodo. En el móvil por ejemplo me gusta agrupar las aplicaciones por funcionalidades, dejando fuera las que utilizo con frecuencia — o no consigo clasificar — y en la barra inferior las más importantes; hago frecuentes revisiones y me desinstalo sin piedad aquellas que ya no uso porque no me gusta tener más de una pantalla de apps, aunque tengo una segunda para poder ver en cuando me apetece la foto del fondo (para ello en la segunda pantalla dejo un grupo de aplicaciones bajo el nombre de “No uso”). Rayando lo maniático suelo colocar las aplicaciones de colores similares juntas, para que todo sea más armónico.

El móvil de mi hermana es completamente diferente, siempre hay globos de advertencia en rojo con los que yo no podría convivir, muchas pantallas de aplicaciones la mayoría ya sin utilidad y otras muchas cosas que a mi me pondrían muy nervioso.

La organización del móvil de ella no es ni mejor ni peor que la mía, simplemente es diferente… y no podría ser de otra manera porque ella y yo también lo somos.

Si hablamos de Conciliación Digital creo que tenemos que tener muy presente esto, hay que respetar las peculiaridades de cada uno y no recurrir a postulados magnánimos al estilo: no mirés el correo hasta las 10 de la mañana, no dejes que tus hijos usen el iPad hasta la hora de comer, archiva todos tus correos y no dejes 320 en la bandeja de entrada…

El objetivo es que cada uno alcance la Conciliación Digital a su manera, habrá cosas que a mi me causen mucha intranquilidad como escuchar el sonidito del Whatsapp a cada momento… y que a otra persona — y a las que le rodean — les de exáctamente lo mismo. Otras cosas descubriremos que les inquietan a una gran mayoría, causando desequilibrio en sus vidas y en sus relaciones con los demás… esas serán las más importantes y la razón de esta serie de artículos, más aun si juntos conseguimos encontrar recetas para sobrellevarlas mucho mejor.

    Fernando Plaza

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