Recomiendo que me lea esto:

Yves

Un cuento para niños.
Parte 2

Mientras Yves estaba sacando un jarrón del baúl, alguien tocó con fuerza la ventana donde estaba Vaitzia, la que dio un gran brinco por el susto. Como la ventana estaba húmeda, no se lograba ver quién había tocado. El fauno se acercó, limpió con sus manos peludas el vidrio y vio un pequeño hombre pájaro completamente empapado.

-¿Señor Yves? -gritó desde afuera el hombrecito con alas.

Yves abrió la ventana hacia arriba e invitó a entrar a la visita. En ese mismo momento sonó la campanilla del reloj. Eran las ocho de la noche en punto.

-¿Quién es usted? -dijo Yves con curiosidad.

-Soy Isnard -al que hizo pasar de prisa.

-¿Quiere una taza de chocolate? Le debo unas a estos entrañables amigos -dijo el fauno señalando con su mano a Comenius, Vaitzia y Cionella… e intentó encontrar con la mirada a la cerda Orezza, pero no estaba en ningún parte.

-Estaría muy agradecido, y más si pudiera pasarme algo para secar estas viejas y cada día más ruinosas plumas -respondió tosiendo Isnard.

Yves comenzó a buscar un pañito, pero su natural y acostumbrada torpeza lo hizo tropezar con el perro que seguía echado en la alfombra, con más interés en mirar el péndulo del reloj de madera colgado en la pared, que en el raro hombrecito que estaba sobre la mesa empapando todo a su alrededor.

Finalmente Yves encontró un paño en el último cajón de un robusto mueble negro con rosas pintadas a mano -herencia de su noble bisabuelo- que estaba al lado de un cómodo y esponjoso sillón de madera marrón, cubierto con un chal de lana de varios colores.

-Espero que esto le sirva -le dijo Yves mientras miraba con una disimulada sonrisita el charquito que se formó alrededor de las patas del hombre pájaro que no dejaba de aletear para escurrir el agua que aún tenía.

-Distinguido señor Isnard, ¿qué lo trae a mi casa? ¿La carta era suya? -preguntó el fauno con solemnidad.

-Sí, sí. No quería llegar de imprevisto -respondió Isnard que ya había dejado de batir sus alas.

-Supongo que debe ser algo muy, pero muy importante. Pero antes lo prometido. ¡El chocolate!

-¡Por supuesto! El vuelo en pleno vendaval me dejó exhausto. Usted sabe, a mi edad uno no está para estas aventuras de jóvenes.

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