Eternidad

La mente de Michael era como una enorme mansión. Techos altos y decorados, paredes empapeladas y un sócalo de madera que llegaba hasta el metro de altura. La alfombra roja oscura y los tonos madera hacían que el lugar pareciera aún más intrigante, y sin duda acogedor. Los pasillos eran tan largos que no se podía ver donde terminaban, y la cantidad de puertas a ambos lados de ellos era intimidante.
 Cada habitación albergaba un recuerdo, un hecho, una acción, un día en la vida de Michael. Y a la vez, cada cuarto tenía también pasillos con puertas y más recovecos.
 Era todo una cuestión de tiempo. Tiempo y decisiones. Abrir las puertas equivocadas podían causar que la estadía en ese lugar sea literalmente eterna.

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