El Diario de Agustín

Viólame a escondidas

Te recuerdo en ojos verdes y otros negros, en recortes de revistas, en fotos echa tira, en lágrimas melosas, en cuanta huevada posible, de esas que revientan la memoria, la mente y las neuronas.

Me recuerdo yo más gordo, más trufan y más celoso, cantando baladas y boleros, junto… mejor borro, mejor no escribo, porque las palabras a veces son como vidrios rotos que cuando se tocan te rasgan la piel, te sacan sangre y eso.

Ahora es para verso y para recuerdos en prosa, ya no importa, porque no son tus ojos los que me provocan, sino que el vodka con agua tónica llamada vodka tónica, tan refrescante y deliciosa, como tu mirada de miel achinadita, aquella que se derrite en mi boca con tu saliva tan prohibida como gustosa.

Es medianoche, hace frío y hace hambre, pero en mi cama nos comemos como antes. Te vas temprano a escondidas de mi abuela, que en casi dos años ni siquiera sabe la vieja, que a mi pieza entras cada vez que salta la liebre, a violarme como siempre.

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