El Diario de Agustín

Jengibre demoníaco

Me gustaría escribir y tener ganas de publicar aquellas cosas que antes escribía y publicaba. ¿Qué pasó?

Perder un poco la cabeza hace que uno haga cosas descabelladas o impropias, como exponer lo que uno siente.

Es raro que la tristeza o la euforia inspiren buenas experiencias de redacción, como aquellos que escriben poemas o canciones.

Si ahora tuviese que escribir algo, tal vez sea algo parecido a esto:

Pararse y dejar de escribir, escucharla y danzar con los ojos cerrados.

Y eso hago, cierro los ojos e imagino un barquillo con helado de naranja con jengibre o uno de limón con menta, o mejor, ¡los dos!

Cierro los ojos mientras bailo e imagino sonrisas, de gente que estaba triste que se limpia las lágrimas. Imagino a un niño corriendo, sacarse la chucha en el parque, pararse altiro, limpiarse las manos con tierra y volver a correr.

Escucho e imagino a unos abuelos jugando en un columpio. ¡Sí!, un columpio. Jugando como cuando eran jóvenes. ¿No encuentran eso hermoso? Si hay algo que nunca espero dejar de hacer es jugar, caminar como un niño al que la cotidianidad no ha dañado.

Si hay algo que anhelo en este fugaz viaje por el planeta, es nunca dejar de reír y de sorprenderme, de mi y del Cosmos.

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