Ser comprensivo: virtud necesaria para ser feliz y ayudar a los demás.


La vida, de una u otra manera, es compleja. Nacer, crecer, estudiar, aprender un talento, oficio o profesión y luego ir con la mayor energía posible a competir en un mundo que poco tiene de comprensivo es cuando menos un desafío. Estamos tan absortos en estudiar y en estar “haciendo algo de provecho” que terminamos por encerrarnos en nosotros, sin suplir nuestras necesidades afectivas básicas, ni las de los demás. Ni hablar de quienes nacen en la pobreza extrema y tienen tan pocas oportunidades y posibilidades.

Una prioridad básica en todo ser humano es sentirse apreciado por quienes le rodean, sentirse amado, sentirse comprendido. Cuando esto no sucede la depresión, la soledad y el desánimo invade la vida de cada persona. Toda persona debe tener autosuficiencia espiritual para vencer sus desafíos y problemas, sin embargo, esto no nos excusa de brindar apoyo, comprensión y consuelo a los demás. En ocasiones todos necesitamos una palmada que nos haga sentir: sigue adelante, no estás solo.

Hace poco hablaba con una buena amiga de hace muchos años; me comentaba algunos desafíos que está atravesando; lo curioso aquí es que sus desafíos excedían mi experiencia como para creer que podría decirle algo que le ayudase a ser valiente y sentirse mejor. Luego de escucharle pensé: ¿Qué puedo decirle? ¿lo que le diga será lo adecuado? Podría haberle dicho: sabes, no se que decir la verdad, no se me ocurre nada.” Eso habría sido bastante fácil, Pero haberlo hecho habría sido semejante a lo sucedido en lo descrito en el Libro de Santiago que dice: Santiago 2:15–16.


“Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del sustento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, abrigaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿de qué aprovechará?”

Santiago 2:15–16.


¿Saber todas las cosas o sentir el dolor de los demás?

El punto central de todo este asunto es que, cuando alguien nos busca para que lo escuchemos, acciones como menospreciar, minimizar o burlarse de lo que sienten es igual a hacerlos sentir más desconsolados. La comprensión no tiene que ver “con saber todas las cosas y saber lo que siente el otro literalmente”, tiene que ver con escuchar a los demás. ¿Queremos comprender mejor a alguien? Escuchemoslos.


“Si en el transcurso del día ánimas o das apoyo a quien necesita consuelo, a una sola persona, aunque no sea más que una, puedes tener la seguridad que has hecho tu parte, y que la has hecho bien.”

A pesar de que el problema que me comentaba mi buena amiga supera mi experiencia, pude darle buenos ánimos al decirle que para vencer lo que no ha podido vencer, tiene que hacer algo nuevo, algo que no haya considerado antes y si lo hace con un corazón puro y sincero Dios le dará la victoria.

En ocasiones nosotros necesitamos o necesitaremos que se nos escuche, multitud de razones pueden haber. Asegurémonos de hablar con quienes nos escuchen sinceramente, y para estar seguro que así será comencemos nosotros por ser la clase de persona por quienes nos gustaría ser oídos. Que nos oigan con el corazón es similar a que nos amen.

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