Rulitos mágicos

Cuentos de Ciudad

En el día, todo avanza girando como un pequeño remolino de papel brillante amarillo, corriendo circularmente con el viento tibio que aparece y desaparece en la Quinta Normal.

En la noche, en Ñuñoa, tus rubios risos brillantes inundan mis ojos cada vez que nos amamos. En mis manos, tu pelo se enreda en el pasado, me confunden el presente y me condenan el futuro.

En Providencia, al borde del río en la tarde anaranjada, las hojas de otros otoños y los pétalos de flores florecidas ya se esparcen en el verde campo fúnebre de tu tierna risa y de tu sufrido llanto.

Y en la noche, en la Alameda desierta, las suaves melodías de melódicas y xilófonos ya quedan vacías de su dramática ebullición constante y cortante de nuestros recuerdos.

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